Moonrise Kingdom. Original Soundtrack Moonrise Kingdom. Original Soundtrack

Álbumes

VV AA VV AAMoonrise Kingdom. Original Soundtrack

7.4 / 10

En las películas de Wes Anderson nunca falta música en abundancia y normalmente ésta juega un papel importante en el desarrollo de la historia –quizá el ejemplo más claro sea la presencia ocasional en “The Life Aquatic” (2004) del cantautor brasileño Seu Jorge y sus versiones tropicalistas de David Bowie, o el perfume indio que recorre “The Darjeeling Limited” en el viaje de tres hermanos en busca de su madre hasta las faldas del Tíbet–, pero a la vez la música es uno de los elementos de las películas que más pronto se almacenan en un rincón escondido de la memoria para dejar el espacio privilegiado a diálogos, situaciones y personajes. Eso puede entenderse, por supuesto, como un uso muy inteligente de la música por parte de Anderson: le sirve para complementar su historia, pero consigue que nunca le robe el protagonismo a lo importante, al guión, y a la vez logra una conexión importante con el gusto pop con acertadas inclusiones de canciones de Scott Walker y The Zombies (en “The Life Aquatic”), de Nick Drake, Elliott Smith o Ramones en “The Royal Tenenbaums” o de The Beach Boys en “Fantastic Mr. Fox” –donde también estaba involucrado Jarvis Cocker–.

Precisamente, la banda sonora de “Fantastic Mr. Fox” es el episodio anterior a la de “Moonrise Kingdom”, pues allí se daban dos circunstancias que aquí se amplían y se asientan en el lenguaje musical de la filmografía de Wes Anderson: la inclusión de abundante música americana fuera del pop –o sea, jazz y estandards– y la conexión con el compositor francés Alexandre Desplat para la música incidental. Desplat, que se consagró el año pasado gracias a su score para “The Tree Of Life”, parece haberse afianzado como un estrecho colaborador de Wes Anderson, en la misma medida en que lo ha sido el líder de Devo, Mark Mothersbaugh. En esta banda sonora ha escrito una pieza extensa, “The Heroic Weather-Conditions Of The Universe”, suite dividida en siete partes, adornada con campanillas, banjos y cuerdas lustrosas, que acentúan la atmósfera regresiva, de sueño y nostálgica del tono del film, y que fortalece el peso de la música orquestal, auténtica protagonista del tono de “Moonrise Kingdom” junto a un puñado de canciones – ”Le Temps De L’Amour” de Françoise Hardy y tres clásicos country de Hank Williams– que nos recuerdan lo hábil que es Wes Anderson a la hora de incrustar la canción exacta en el momento dramático preciso para conseguir un efecto emocionante.

Sin embargo, la música predominante aquí, como lo fue Bowie en “The Life Aquatic” y las bandas sonoras de Satyajit Ray para sus propias películas, los grandes clásicos del cine indio, en “The Darjeeling Limited”, es de la escuela contemporánea, en especial la del ilustre compositor británico Benjamin Britten (1913-1976) –de quien Anderson utiliza su obra didáctica “The Young Person’s Guide To The Orchestra, op. 34” en la versión americana, narrada por Leonard Bernstein, y que tenía la intención de explicar a los niños cómo funcionaba la música sinfónica, a partir de ejemplos del maestro barroco Henry Purcell–, un puñado de lieder ( “An Die Musik”, de Alexandra Rubner) y otra vez Britten, con algunas de sus obras corales interpretadas por el Choir of Downside School, Purley, conformado por voces blancas –o sea, infantiles–, o selecciones de su ópera “El Diluvio De Noé”.

Con todo este material, hábilmente seleccionado, con fuertes contrastes entre lo más culto de lo culto y lo más popular de lo popular, Wes Anderson ya crea la burbuja de nostalgia y ensueño sin haber todavía entrado en la sala de proyección a ver la película, ya indica un ambiente y una delicadeza emocionante que, conjuntada más tarde con las imágenes, consigue un efecto mágico, de estremecimiento máximo. Pero esto es con las imágenes, con las que este soundtrack forma un tándem perfecto. Por separado, en CD, queda una banda sonora notable ideal para domingos soleados, un refugio para los malos momentos. Una vez más, la música no parece ser lo más importante en una película de Wes Anderson, pero cuando se estudia con atención su papel, queda claro que sin ella nada sería lo mismo.

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