Mr Impossible Mr Impossible

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Black Dice Black DiceMr Impossible

7 / 10

De entrada no sabía qué hacer o qué pensar de “Mr. Impossible”; el sexto álbum de estudio de los músicos experimentales de Brooklyn Black Dice, y el primero que firman con Ribbon Music. En un intento de sumergirme en este lanzamiento le di al play una y otra vez aprovechando distintos ambientes, hasta llegar a las siguientes conclusiones: 1. No escuches “Mr. Impossible” la mañana después de haberte puesto hasta las trancas de tequila la noche anterior, puede ponerte enfermo. 2. “Mr. Impossible” se confirma como una buena compañía para correr por las vías de tren abandonadas del norte de Londres, pero no esperes salir ileso. 3. “Mr. Impossible” debe –repito, debe– escucharse con unos cascos / altavoces decentes a un volumen infernal. En resumidas cuentas: la naturaleza exploratoria de “Mr. Impossible” invita a una reacción física.

Black Dice han sido siempre buenos exploradores sónicos. Durante 15 años se han aventurado en distintos territorios admirables: desde el thrash noise de sus primeros siete pulgadas hasta el pop retorcido (muy retorcido) de su periodo en Paw Tracks, pasando por un ambient gloriosamente ensordecedor en Fat Cat y DFA. “Mr Impossible” no es ninguna excepción. Con todo, mientras en sus anteriores trabajos la idea era acompañar a la banda en una aventura sonora –un viaje tangible que evoca una respuesta visceral–, aquí Black Dice te presentan la documentación desinfectada post-viaje. Para el oyente, “Mr Impossible” a menudo se siente como un ejercicio de observación; fila tras fila de especímenes sónicos clasificados que son indudablemente interesantes, pero emocionalmente inaccesibles.

La pieza de apertura, “Pinball Wizard”, suena muy apropiada y adecuadamente a música de otro mundo, como si los marcianos hablaran como temas de Autechre y los gorjeos distorsionados de su líder fueran genomas sonoros de IDM. Su beat conductor puede sonar accesible, como una continuación del relativo pop revelado en “Repo”, pero yo diría que es justamente lo contrario. Mientras en anteriores lanzamientos la tensión iba construyéndose hasta que las piezas culminaban en un beat demoledor, aquí Black Dice te bombardean con constancia para alcanzar una gratificación sin descanso. El disco suena más empalagoso que insistente: deliberadamente claustrofóbico y delicado en su resolución. Si no te atreves a viajar con ellos, pierdes cualquier posibilidad de satisfacción.

Hay, por supuesto, algunas notables excepciones. Black Dice son maestros de la estética casera y cuando lo escuchas con atención, “Mr Impossible” brilla. “The Jacker”, por ejemplo, ofrece unos ritmos internos más complejos que sus predecesores, pero la gravilla en sus bordes proporciona algo de agarre. Un lejano grito al estilo de Animal Collective subraya unos beats revoltosos y una ascensión melódica ferviente. Es irreverente, es sucio, es una pista para perderse en ella. Del mismo modo, “Spy Vs Spy” parece una anomalía en el álbum, pero sobresale con uno de los puntos fuertes obvios. Emergiendo en una nube de trip-hop ostentoso –todo samples inestables y veteada calidez–, pronto se fractura a través del filtro Black Dice. Hibridada con puñaladas inquisitivas, la pista se disecciona ante nuestros oídos.

Buena parte del atractivo de la exploración caótica de Black Dice consiste en nuestro apego físico por el viaje: un camino en el que te temblarán los huesos, se te desgarrarán los intestinos y te destrozarán los nervios. Los puntos álgidos del álbum demandan una respuesta somática, pero buena parte de “Mr Impossible” rechaza nuestro apego, convirtiéndose en una curiosidad, más que en un disparo al corazón.

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