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Phosphorescent PhosphorescentMuchacho

7.5 / 10

Hasta hoy no era precisamente fluorescente el color que uno imaginaba para las canciones de Matthew Houck. En todo caso sería uno más bien pajizo, o sepia, en la línea de los tonos elegidos para ilustrar sus portadas y en sintonía con ese laxo estilo musical con el que ha venido revisando el folk durante sus doce años de carrera. Su cancionero, que se nutre de una americana alicaída en lo lírico pero más liberada cada vez en términos sonoros, se ha ido volviendo más lustroso poco a poco, hasta el punto que en este sexto trabajo ya podemos referirnos a sus canciones no sólo con el adjetivo ‘fosforescente’ –el de su nombre real, el de ‘aquel que emite luz’– sino también y tímidamente con el de ‘fluorescente’ que mencionábamos al principio del texto. “Muchacho” sigue siendo un disco eminentemente diurno, de esos de tumbarse en la pradera para dejarse cegar por el sol, pero tiende ligeramente, sobre todo en sus pórticos de entrada y salida, plagados de sintetizadores, efectos vocales y barnices electrónicos, al centelleo catódico.

“Song for Zula”, el fabuloso avance del álbum, ya lo avisaba. Estamos ante un trabajo a base de folk sideral que, apoyado en suntuosas cuerdas, se eleva tranquilamente del suelo de la vasta Norteamérica para sobrevolar sus paisajes. Las texturas del tema titular, por ejemplo, fueron sugeridas por la escucha del “Apollo: Atmospheres and Soundtracks” de Brian Eno, y Houck tampoco ha escondido en entrevistas cómo pensó en “hacer un disco de ambient, con voces pero sin letras”, y cómo empezó a gestarlo todo a partir de cacharrería analógica tras una semana que se tiró reflexionando en la Península del Yucatán. El resultado final –fraternal en las formas, atormentado en el interior– entronca con el de otros cotizados regeneradores de la cosmic american music como Kurt Vile, Cass McCombs, Fleet Foxes y, sobre todo, su amigo Father John Misty, de cuyo “Fear Fun” parece sacar reflejos ya desde la portada, muy similar a otra desestimada en su día para aquel trabajo.

“Muchacho” debería garantizar a Phosphorescent más atención por parte de los numerosos oyentes de todos esos colegas. Porque, aunque no vuelve a deslumbrar como en “Song For Zula” en ningún otro tramo del metraje, y a pesar de dejarnos con la sensación de que su autor se ha cortado de ir tan allá experimentando como quería, de haber podido ser más sugestivo y palpitante todavía, no cabe duda de la pulcritud y el respeto que las canciones de Houck sienten por aquella música a la que reverencian. Digo esto pensando no sólo en el repertorio de su querido Willie Nelson, a quien dedicara su disco de 2009 y a quien parecer guiñar un ojo con las pedal steels de “Terror In The Canyons” y “Down To Go”, sino, en general, en una americana de aullido épico (los terribles siete minutos de “Quotidian Beasts” entre Neil Young y los primeros My Morning Jacket), ora eufórica ( “Ride On/ Right On”, “A Charm/ A Blade”) ora trémula de pena ( “Muchacho’s Tune”), que nos permiten hablar, junto a Waxhawatchee, de otra reseñable entrega firmada en 2013 por alguien llegado de los campos de algodón de Alabama.

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