My Beautiful Dark Twisted Fantasy My Beautiful Dark Twisted Fantasy

Álbumes

Kanye West Kanye WestMy Beautiful Dark Twisted Fantasy

9.5 / 10

Kanye West My Beautiful Dark Twisted Fantasy DEF JAM RECORDS

Kanye West definió “Love Lockdown”, primer single de “808s & Heartbreak” y muestra muy representativa del contenido de ese disco, como “72 líneas de jodido dolor”, fiel retrato de lo que significó para el artista un ejercicio de terapia y exorcismo a todos los niveles que muchos no quisieron entender. Aunque la evolución reciente del hip hop ha acabado dando sobradamente la razón a ese álbum, fascinante salto al vacío expresivo y emocional de su autor en plena depresión –y tan sólo hace falta echar un vistazo a los discursos de Drake, Kid Cudi, Theophilus London, The-Dream, B.o.B. o incluso Jay-Z para corroborarlo y dar fe de ello–, era inviable su prolongación. Fue ése un álbum puntual, fruto de una situación personal muy concreta y a la que no hubiera tenido sentido darle continuidad. Todos lo sabíamos, el primero su propio creador.

Superados los traumas, reconciliado consigo mismo y con la vida, extramotivado nuevamente en su estudio de Hawai, más activo y positivo que nunca, ‘Ye ha invertido todo este año para dar vida al disco que tenía que devolverle al territorio del hip hop en un momento en que el género ya se le había quedado demasiado pequeño y estrecho. La situación no parecía fácil: compaginar un estatus de entertainer, showman y autor total con una clara idea de reconciliación con el público, el masivo pero también el hip hop, y con una intención manifiesta y explícita de recuperar el crédito entre la comunidad suponía una pirueta creativa sólo al alcance de un loco o un genio. Cómo ordenar y acondicionar un camarote de los hermanos Marx en que se juntan Elton John, RZA, Rihanna, Fergie, Kid Cudi, Nicki Minaj, Raekwon, Bon Iver, Jay-Z, John Legend, Rick Ross o Gil Scott-Heron sin que el habitáculo se incendie o sea desalojado a las primeras de cambio parece un milagro.

Director de orquesta poseído, científico loco incapaz de domar o controlar sus impulsos, West organiza en “My Beautiful Dark Twisted Fantasy” su particular parque temático musical en el que se potencian nuevas vías y posibilidades para el hip hop al tiempo que se reviste de nuevos sonidos y horizontes el lenguaje pop. La idea del productor y rapper en cierto modo es nueva y poderosa: ponerle cara, por fin, al hip hop de grandes estadios, a base de canciones que él mismo define como “carne de festival”, a partir de una ecuación sonora que nace, he aquí la genialidad y la aparente contrariedad de todo esto, de preceptos muy apegados al hip hop clásico, a la estética y la manera de actuar del rap neoyorquino de los 90, pero con un diseño y una personalidad que da pleno sentido a la idea de contemporaneidad. A día de hoy, no hay música más actual, vigente y contemporánea que la de Kanye West, pero muchos de sus mecanismos beben de la ortodoxia y del clasicismo: aluvión de samples, beats con sabor analógico o sumisión absoluta a la rima, incluso si es necesario ocupar siete minutos en una canción para satisfacer esa filia.

Hace unos meses, antes de que se empezaran a filtrar las canciones del álbum, DJ Premier ya avanzaba que el regreso de ‘Ye mantenía fuertes conexiones con el boom bap y que el sonido era más hip hop de lo que todos podíamos esperar. Y a medida que empezamos a tener noticias mediante las dosis semanales de los G.O.O.D. Fridays vislumbramos en qué consistía el proyecto del productor. ¿Boom bap? ¿Cómo? Analicemos bien el contenido. No le habíamos escuchado beats tan poderosos, agresivos y contundentes a nuestro protagonista desde los tiempos de “The College Dropout”; incluso el momento ‘emo’ del recorrido, ese “Runaway” que ejerce de confesionario sentimental de apabullante lucidez lírica, viene provisto de un ritmo de resonancias noventeras. “Dark Fantasy”, soberbio tema de apertura, está coproducido por RZA y retoma ese sabor a refrito de vinilo y a samples tenebrosos de la mejor cosecha de Wu-Tang Clan. No suena a remedo o reivindicación revivalista del grupo, no se conforma con reactivar la llama nostálgica, sino que se presenta como algo nuevo, épico, de ambiciones inagotables, mezclando coros y un piano AOR con rimas trepidantes, arreglos ajustados y un beat al trote.

La sensación de estar presenciando el renacer, la reformulación y la modernización más abrumadora que ha vivido el género en estos dos últimos años encuentra un exponente idóneo en “Power”, que incide en esta línea antes comentada. ¿Coros casi tribales, sample de King Crimson, solos de guitarra de fondo, pianos blues, sintetizadores a mitad de camino, arreglos de cuerda in crescendo y una letra pletórica, con frase para el Hall Of Fame de los rappers contemporáneos, esa portentosa “Lost in translation with a whole fuckin’ nation / They say I was the obamanation of Obama’s nation”? ¿Y todo en la misma canción? Un chute de energía, rabia y emoción con igual pegada y recorrido en el mainstream que en las calles. Y que me quiten sangre ahora mismo si “Devil In A New Dress”, producida por el gran Bink, no parece un guiño declarado, abierto y sincero a los tiempos de “The Blueprint”, cuando el soulful-rap patentado por el propio West y Just Blaze llegaba a nuestras vidas para salvar al género de su crisis más galopante. Y el beat de “Hell Of A Lie”, a pesar de que forma parte de uno de los momentos endebles y convencionales del lote, tampoco es moco de pavo. Es como llevar el rap clásico neoyorquino de los 90 a Las Vegas o a Hollywood y extraer lo mejor de ambos mundos en un mismo y unitario discurso.

