Mosquito Mosquito

Álbumes

Yeah Yeah Yeahs Yeah Yeah YeahsMosquito

6.2 / 10

Que Karen O decidiera pasar por la vicaría en 2011 junto a su pareja, el director Barnaby Clay, ha amansado a la mujer como nunca. Poco queda de aquellos Yeah Yeah Yeahs que con tan sólo una guitarra y una batería se aprovecharon del revival post-punk neoyorquino hace una década. Hace cuatro años, en “It’s Blitz!” (el del huevo espachurrado en la portada), ya nos dejaron claro que podían hacernos bailar valiéndose de los sintetizadores y creando hits incontestables como “Zero” o “Heads Will Roll”. Pero si ya entonces los medios tiempos protagonizaban buena parte de su nuevo estatus, en “Mosquito” han querido dar un paso más allá trayéndonos su álbum más experimental y menos rudo de toda su carrera. Inconformistas como ellos solos, ahora el ritmo y la virulencia les parecen algo secundario y entregan sus almas a las atmósferas opresivas, al menos es más y al cruel juego de ponérnoslo más difícil de la cuenta con un nuevo repertorio que rehúye de lo que hasta ahora nos tenían acostumbrados.

Tal como han revelado en varias entrevistas previas, durante estos últimos años la banda ha redescubierto el reggae. Aunque no se asusten: “Mosquito” no le debe nada a Bob Marley, pero sí mucho a las técnicas del subgénero dub, que se apoya en los ecos tenebrosos y los delays como arma combativa contra el minimalismo melódico. Ahí están “Under The Earth” y “These Paths” (donde se atreven incluso a jugar con los samples vocales deformes que caracterizan a Purity Ring), dos experimentos que juegan con lo sinuoso y que, al igual que esa “Subway” (su mayor homenaje a la Gran Manzana tras la cara B “Yeah, New York”) que emplea el troteo del vagón de metro cual percusión, no deja de ser una rareza que más allá del estudio tiene una nula trascendencia.

En la sobresaliente “Slave” (imagínense a los Primal Scream de los noventa con un featuring de Siouxsie Sioux) y en el tema titular también hay rastros de ese toque dub con el que han querido impregnar su nueva criatura, aunque en ambos casos el resultado es mucho menos chocante al no haber prescindido en su totalidad de esa chulería eléctrica de la que siempre han podido presumir. También dejan la puerta abierta a sus inicios ( “Area 52”), aunque esos tres minutos no dejan de ser un espejismo frente a singles potenciales que acaban estropeándose por coros góspel metidos con calzador ( “Sacrilege”) y retazos hip hop en boca de Dr. Octagon ( “Buried Alive”, la única contribución como productor de James Murphy al álbum) que no reflotan el sabor agridulce de un trabajo que suena a suicidio mediático y únicamente luce contados momentos memorables.

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