Music For Falling From Trees Music For Falling From Trees

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Peter Broderick Peter BroderickMusic For Falling From Trees

9 / 10

Peter Broderick  Music For Falling From Trees ERASED TAPES

Si alguien se decide a escuchar todos los discos de Peter Broderick en el orden en que se han ido publicando, uno detrás de otro, lo primero que le puede sorprender es la variedad de registros que este norteamericano, berlinés de adopción, es capaz de desplegar. Parece que para él cada disco es un campo de juegos distinto, con sus reglas y sus condiciones particulares, con su propio punto de partida y sus objetivos bien definidos, y en esa lógica residen tanto la elección de la instrumentación como el tono definitivo que adquirirán las canciones. ¿Cuál sería, entonces, el posible “estilo Peter Broderick”? Pues habría que acudir a detalles secundarios: a ciertas progresiones de acordes, a la manera que tiene de repartir los silencios cuando se sienta al piano (su técnica es claramente impresionista, pero con ciertos toques minimalistas, como si Harold Budd inventara variaciones para alguna pieza de Debussy), y sobre todo al modo en que diseña sus producciones, enfrentando los distintos instrumentos entre sí, en un diálogo lleno de sutilezas.

Así, el tipo puede entregar un disco como “Docile” ( Kning, 2007), protagonizado por un piano sólo y triste, para luego arropar, en el irregular “Float” ( Type, 2008), piezas de aires neoclásicos con arreglos florales y suntuosos, dejarse llevar por una sensibilidad a medio camino entre el folk y el pop de cámara en el precioso “Home” ( Bella Union, 2008), y enfrentarse al dogmático reto de mezclar dos instrumentos diferentes en las juguetonas piezas de “Ten Duets” ( Digitalis, 09). Todo ello en el plazo de unos pocos meses, y mientras anuncia más lanzamientos: un doble vinilo donde dará salida a piezas grabadas en cuatro pistas “y con muy poco equipo”, una colaboración con Machinefabriek y la grabación de una versión a capella de Duchess para un disco tributo a Scott Walker. Claro que, para el asunto que aquí nos ocupa, lo mejor es fijarse en el contenido del reciente “Five Film Score Outtakes” ( Secret Furry Hole, 09), un precioso mini CD que recoge algunas piezas que grabó para utilizar en bandas sonoras y que, de alguna manera, complementa a este “Music For Falling From Trees”.

Porque las siete piezas que conforman este pequeño gran disco (corto en minutaje, grande en ambición y recursos) están escritas para acompañar una obra de danza, ideada por la coreógrafa londinense Adrienne Hart, y cuyo argumento gira en torno a un paciente que, encerrado en un hospital psiquiátrico, trata de mantener su identidad. Hart, que conocía los discos de Broderick a la perfección, sólo le puso dos condiciones: tenía que restringir la instrumentación a cuerdas y piano (más algo de proceso digital, eso que no falte), buscando un tipo de sonido cercano al que había desarrollado en “Float”, y tenía que reflejar las condiciones del paciente en cada momento, para facilitar el trabajo a los bailarines. Un reflejo que el pianista consigue ya desde el primer minuto, con un “Part 1: An Introduction To The Patient” repleto de notas discordantes e inestabilidad melódica, el tipo de música que sonaría en el interior de una mente desequilibrada. La sensación se amplifica en “Part 2: Patient Observation”, con ese tic tac desasosegante que inunda el plano de fondo, con esos violines que se superponen siguiendo líneas divergentes, y sólo se calma con la llegada de la explícita “Part 3: Pill Induced Slumber”, que comienza abrazada a un precioso motivo romántico (todos querríamos una caja de esas pastillas, se lo aseguro), para luego ir tensando el ambiente con un piano repetitivo, en busca de un clímax agresivo cuyo último final es el sueño profundo. Porque es en “Part 4: The Dream” donde se concentran los momentos más frágiles: notas de piano deslavazadas, una suave sensación de paz, que ilumina al oyente, y drones que crecen desde el plano de fondo, que poco a poco van desembocando en unas preciosas variaciones al piano, de corte minimalista y efecto sedante. La tensión regresa en “Part 5: Awaken/Panic/Restraint” y “Part 6: Electroconvulsive Shock”, que disuelven de manera magistral el romanticismo levantado en la pieza anterior, y dejan al protagonista perdido en el interior de un mundo oscuro, repleto de drones amenazantes y cuerdas temblorosas. Suerte que al final aparece “Part 7: The Road To Recovery”, que recupera motivos desplegados a lo largo de todo el disco para construir una pieza de elevadísima carga emocional, en la que las cuerdas y el piano tensan su diálogo en un crescendo tormentoso, imparable, que desaparece de forma súbita, dejando en el aire un incómodo silencio y un encogimiento en el corazón.

Todo eso sucede en treinta minutos que duelen y maravillan al mismo tiempo, que provocan un caudal de emociones en el oyente, que son capaces de dar forma a una historia compleja a base de pequeños detalles y de giros melódicos. Una música grabada como acompañamiento, sí, pero que demuestra nota a nota su voluntad protagonista (no es osado dudar de que la coreografía esté a la altura), su capacidad para existir en sí misma. No hay que sorprenderse de que ese otro monstruo del asunto neoclásico, el islandés Ólafur Arnalds, haya peleado con uñas y dientes para publicar “ Music For Falling From Trees” en su sello, el exquisito Erased Tapes. Discos como este son los que forjan las leyendas.

Vidal Romero

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