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Álbumes

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8.6 / 10

Mountains Mountains Mountains CATSUP PLATE Mea culpa: en la crítica del reciente “Field Rituals” ( Type, 08) de Koen Holtkamp, publicada hace unas semanas, tras entonar una queja lastimera a los dioses por el insoportable silencio con el que nos estaban castigando Mountains desde el arrebatador “Sewn” ( Apeestartje, 06), el abajo firmante se derrumbaba, les daba por perdidos y consideraba el primer disco a solas del 50% del dúo de Brooklyn como un formidable mal menor, incluso obra mayor con gusto amargo. En mala hora la rabieta: el envío del texto se cruzó con el anuncio –o mejor dicho, el aviso de pre-order en Boomkat– de este nuevo trabajo limitado a 500 ejemplares y exclusivamente en vinilo que supone el despertar del letargo de Holtkamp y Brendon Anderdeg g, y se produjo un decalage tan involuntario como imperdonable. Y es más: otro Mountains más en el mes de febrero, inminente, esta vez para el sello Thrill Jockey –grandes ligas– y titulado “Choral”. Asumido el error, es momento de felicitaciones, porque nada más esperado que la continuidad de Mountains –se desvanecen las especulaciones–, aunque se consolida la sospecha del parón del sello que ambos rigen, o regían, Apeestartj e: la aventura parece concluída. Lo del sello, en cualquier caso, es lo de menos. Lo que no puede ser es que el mundo –o al menos los quinientos fans que compran sus discos– se queden sin una de las parejas que mejor han sabido crear ambientes desde lo acústico, incluso desde lo hippy, a partir de la repetición ‘drónica’ y la distorsión. “Mountains Mountains Mountains” debe observarse en principio como un entremés del futuro “Choral”, un aperitivo para fans fatales antes de que el montañoso nombre vuele más lejos y sea de manejo común entre los exploradores del post-rock y el post-folk. Sólo cuatro piezas, terrosas, pero cuatro delicias según el buen hacer de la pareja, que descienden de la serena belleza campestre de “The Whale Years” y “The Nest” –un repiqueteo de guitarra acústica que poco a poco se enrarerece, se ensucia y se transforma en un aspersor de drones, la primera pieza más desperdigada, la segunda más concisa– a la mayor compresión y concentración de “Millions of Time” y “Hive”, donde se aprecia un poco menos el fondo folk debido a la preponderancia de la estructura repetitiva y mántrica del drone, y en las que se va en pos de una exploración casi mística, de espacios abiertos y preñados de luz, quizá no tan lejos de Brian McBride; –en solitario o con ng> Stars of the Lidt. Te preguntabas qué era elevarse, y resulta que la respuesta es esto. Javier Blánquez

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