My So-Called Life My So-Called Life

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Venetian Snares Venetian SnaresMy So-Called Life

6 / 10

Venetian Snares   My So-Called Life TIMESIG-PLANET MU

Venetian Snares es el rey de la mugre. Mugre de la rica, de la que se saborea besándose con los bafles de una rave o con los altavoces de clubes tiñosos, oscuros y abarrotados. Venetian Snares es obsceno, es dadaísta, es surrealista, es ultra rápido, es el amo del breakcore, de los temas que sólo se pueden reproducir con onomatopeyas –zig-zag-pom-pom-fssss-boom-boom-rrrrrattt– mientras se pisotea el suelo y se cierran los ojos muy fuerte tratando de asimilar la metralleta de amor hermoso hardcore que se viene encima. Venetian Snares hace temas que dan fuerzas para andar por la calle y llegar a la meta mugrienta del día a día; temas que hacen mirar a los ojos de los que te cruzas con rabia y provocan sensaciones homicidas, pero que pueden terminar en un abrazo anfetaminado de amor por la humanidad. Mugre de la buena. “My So-Called Life” no es su mejor disco, sin embargo. Se puede decir que tiene dos partes bastante diferenciadas. Una es mejor que la otra y también una es más cochina que la otra. La primera se abre con “Posers And Camera Phones” –muy conocida por los windowlickers de Venetian Snares: la lleva tocando en los directos desde hace tiempo– y se extiende durante seis temas durísimos y bastante obvios ( “Cadaverous”, “Who Wants Cake” y “Ultraviolent Junglist” se llevan la palma): jungle, happy hardcore, gabba, breaks rotísimos, estribillos que rezan leit motivs sutiles como “I fucking hate you”, “I come to every club with an intention to do harm”, “We suspect she may be retarded” o “Aaron's heart was full of hatred”. En un momento de éxtasis clubero/ravero estas declaraciones de odio, asco y violencia pueden saber más ricas que el hidromiel. Conduciendo un coche en un día de furia, pueden dar sentido a pensamientos sobre contribuir activamente a un mundo peor. En un día normal, cotidiano y anodino, producen risa. Son inofensivos y están muy manoseados. Venetian Snares ya ha hecho esto cuatrocientas veces antes y mil veces mejor y más tóxico. La segunda parte es más fina. Cuatro temas melancólicos, espaciales y melódicos, donde suenan arpas y violines sombríos. Épico, bonito, eufórico y triunfal, sobre todo el último tema, “My So-Called Life”, que tiene pinta de haber sido compuesto durante eones de tiempo por su complejidad y que, según desmonta Venetian Snares, lo hizo en un par de días, como el resto. También dice que le gustaría que este álbum se entendiera como “el más inmediato de mis discos. En una comparación literaria, no sería una novela, sino como una colección de relatos cortos. Mejor: entradas de un diario”. Malas noticias: este argumento es endeble y pueril y el resultado es una colección de canciones inconsistentes, aburridas y auto paródicas. Buenas noticias: los cuatro últimos temas consiguen que se termine la escucha con cierta euforia y el autor sigue siendo un jefazo, a pesar de tan tristemente efímero disco. Pero bueno, ya se sabe: shit happens.

Marta Hurtado de Mendoza

Venetian Snares - My So-Called Life

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