Motion Sickness Of Time Travel Motion Sickness Of Time Travel

Álbumes

Motion Sickness Of Time Travel Motion Sickness Of Time TravelMotion Sickness Of Time Travel

7.8 / 10

El proyecto de Rachel Evans se sumerge en una renovada versión del pastoralismo, acomodada entre la vertiente más cercana al new age del hypnagogic pop en cuanto al carácter y tono de sus temas y el kosmische alemán en cuanto al uso de drones, la duración –todos los cortes de este disco superan los veinte minutos– y la visión panóramica. Es tentador entender este pastoralismo como el resultado del contacto –personal, incluso espiritual– con el paisaje norteamericano y sus grandes horizontes que parecen extenderse hasta el infinito tanto por el cielo como por la tierra, y que están integrados en la psicología colectiva del individualismo estadounidense. Al mismo tiempo, aunque la superficie sea serena y espiritual, se trata de un pastoralismo raro, a partes iguales reconfortante y sobrenatural. Me recuerda a cómo las series “Expediente X” o “Twin Peaks” sacaban el máximo partido de los paisajes estadounidenses para provocar una sensación inquietante. Es un efecto similar al conseguido últimamente por Grouper y su proyecto paralelo Mirroring, que es otro de los discos más perturbadoramente bellos de 2012. Es como si estos músicos estuviesen tanteando una reinterpretación estadounidense del romanticismo alemán, ese que veía en la naturaleza una mole al mismo tiempo amenazadora y subyugante pero también irresistiblemente atractiva. Cabe preguntarse, en este sentido, por qué en tiempos tan problemáticos como los actuales están saliendo tantos discos interesantes empeñados en darnos una visión de experiencias muy individuales, con la mirada vuelta a la naturaleza en estado bruto.

El sonido de Motion Sickness of Time Travel está construido a partir de capas, drones, pequeños remolinos de sintes que apuntan a melodías y, como rasgo especialmente distintivo, la voz de la propia Evans filtrada y manipulada hasta convertirse en una capa más que se integra y entremezcla con las demás para conseguir una apariencia compacta que, en realidad, esconde una riqueza de matices que se hacen evidente al escuchar el disco de manera más inmersiva (en este sentido recomiendo subir el volumen al escucharlo). Este uso de la voz es algo que comparte con Julia Holter, Grouper, Laurel Halo e incluso Grimes, quienes están experimentando con el uso de la voz femenina en la música como un instrumento más, sumergido en su contexto sonoro, persiguiendo su armónico ensamblaje con una música que persigue recrear paisajes reales o digitales.

La mayor diferencia entre este disco y los anteriores es que en este caso Rachel Evans ha hecho un esfuerzo consciente para hacer que su visión musical tenga una forma más definida, afilando sus habilidades compositivas. Aunque sus rasgos de identidad están claros en todos y cada uno de sus lanzamientos, fue con “Luminaries & Synastry”, publicado el año pasado –para algunos, uno de los discos clave del 2011– cuando su artífice se planteó depurar su sonido y llevarlo a un plano superior, proceso que continúa, y de momento culmina, con este doble disco para Spectrum Spools, el subsello de Editions Mego dirigido por John Elliott ( Emeralds), grupo con el que además comparte algunos rasgos así como parte de su paleta sonora, sin perder en ningún momento su identidad.

Este disco destaca, por tanto, por una mayor claridad. Aquí hay menos texturas granuladas y una menor sensación de estar ante un paisaje borroso, y en cambio se nos ofrece una música de mirada mucho más límpida y serena, contenida, sin estallar épicamente, que aumenta, si cabe, la sensación de espacio en su música, como si fuese una versión Imax de sus anteriores discos.

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar