Myam James 2 Myam James 2

Álbumes

Kettel KettelMyam James 2

8.6 / 10

Kettel  Myam James 2 SENDING ORBS

Cuando hace un año comentamos en estas mismas pantallas Myam James Part 1, dijimos de Kettel (y ésta es una observación que también puede aplicarse al sello en el que cuelga el sombrero, Sending Orbs) que es uno de los pocos tipos que ahora mismo son capaces de tirar del carro de la IDM, ese estilo que está gobernado desde hace demasiado tiempo por holgazanes, replicantes y vendedores de humo. Por gente que se refugia en la nostalgia y la endogamia, que vive de repetir hasta la saciedad unos patrones estéticos y sonoros que se quedaron obsoletos hace más de un lustro, mientras ignora que el mundo sigue girando a su alrededor. Es, salvando las distancias, lo mismo que sucede con todos esos mods que se empeñan en grabar discos con medios técnicos idénticos (y canciones idénticas, ya puestos) a los que usaban sus héroes hace cuarenta años: un intento quijotesco por vivir en sus propias carnes una época que han idealizado hasta la insania. Y es que, igual que no tiene sentido enfrentarse a un clon perfecto de Dion and The Belmonts a estas alturas, tampoco dice mucho de un artista que siga fusilando los ritmos de Chiastic Slide (Autechre) o las melodías de Not For Threes (Plaid). Por eso es tan importante que existan personajes como el holandés Kettel (también conocido como Reimer Eising), que en este contexto, y por rematar el paralelismo con el universo mod, realiza una labor similar a la de Jamie Lidell: introduce detalles de futuro en el corazón mismo de un lenguaje gobernado por la tradición. No renuncia a sus fuentes, pero siempre añade algo propio o reinterpreta algún componente clásico a su manera.

Y si en “Myam James Part 1” (Sending Orbs, 2008) el elemento diferenciador era la TB-303, ese viejo y reconocible sintetizador que en manos de Kettel daba a todo el disco un extravagante aire ácido (extravagante por inusualmente cálido), en esta segunda parte el productor cede el protagonismo a instrumentos mucho más tradicionales: varios modelos de piano, entre los que se incluyen versiones tan anticuadas como el clavecín o el clavicordio. Esto significa que en “ Myam James 2”, aparte de ritmos electro a medio gas, colchones de espuma sintética y ecos de gamelan, el ideal neoclásico tiene un peso importante. Tan importante, en realidad, que no es descabellado calificar este disco como el más romántico de Kettel. Romántico porque desprende un halo de nostalgia algo acaramelada, porque es bonito y feliz, el tipo de disco que uno le regalaría a su novia para introducirla en el mundillo de la IDM. Pero sobre todo romántico porque muchos de los arreglos y de las melodías utilizan triadas y construcciones cromáticas que parecen robadas a Listz o Schumann, una sensación que se acentúa cada vez que entran en escena los clavicordios y los ocasionales arreglos de cuerda. No quiere decir esto que Kettel se haya olvidado de sus raíces: todavía es posible encontrar temas en los que todo es digital (como “Nicola”, que es puritito Plaid), y en realidad es poco usual que los pianos aparezcan en solitario ( “You Understand This Night?”, “Hymnuh”); antes bien, suelen estar flanqueados por ritmos cubistas, por colchones sintéticos que arropan con mimo y delicadeza las incontables volutas melódicas que atraviesan todo el disco. Podría decirse, en fin, que Kettel está intentando realizar música de cámara con actitud digital (porque IDM de cámara suena un poco a risa, y no es el caso), y que en esa búsqueda ha conseguido abrir, una vez más, un camino poco explorado que conduce hasta un disco soberbio.

Vidal Romero

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