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Primal Scream Primal ScreamMore Light

7.5 / 10

Aunque sea difícil de creer, Bobby Gillespie no fue de los que montó una fiesta el día en que Margaret Thatcher murió. En una entrevista con Drowned in Sound, el cantante de Primal Scream, conocido por sentarse en el ala izquierda del pop británico, aseguraba que no hay motivos de celebración cuando todos los que han gobernado en las islas desde 1990 forman parte de su dinastía ideológica. Por eso Thatcher murió con la sonrisa puesta, puntualiza Bobby, y las reacciones de la prensa, llamándola “bruja” en portada y convirtiendo su funeral en un espectáculo mediático, fueron el equivalente político de publicar la foto de un futbolista famoso pillado en mitad de faena con una prostituta. “Es solo otra manera de distraer a la gente de lo que realmente está pasando”. Muchas de las entrevistas que ha hecho Gillespie con motivo del lanzamiento de “More Light”, el décimo disco del grupo escocés, reinciden en que ni la juventud ni el rock actual están a la altura del momento histórico que vivimos. Los primeros carecen de conciencia de clase y de organización, “piensan que la política no tiene nada que ver con sus vidas” y pasan los días anestesiados por la influencia de los medios, armas de distracción masiva que emiten en abierto las 24 horas. Sobre la música, decía Gillespie en The Guardian que “vivimos tiempos extremos, pero si escuchas música rock moderna nunca pensarías que es así. Creo que es raro que no haya protesta, resistencia o crítica con lo que está pasando […]. Nosotros siempre hemos visto la música como un tipo de fuerza revolucionaria”. El grupo publica “More Light” a través de su propio sello, llamado muy intencionadamente First International Records.

Así que parece que toca disco político de Primal Scream después del ensimismamiento en que han flotado estos últimos años, una época en que hemos llegado a perder la fe en ellos como célula viva, mutante, vibrante y en la que empezaban a mostrar manías propias de un grupo-reliquia centrado en el rock vintage y en explotar su propio pasado. Es una gran noticia para los que defendemos “XTRMNTR” (2000) como su obra más importante, no tanto por su repercusión ( “Screamadelica” marcó la deriva de parte del rock de los noventa y es uno de esos discos para abrir la mente de los puristas, poco se puede decir que no se haya dicho ya), sino porque gracias a “XTMRNTR” y a sus alrededores ( “Vanishing Point”, 1997; y “Evil Heat”, 2002) consiguieron transmitir su idea de cómo debía sonar el rock stoniano a las puertas del siglo XXI: sucio, sensual, pegajoso, antiautoritario, de vocación radiable y hasta bailable, necesariamente contaminado de ruido, electrónica y crítica política. Peligroso, para terminar de redondear el cliché. “More Light” dispara desde su primer tema, el single “2013”, en el que Gillespie se refiere explícitamente a los cachorros de la Thatcher, a las nuevas generaciones de jóvenes obligados a comprar las mismas mentiras que las anteriores, al resurgir de ciertas formas de esclavitud, a la ausencia de voces disidentes y a la televisión como medio oficial de la propaganda contemporánea. Un monumental single de nueve minutos que recuerda a aquel “Kill All Hippies” encargado de abrir “XTRMNTR”. Ya saben: tú tienes el dinero, yo tengo alma. Y un rifle de francotirador con munición sonora para hacer diana.

Más disparos. En “Hit Void”, Gillespie invita a leer a Engels y a Marx y a actuar como Guy Debord. La letra de “Culturecide” se le ocurrió mientras viajaba cómodamente en tren por Estados Unidos y veía Harlem por la ventanilla, y en ella describe a los jóvenes como refugiados de su propia sociedad, en medio de un escenario apocalíptico de viviendas concebidas como bloques para presidiarios y sonoras bombas de neutrones. Otras referencias políticas, sociales y económicas se pueden encontrar a lo largo del disco. Sí, lo sé: esto puede sonar terriblemente paródico en voz de un ex-fiestero que tiene ya 50 tacos y bla-bla-bla, pero asumo de partida que es preferible a la otra autoparodia, la que les ha llevado a publicar la parte más conservadora (en lo musical) de su discografía, los muy onanistas y recientes “Riot City Blues” (2006) y “Beautiful Future” (2008).

