Mount Wittenberg Orca Mount Wittenberg Orca

Álbumes

Dirty Projectors + Björk Dirty Projectors + BjörkMount Wittenberg Orca

7.5 / 10

Dirty Projectors + Björk, Mount Wittenberg Orca MOUNT WITTENBERG ORCA

La historia ya se ha explicado y no es necesario volver sobre ella, aunque un resumen puede venir bien para poner las inmediatas reflexiones sobre “Mount Wittenberg Orca” en perspectiva. Lo explica todo Dave Longstreth en la web del proyecto (hay que buscar en “letter”): Brandon Stosuy, de Stereogum, le pidió a él y a Björk –por separado– su participación en un concierto benéfico en ayuda de enfermos de sida indigentes y ambos, almas nobles, respondieron afirmativamente. Más tarde, Björk se puso de acuerdo con la banda neoyorquina para comenzar una colaboración que se acabó convirtiendo en algo así como una ópera de bolsillo interpretada en una librería de Brooklyn y con una fuerte temática ecologista. Mount Wittenberg es el enclave a las afueras de San Francisco en que Amber Coffman, una de las dos damas de Dirty Projectors, estaba pasando una tarde de primavera y se quedó hipnotizada ante la visión de una colonia de ballenas. Así que la colaboración con Björk iba a ser eso: una fantasía de chamber pop onírico sobre cetáceos y otras bestias marinas, celebración de la vida salvaje y la solidaridad dentro de la misma especie animal, en la que cada una de las cuatro voces en juego –Amber, Björk, Angel Deradoorian y el propio Longstreth– interpretan roles definidos: la islandesa es la ballena madre, el resto son las crías.

El pop actual raramente es tan atrevido como para atreverse con algo así. El resultado final está más cerca del EP que del álbum –son 21 minutos raspados, en formato sólo digital, a la venta por donación voluntaria, entre los 7 y los 100 dólares, que irá destinada a National Geographic para colaborar en la conservación de los ecosistemas oceánicos más delicados–, pero su solidez conceptual le da el aura de obra importante. Su composición tuvo lugar en la cabeza de Longstreth, la ejecución primera en mayo de 2009, y no ha sido hasta un año después que Dirty Projectors y Björk –los compromisos promocionales y la gira del bombazo art-pop del año pasado, “Bitte Orca”, impidieron volver sobre las canciones antes–se han podido reunir para grabar la versión final de “Mount Wittenberg Orca”. Hay que decir que la participación de Björk es sólo como voz invitada. Ninguna de las canciones lleva su firma, ni siquiera su sello más allá de la parte que canta. Si Dirty Projectors es una banda en expansión o compresión según los deseos y las necesidades de Dave Longstreth, ésta debe considerarse una miniatura en la que el grupo ha crecido y entre las chicas hay una islandesa con silvestre trino élfico y un currículum que corta la respiración. Es particularmente interesante hacer notar que Björk, siempre acostumbrada a mandar y a repartir tareas en sus discos –que no son óperas, pero sí son virtuosos, complejos, con una narrativa subyacente–, aquí se deja mandar y supedita todo su protagonismo a las directrices de un Longstreth que, por otra parte, reafirma lo que se podía intuir en muchos de los discos de Dirty Projectors: él pudiera haber sido un buen escritor de canciones para Björk, como el hombre que le pudiera dar la clave para descifrar el sonido del álbum heredero de “Homogenic”.

“Mount Wittenberg Orca” admite una doble lectura: o es un trabajo de Dirty Projectors con Björk –y de verdad que no hay rozaduras entre las voces, todas se integran con naturalidad, ninguna parte sobresale más que la otra; Björk se impone a Amber y Angel porque su voz tiene más grano, más personalidad y fuerza, pero por nada más–, o es el disco que Longstreth soñó escribirle a Björk. De las dos maneras funciona. El inicio es magnífico: “Ocean” está dominada por un sonido cavernoso –¿lo aceptamos como drone?– sobre el que las “ballenas” emiten sonidos submarinos, onomatopeyas largas y graves, una introducción –una obertura, como en las óperas– que da paso a las primeras canciones. “On And Ever Onward” es una composición precisa en la que Longstreth concilia a la perfección su obsesión por la alta y la baja cultura, por el minimalismo –las voces punteadas de fondo son propias de Laurie Anderson– y la canción popular –la melodía podría ser de Irving Berlin–, y sienta el tono para el resto de la composición. “When The World Comes To An End” persigue el mismo equilibrio, con las voces vueltas del revés –menos la de Dave, que se suma aquí por primera vez– trazando escalas barrocas sobre una melodía de algodón. Los susurros y los gorgoritos son la crema de esta tarta, la compenetración entre la ballena madre y sus crías –entre la voz aguda de Björk y los chispazos agudos de las chicas de Dirty Projectors– es perfecta, y la instrumentación final se puede quedar en una sencillez esquelética: batería suave, guitarra. Aquí ha conseguido algo muy importante Longstreth: recuperar la larga tradición de los grupos vocales americanos y el music hall, adaptarlo al formato de mini-ópera arty, dotarlo de coherencia pese a su brevedad y completar el amasado de lo que tenemos que entender como una impecable golosina pop: barata, breve, deliciosa y que te invita a repetir todas las veces que quieras. Y sin miedo: ni Dirty Projectors ni Björk provocan caries, aunque sí pueden elevar los niveles de azúcar en tu oído. Tom Madsen

"On and Ever Onward"

"Sharing Orb"

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