Movies Is Magic Movies Is Magic

Álbumes

Klimek KlimekMovies Is Magic

8.6 / 10

Klimek  Movies Is Magic ANTICIPATE RECORDINGS

Sebastian Meissner no engaña y va de cara: “Movies Is Magic” lo tiene todo que ver con la música para cine. Es un concepto tan antiguo como el “Music For Films” de Brian Eno, que no era música escrita para películas, sino pensando en la idea de que pudiera ser algún día utilizada en ellas. Es lo que hemos conocido durante años como “bandas sonoras imaginarias”, música que piensa en el cine para ser únicamente música pero con una plástica, un humor y una evocación que sólo se consigue de la fusión de sonido e imagen. La imagen aquí, por supuesto, se la tiene que imaginar uno/a en la cabezas, mientras que del sonido se encarga con la eficacia de siempre el alemán Klimek, que no baja la guardia y a cada nuevo disco consigue que su ambient suene más avanzado y depurado: le ha venido muy bien irse de Kompakt, donde los discos de ambient solían ser más dulzones y sin riesgo, chill out de calidad pero de algodón. Desde que fichó por Anticipate –sello del asombroso Ezekiel Honig, catedrático del post-glitch aplicado a un ambient preñado de misterio y vanguardia–, el hombre ha dejado de lado la bombona de oxígeno y se ha dedicado a contaminar su propio aire. Lo que era antes ambient para tirarse en el sofá y dormirse, ahora es para tirarse en el mismo mueble y toser, angustiarse, llorar y dormir, también, pero sin garantía de sueño dulce.

Explica Klimek que “Movies Is Magic” pretende razonar el soundtrack: “su propósito, su significado, sus usos”. Para él, es el subrayado de una experiencia, una acentuación, un querer remarcarla. Cuando vemos películas en las que la música juega un papel principal, casi siendo tan crucial como el buen enfoque de la lente o una actuación extraordinaria por parte de los protagonistas, la primera descarga eléctrica nos llega a la piel creando una emoción: te conmueve, te asusta, te hace reír. El álbum, pues, expone pasajes de sonido puro y en bruto, almidinado con cuerdas, breves pinchazos de percusión o notas de piano sintetizado, para conseguir todos esos efectos, uno tras otro. ¿Un ejercicio tramposo? En cierto modo sí, porque Klimek sabe cómo manipular los resortes del arrebatamiento y en todo momento consigue crear una reacción sin que sea posible por parte del oyente escapar al movimiento de los hilos del titiritero –a menos, claro está, que el susodicho tenga el corazón de piedra y menos sensibilidad que un poste de telégrafo–.

Los títulos de cada pieza hay que leerlos, pues, en consonancia con lo que transmiten. “Pathetic And Dangerous”, tomemos por caso: sonido de cadenas que se arrastran, notas ampliadas con eco y fondo de tormenta a punto de rugir; ayuda a imaginar un personaje rebajado, humillado, a punto de ser descabezado en la guillotina (por ejemplo), y de ahí la sensación de pena y peligro. Klimek, por tanto, la clava: no sólo sabe crear la sensación sino que acierta a la hora de explicarla con palabras (lo antes dicho por él: propósito, significado, uso). O escuchemos “A Lament”, que es doliente como una Pasión, y que sigue la línea antes explorada por el propio Klimek en “Dedications” (Anticipate, 2007), aquel disco que le acercó al ambient con intención neoclásica al estilo de Ekkehard Ehlers: turbiedad, ponzoña de corazón, pornografía del alma (lo que nos gusta). Hay más ejemplos logrados: “For Whom The Bells Toll”, que anuncia la llegada de la muerte, o “Abyss Of Anxiety (Unfolding The Magic)”, extraordinario comienzo del que se sale boqueando por la ventana pidiendo aire, o “Tears Of Happiness (Dismissed Into Mundanity)”, un final aplastante, condensación de la doble idea de hundimiento y felicidad que flota por todo el álbum y que certifica el envidiable estado de forma de Klimek. Para conseguir este limbo de encantamiento que un poco más y concluye en infarto, hay que ser bueno. Demasiado, incluso.

Javier Blánquez

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