Los Movimientos Los Movimientos

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El Hijo El HijoLos Movimientos

7.4 / 10

En la reseña de “Madrileña”, el anterior disco de El Hijo, Mario G. Sinde escribía, con atino, que uno de los “triunfos del álbum estriba en cómo el cantautor integra su universo folk en un contexto cien por cien urbano, exterior y sociable”. Sinde venía a decir que su propuesta se había abierto al mundo, y que esa salida a la calle había beneficiado de manera clara el conjunto de sus ideas, quizás demasiado encerradas en sí mismas en su debut. Y en cierto modo anticipaba, o tenía una influencia directa, en lo que tiene lugar en “Los Movimientos”, tercer capítulo de este proyecto en clara progresión y maduración expresiva y emocional. Abel Hernández da el salto definitivo a una mirada de aires pop, en las formas pero también en el fondo, para desdibujar por completo cualquier concepto preestablecido sobre El Hijo y su recorrido, y lo hace con resultados notables y con muchas ganas de sorprender al público.

Muchas cosas llaman la atención de “Los Movimientos”: primero, la apertura definitiva a un discurso pop; segundo, el coqueteo explícito y declarado con el krautrock, el glam rock y el pop cósmico, tres vértices hasta hoy poco o nada explorados en el proyecto; tercero, una idea reformulada de producción y arreglos que le inyecta mucha más fogosidad y vigor a las canciones; y cuarto, la inclusión de coros y cajas de ritmo como novedades expresivas destacadas dentro del organigrama de su sonido. El mérito del disco, que por cierto está autoeditado por el propio Hernández en el que es su definitivo paso hacia la autogestión y la independencia absoluta, es que aunque las composiciones manifiestan unas claras intenciones de expansión y aperturismo, Abel no pierde en ningún momento ese sentido de la intimidad y la sutileza que define la personalidad de El Hijo. La diferencia es que ahora la expresa con una base rítmica más compleja y notoria y con una versatilidad pop que le da nuevos aires y nuevo encanto.

“Los Movimientos” aporta más brillo y luz a la propuesta de El Hijo, pero en las letras prevalece el tono melancólico y sosegado marca de la casa. En esta ocasión Abel le da unas pinceladas más cósmicas a sus historias, que se mueven entre el costumbrismo urbano, el cripticismo y la ironía, o quizás es la sensación que a uno le queda cuando las acompaña con el andamiaje musical del disco. Con el precedente de “Madrileña”, para quien esto firma su mejor disco hasta la fecha, hubiera sido un error intentar mantener la misma línea o buscar una segunda parte que no tenía razón de ser dados los magníficos resultados obtenidos. Es por ello que la maniobra que propone “Los Movimientos” convence y satisface, pues supone un nuevo cambio de registro dentro de su trayectoria sin dejar de lado las particularidades de su esencia y personalidad. Evolución con mucho sentido y naturalidad, crecimiento asegurado.

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