Claro que todo esto parece peccata minuta comparado con “All The Lights”. Sonido de trompetas, iniciación a la batalla, ecos de grandeza casi wagneriana. Preparen las armas. Al abordaje: un beat que rebota como una pelota de basket, redobles, un estribillo demencialmente pegadizo, un piano incansable, arreglos barrocos, el beat suspendido y Kanye escupiendo un relato de vida rápida, éxito, adicción a los focos y las luces de todo tipo, parones, Kid Cudi, Fergie y Rihanna en los coros y Alicia Keys y Elton John rematando la faena en el tramo final. Y todos ellos sin acreditar, para qué. Sólo a un zumbado muy seguro de sí mismo le puede salir tan bien la jugada. El problema, más bien la virtud, es que esta acumulación de voces, ideas, sonidos, viagrazos, fogonazos e impulsos no se limita a un esporádico momento de subidón o clímax. Es la columna vertebral del disco, integrada por “All The Lights”, “Monster”, con un beat que es pura intimidación y una estrofa de Nicki Minaj para la historia, y “So Appalled”, la mejor canción que servidor ha escuchado este año, guiada por las rimas más inspiradas, brillantes y apabullantes de Jay-Z en mucho tiempo. Sus frases son un auténtico monumento: “Dark Knight feeling, die or be a hero / or live long enough to see yourself become a villain / I went from the favorite to the most hated / or would you rather be underpaid or overrated? / Moral victories is for minor league coaches / and ‘Ye already told you “We Major” you cockroaches”. Que alguien me encuentre mejores rimas en este 2010, por favor.

Completa el elenco de instantes protagonistas la maravillosa “Blame Game”, junto a John Legend, otro capítulo dorado de este recorrido. Primero: si ésta no es una de las canciones de desamor más lúcidas y certeras que nos ha regalado la música popular este año, que baje Dios y lo vea. Es un prodigio de honestidad, realismo y vigor poético. Segundo: ¿cómo es posible salir bien parado de una idea que propone samplear a Aphex Twin entre proclamas de spoken word, el sonido de un violín dramático, un speech de Chris Rock, un beat poderoso y compacto y voces distorsionadas? No hay palabras para describirlo, es la constatación en vivo y en directo de un genio reactivado y absolutamente desatado, febril, explosivo, imparable. Y tercero: este portento vale por todo el álbum entero que grabó John Legend junto a The Roots, o cómo invocar esa esencia del soul-funk combativo de los 70 sin dejar de lado el compromiso con la actualidad. Hands down.

Un cuarteto de monstruos, entre cinco y seis minutos de media, en los que incluso a Kanye no parece importarle verse sobrepasado de manera clara por Minaj o Jigga. En realidad, su bagaje lírico es especialmente poderoso y convincente en este disco. Es cierto que en muchos momentos tenemos la sensación de estar ante un ejercicio vengativo y rencoroso con los haters y los críticos –fanático, eso sí, del estribillo de “Runaway”, inmejorable declaración de intenciones: “Let's have a toast for the douchebags / Let's have a toast for the assholes / Let's have a toast for the scumbags / Every one of them that I know / Let's have a toast to the jerkoffs / That'll never take work off”–, pero esos aires de revancha conviven también con sorprendentes estallidos de autocrítica, reflexión y confesión íntima que sólo están a la altura de los grandes MCs del firmamento. Es en este equilibrio, en el cúmulo de matices y arrebatos de sinceridad integrados en un mosaico de contraataque tras un disco de dolor y una concatenación de sucesos y problemas de carácter público, donde la aportación lírica de ‘Ye brilla con una luz especial, íntima, épica, rabiosa, ilusionada e inspiradora a partes iguales.

“My Beautiful Dark Twisted Fantasy” no viene para cambiar al hip hop, viene para modernizarlo, excitarlo, motivarlo y retarlo. En pleno debate sobre el estado de salud del género, un arrebato de furia creativa de este calibre, contenedor sin fondo de ideas y ambiciones, aparece como un punto de inflexión en la manera de integrar toda una tradición y un legado en un contexto de rabiosa contemporaneidad y de implacable voracidad pop. Inagotable, monumental, barroco, he aquí un disco que incrementa su grandeza, rotundidad y valía en cada nueva escucha, como si su plan de conquista no se conformara con dominar este mes o este año. Aquí se busca la longevidad total. Aquí se busca que cuando en el futuro alguien pregunte a qué sonaba el siglo XXI la respuesta sea unánime: el siglo XXI sonaba a Kanye West.

David BrocKanye West - Dark Fantasy

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