Move Of Ten Move Of Ten

Álbumes

Autechre AutechreMove Of Ten

7.3 / 10

Autechre  Move Of Ten WARP

Técnicamente, “Move Of Ten” es un EP, por mucho que se aproxime a los 50 minutos de duración: es algo clásico en Autechre en sus épocas de mayor incontinencia creativa lo de editar extensiones, extras de sus álbumes mayores, como aquel inacabable “EP7” (1999) que editaron justo después de “LP5” o los bonus tracks de “Quaristice”. Sean Booth y Rob Brown siempre parecen tener la necesidad urgente de “poder salir a tirar la basura”, y en épocas de creación frenética y trayectoria bonancible, como sucede con el actual “Oversteps” –al que no le sobra ni le falta nada, y significa una reinvención estética que el dúo de Manchester necesitaba con tanta urgencia como una ducha después de correr diez kilómetros–, no pierden nunca la opción de editar más, de engordar discografía. Nunca se han caracterizado por la mesura ni por prolongar las etapas de silencio: aquí hay diez temas más, divididos en dos vinilos –o secuenciados del tirón en un CD de diseño gráfico muy parecido al de “Oversteps”–, y se supone que los fans de Autechre deben estar de enhorabuena. Sin embargo, ocurre que “Move Of Ten” no es una secuela de “Oversteps”, sino –me atrevería a decir, por el tipo de sonido que se desliza por el surco– posiblemente la precuela, los estudios previos y los ensayos antes de obtener el sonido definitivo que ha cristalizado en la renovación de los lazos entre Autechre, el ambient y la emoción epidérmica en lugar de la prolongación de la vía pedregosa, de escucha difícil y la rugosidad IDM que había venido acompañándoles desde “Confield” (2001) –e incluso más atrás–.

El shock principal de “Oversteps” consistía en que el disco recuperaba unos Autechre primerizos –los de “Amber” (1994), en cierto modo– en un momento en que se había dado por perdida la esperanza de regeneración emotiva en la música de Booth y Brown. Les imaginábamos por siempre programando patrones rítmicos a partir de algoritmos complejos, y no siguiendo el latido de sus corazones. Temíamos que se pudieran fundir en su propio software y convertirse en inquietante código binario, como la Mayor Motoko Kusanagi al final de “Ghost In The Shell”. Y, de repente, volvió el deseo por la música de baile, por la melodía precisa y cálida en lugar de la secuencia aleatoria de notas y golpes –como si los programas que usan para componer los hubieran comprado en Marte–. Las dos únicas incógnitas que dejaba abiertas “Oversteps” eran, por tanto, cómo habían llegado Autechre a ese sonido y cómo sería lo siguiente una vez se había saltado al siguiente nivel. “Move Of Ten” debería responder al menos una de las dos preguntas. Si esto es “lo que viene después” –confiando en que la línea cronológica de creación se corresponda con la de publicación–, habría que prepararse para esperar que lo de “Oversteps” sea sólo el sueño de una noche de primavera, un islote desierto en la discografía de Autechre, una falsa alarma: en “No Border”, “Y7” o “Rew(1)” se oyen motivos clásicos de la banda –las notas pellizcadas como si fueran las de un clavicordio eléctrico, los ritmos desencajados como los de un patrón electro con muletas, los pads extensos que barren la superficie del track como un soplo de viento en el desierto–, pero también vuelven a exponernos esos paisajes lunares, áridos, grises, que habían formado parte de su etapa más aislacionista. Sólo ocasionalmente deshacen la artificialidad y aspiran a recuperar aquellos días de música de baile cubista – “M62” le debe, por una vez, más al techno de Detroit que a su propia retroalimentación concrète–, pero el tono general del disco es escarpado, de escucha poco gratificante.

Y todo eso se disculparía si la respuesta a la pregunta de arriba fuera otra: ¿y si éste es el material de transición entre “Quaristice” (disco seco como pocos) y “Oversteps”? ¿Y si fueran los ensayos en el proceso de iluminación del sonido, de apertura de ventanas, de infiltración de ideas hasta entonces aplazadas y que recordaban a sus discos de los noventa, tan añorados y a la vez tan vigentes? En ese caso, “Move Of Ten” es un testimonio de la demolición de murallas y la reconstrucción de un espacio. Al ser un disco de proceso y no de consolidación, tiene sus altos y sus bajos, sus momentos de confusión e incertidumbre, pero ayuda a entender cómo una madeja espesa de ruidos comienza a agrietarse para dejar paso a sonidos más amable, o cómo el rodillo de ritmos inconexos se enlazan con un patrón más coherente. Sería, por tanto, el making of de “Oversteps”, uno de esos extras bien conseguidos en las ediciones especiales en DVD que, aunque no esté a la altura de la película (ni tiene por qué estarlo), sirve como complemento útil para comprender mejor la dimensión artística de la obra principal. Precuela o secuela, “Move Of Ten” no pasa de ser testimonial, un artefacto para completistas de Autechre, pero que tiene la virtud de hacer siempre de “Oversteps” un disco mejor.

Tom Madsen

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