Movement Movement

Álbumes

Holly Herndon Holly HerndonMovement

7.4 / 10

La imagen y el currículum académico de Holly Herndon, nacida en Johnson City (Tennessee), y ahora residente en Berlín, son de los que incitan a tomársela en serio. Con ese aspecto de androide frío al estilo de los de “Prometheus” –no demasiado lejos, tampoco, del look de Ann Shenton en los mejores días de Add N To (X)– y vinculada a la universidad, ya que cursa actualmente un doctorado en Stanford y cuenta con un máster en Música Electrónica y Medios de Grabación por el Mills College, según leemos en su biografía, su música hace gala de un profundo sesgo experimental sin que resulte sospechosa de oportunismo o falta de peso. De hecho, varios premios –como el Elizabeth Mills Crothers a la mejor compositora de 2011– avalan su trayectoria ascendente. Pero a la vez, su inclinación natural le lleva de los procesos digitales más complejos a los ritmos de baile, con lo que estamos ante uno de esos curiosos casos en los que conviven con armonía, y en un solo (y sólido) proyecto creativo la investigación y el hedonismo, algo que no es infrecuente –podemos citar aquí a Robert Henke, por ejemplo, abrupto y colindante con el techno cuando firma como Monolake y explorador en diferentes desvíos del ambient cuando utiliza su nombre real, o incluso Pan Sonic, un dúo que Herndon cita como influencia primordial–, pero que no siempre funciona de manera brillante. Holly, en cambio, sí es brillante, o al menos tiene entre manos un debut convincente que le sitúa en un lugar privilegiado en ese espacio minoritario, pero muy de gran influencia, dentro de la vanguardia digital.

Tras una cassette ( “Car”, 2011) y colaboraciones puntuales con francotiradores del techno y el house como Jamal Moss o NHK, Herndon ha entrado a formar parte del catálogo de RVNG Intl., un sello que aparentemente ha perdido su identidad pasada –ya sin conexión apenas con el punk-funk de sus comienzos– a cambio de renovar un prestigio entre muchos adeptos de la computer music, el pop complejo en el caso de Julia Holter o el fundamentalismo analógico. Es en esa rama del sello, cerca de los releases de la serie FRKWYS, donde se ubica Holly Herndon, virtuosa del software y esteta de la voz que ha intentando en “Movement” la difícil tarea de explorar las zonas más imprecisas del techno de autor a partir de la manipulación digital de su respiración, sus suspiros y diversas expresiones vocales grabadas de manera aleatoria. No construye frases –ni mucho menos canta–, sino que utiliza esas texturas para enrarecer un tejido sonoro ya de por sí enredado y que alcanza su único punto de efervescencia clubber en “Fade” –y que le coloca cerca de Laurel Halo, AGF y otras mujeres capaces de integrar con armonía programaciones complejas, sensibilidad pop y unas gotas de poesía.

A pesar del pico (casi) eufórico de “Fade”, el contenido de “Movement” es oscuro, espeso y a ratos hasta indigesto – “Breathe” es un ejercicio de música concreta que suena como el reverso oscuro de Matmos, una cacofonía opresiva de vahídos entrecortados–, y tiene su valor en la deshumanización que consigue transmitir de su propia voz, al final convertida en un quejido abstracto y sin raíz que acaba confundido entre oscilaciones que parecen ácidas ( “Movement”) y glitches propios de una vieja grabación de Mark Fell ( “Interlude”), hasta llegar a esa especie de coral alienígena a partir de muestras de la voz de Bruce Rameker, que tanto recuerda a las voces grabadas por Stockhausen en su “Canto del Adolescente”, resuelta con frialdad en “Dilato”, el final de un disco que intenta, a su manera y con éxito, conciliar clubbing y academia. Por ahora, tiene más peso lo experimental en su manera de trabajar, pero no hay que descartar que, con el paso de los meses, Holly Herndon nos empiece a mostrar lo que es capaz de hacer cuando suelta un bombo y conectarlo sin pestañear con influencias fundamentales (citadas por ella) como las de Galina Ustvolskaya o Maryanne Amacher.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar