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Siriusmo SiriusmoMosaik

8.1 / 10

Siriusmo  Mosaik MONKEYTOWN

Así a bulto, a Siriusmo se le había tenido –con matices, ojo– como un productor tirando a marrano que abusaba del subidón cuando no venía a cuento, que siempre salpicaba el borde de muchos de sus temas de frecuencias ácidas o sonidos de afilador de la misma manera en que un varón puede manchar sin querer el borde de un retrete al orinar. Es más: a Moritz Friedrich se le tenía como el amigo impresentable y freak –que ya es mucho decir– de sus ahora inseparables Modeselektor, que fueron quienes le trajeron en 2009 al sello Monkeytown y le dieron cobijo, sopa y una manta para las noches frías de Berlín. Hasta entonces se le veía de la mano de Boys Noize y gente así que no le hacían ningún bien. Pero en los últimos años Siriusmo ha evolucionado y ya está más lejos del simio –por hacer una analogía con el sello– y más cerca de las estrellas –por hacer una analogía con su nombre–, de modo que “Mosaik”se ha presentado como una gratísima sorpresa.

Por supuesto, el marraneo sigue ahí: “Feromonikon” es una pedregada de post-house filtrado y enguarrado con todo tipo de bajos zumbones y tonos agudos chirriantes que hacen buena la leyenda de Siriusmo como un gusano que carcome cráneos y lleva a sus fans de camino al manicomio. Pero a la vez el álbum se presenta como una obra de crecimiento en la que se invierten las tornas: el freakismo ravero de antes ocupa un lugar menor y cobran protagonismo los tracks pequeños y minuciosos que antes eran residuales en sus maxis. Aquí hay un total de 17 temas, pero muchos de ellos son preciosos interludios de pocos segundos, o pistas de baile que no van más allá de los tres minutos y que, por tanto, son más para escuchar a la lumbre de la chimenea que en el fragor de la batalla etílica en el club. Y lo hace medio patentando un lenguaje dance descontextualizado que, en principio, sólo le pertenece a él: es como un cruce entre las barbaridades de Modeselektor –mucho break, mucho bajo gordísimo como el de “Mosaik” (el tema), mucha voz infantiloide, incursiones en rapeados tipo The Prodigy meets Teleñecos en “Bad Idea”– y las sutilezas de la escuela IDM de club (¿recuerdan la etiqueta braindance?), que comprendería desde Aphex Twin a James Holden. En otras palabras: Siriusmo se ha empleado a fondo en cada pista y la ha mimado como si fuera la última de su vida. Cada pellizo de “Mosaik” está trabajado con la paciencia de un joyero y el cariño de una madre, y en el resultado se nota que se ha dejado la piel.

Este álbum es, por ahora, de lo mejor de la cosecha electrónica de los últimos meses, sin discusión: es fresco, es divertido, oscila con una naturalidad pasmosa entre momentos de ternura – “Einmal In Der Woche Schreien” es el típico tema por el que rabiaría Nathan Fake, y eso que el chaval es tranquilo; tampoco hay que perderse los stabs de piano en “Nights Off”– y otros de tensar los hombros y lanzarse de cabeza a un garito lleno de gente alterada para salir de ahí con varias cicatrices. Y lo mejor es que tiene también toda la pinta de LP de transición, como de haber descubierto un camino por el que no se ha podido avanzar por falta de tiempo. “Mosaik” sugiere que el próximo trabajo en largo de su autor tendrá más cuidado con los momentos raveros, limpiará los restos de suciedad de sus bordes de loza y dejará únicamente la parte resplandeciente y amable. Su reto será conseguirlo sin sonar ñoño, pero viendo la carrera (la evolución a mejor) que lleva el zagal, no habrá por qué preocuparse ni un pelo.

Javier Blánquez

"Mosaik" (MTR10) by Siriusmo

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