Hasta aquí la parte teórica. ¿Pero cómo suena “More Light”? Variado, buenrollero, experimental a su manera y psicodélico en el sentido más clásico. No en la forma en que, por ejemplo, se atrevieron a ser experimentales y psicodélicos en “Vanishing Point”, sino claramente hippie. “More Light” conjuga las diferentes etapas de Primal Scream sin decantarse por ninguna y propone un paso lateral, y no hacia atrás, lo cual debería sumar y no restar méritos a la banda. Dicen algunos que David Holmes, que ejerce de productor, ha dado un aire cinematográfico al conjunto, algo así como una road movie de 70 minutos (lo que de nuevo nos remite a Kowalski y a “Vanishing Point”). No es esto lo que personalmente destacaría de un disco que parece ser el mayor esfuerzo realizado por la banda por ofrecer un todo cohesionado, casi conceptual, desde hace muchos años. Este es un disco ambicioso y elaborado. Y Holmes, recordemos, además de hacer bandas sonoras cojonudas para Hollywood participó junto a Primal Scream en definir el electro-rock de fin de siècle, ese que trazó una línea imaginaria capaz de unir a Death In Vegas con Iggy Pop, a los Chemical Brothers con la psicodelia, al Alec Empire de “Intelligence & Sacrifice” con The Stooges y a las raves con la contracultura. A “Vanishing Point” con Jamaica. A 13th Floor Elevators con la ciberdelia. A Motörhead con Kate Moss. No es posmodernismo: es una misma tradición. Esta mezcla de pasados y futuros es retomada en “More Light”, a lo que contribuye el fichaje de Kevin Shields de My Bloody Valentine, Mark Stewart de The Pop Group y Robert Plant. Del mismo modo hay que subrayar la ausencia de Mani, centrado en la vuelta a los escenarios de Stone Roses.

Algunas ideas para fijar este despliegue sonoro de referentes propios y ajenos. El disco comenzó a ser gestado en la reciente gira por el XX aniversario de “Screamadelica”, lo que podría explicar el largo desarrollo de algunos temas, que parecen suites (como la fantástica “Relativity”), y la sensación espacial que desprenden otros ( “Tenement Kid”, “Goodbye Johnny”), así como los coros negros que salpican “Culturecide”, “Elimination Blues” y ese prescindible autoplagio de “Movin’ On Up” que es “It’s Alright, It’s OK”. “River of Pain” termina en una espiral de free jazz, con unos arreglos orquestales que recuerdan a los Beta Band de “Squares” y “It’s Not Too Beautiful” pero también a los viajes de Sun Ra. “Invisible City” y “Walking With The Beast” son medios tiempos dentro del estándar de los escoceses. Porque hay sitio aquí para todos los Primal Scream. También para los más clásicos, los que adoran a MC5 y la carne poco hecha ( “Turn Each Other Inside Out”, “Sideman”). Mención especial para la gloriosa “Hit Void”, con Kevin Shields manchándose las manos con la guitarra y poniéndolo todo perdido de distorsión eléctrica. La presencia del saxo a lo largo del disco es cualquier cosa menos cosmética: es un zumbido constante, es otra fuente más de ruido.

Sinceramente, no sé si un grupo que en 2013 cita a Blue Cheer, Sun Ra, Parliament/Funkadelic y Miles Davis puede tener alguna oportunidad de alcanzar nuevos oyentes. Tampoco creo que les preocupe demasiado. Los viejos (oyentes) estamos de enhorabuena por la vuelta del grupo en relativa buena forma. “More Light” no es una obra maestra. Tiene momentos de déjà vu pero también consigue sorprender en muchas ocasiones. Puede que, como decía hace unos días el NME, estemos ante la tercera resurrección de la banda. No hace falta inflar un disco que, por el momento, los vuelve a colocar en una posición sonora interesante más allá de la nostalgia. Una cosa final: la edición extendida (más extendida todavía) incluye las dos versiones grabadas para el Record Store Day, “I Want You” (The Troggs) y “City Slang” (Sonic's Rendevous Band), y un puñado de temas adicionales, entre ellos la fabulosa remezcla de “2013” por parte de Andrew Weatherall. Disfruten, porque hay chicha para rato.

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