Music For Keyboards vol. 2. ‘What'smyageagain’ Variations Music For Keyboards vol. 2. ‘What'smyageagain’ Variations

Álbumes

D'eon

7.7 / 10

A los productores de hip hop habría que agradecerles saber encontrar diez o veinte segundos brillantes de un montón de canciones aburridas y utilizarlos para construir temas de calidad a veces superior. Se requiere para ello mucha paciencia y horas de escucha infructuosas: no es la primera vez que acudimos al tema original, el que ha sido sampleado, y nos llevamos un chasco hasta que llega ese fragmento memorable. Pero quizás el más difícil todavía de la recontextualización corra a cargo de los hipnagógicos, que de un tema de pop comercial que puede llegar a ser espantoso son capaces de extraer música mínimamente interesante, eso sí, en este caso sin samplear. Situándose en estas premisas en cuanto a concepto, pero sin tener nada que ver con Ferraro, Pink y demás en cuanto a sonido, Chris d’Eon llega con su segunda entrega de “Music For Keyboards”. Este “What’smyageagain” que apostilla el título es uno de los temas de Blink-182, aquellos mozalbetes white trash que en su día le copiaron el estilo a Green Day.

Pues bien, a esta canción de punk pop d’Eon le aplica el método compositivo clásico de la variación, en el que un tema musical se imita en varios subtemas, manteniendo el mismo patrón armónico, pero variando el tempo y la melodía. No es ni mucho menos una idea extravagante, teniendo en cuenta que el quebequés es músico de formación clásica. Obtenemos con ello –o a pesar de ello– un precioso álbum de instrumentales exclusivamente de piano y sintetizadores que llega al nivel de su predecesor. En este caso, las predilecciones de cada oyente dependerán de su sesgo musical: si les va algo más el ambient con algunos barnices rítmicos, sin duda el primero; si, por el contrario, son más clasicones y les place más el minimalismo y la música más acústica que electrónica, se pueden decantar por éste.

Es muy puñetero que para encontrarle más sentido al álbum tengamos que sufrir un terrible rito de paso: escuchar la maldita canción. Tanto en “Variation II” como en “Variation V” se puede reconocer armónicamente la entradilla del tema –arpegios a guitarra pelada, típico en el hardcore melódico– transformándola, en el primer caso, en una composición minimalista de piano estilo Steve Reich, y en el segundo, en una pieza casi surrealista que gustará a los fans de Erik Satie, aun cuando tiene pinceladas de sintetizador además de piano. “Variation III” suena a pura desoulación, construyendo un ambiente similar al del James Blake más autista/intimista. Otros temas parecen buscar la idea de espacio que tienen las composiciones de jazz, sobre todo las basadas en el piano: escuchen “Variation XII”. Y no falta algún ligero toque oriental, como en “Variation IX”, cuyas improvisaciones atmosféricas recuerdan a los discos de ambient de los 70s y 80s de Haruomi Hosono. No en vano, la estancia de d’Eon en un monasterio de clausura en el Tíbet ha dejado sus huellas. Aunque más que los leves matices melódicos, quizás la sensación de desnudez, de llevar bien pocas cosas en la mochila, de haberse desprendido de lo superfluo y poder emprender su trayectoria musical con los pies bien ligeros, es lo genuinamente budista de este álbum.

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