Montezuma's Revenge Montezuma's Revenge

Álbumes

Souls Of Mischief Souls Of MischiefMontezuma's Revenge

7.9 / 10

Souls Of Mischief  Montezuma’s Revenge

CLEAR LABEL RECORDS

Acostumbrados como estamos a la desmesurada frecuencia con la que algunos rappers y grupos publican discos, muchos a uno por año, sin contabilizar mixtapes y cameos, es reconfortante ver cómo hay gente a la que no le importa esperar casi una década entre álbum y álbum. Es el caso de Souls Of Mischief, que, si bien se desdoblan en diversos proyectos personales de sus miembros y se pasan media vida en la carretera, no tienen el menor inconveniente en cocinar a fuego muy lento cada nueva grabación, una buena manera de darle la importancia y el cuidado que algo como un nuevo disco merecía años ha. Y así salen los números: un total de cinco títulos en dieciséis años, una media poco habitual en el firmamento hip hop.

La banda de Oakland ha tenido que convivir durante esta década y media con una losa difícil de soportar: “93 ‘Till Infinity”, un debut histórico que ha pasado a la historia del rap y que ha ejercido de piedra angular de todo un movimiento estético y expresivo, la llamada “Left Coast”, que consiguió afianzar una alternativa sonora y también intelectual al discurso más clásico de la costa oeste de Estados Unidos. Gracias a ellos, posteriormente podrían disfrutar de cierta cobertura bandas o MCs como Dilated Peoples, Defari, Blackalicious, The Visionaries y tantos otros, fieles seguidores de ese hip hop vibrante, de raíz neoyorquina y composición más vitalista y melódica, que oponía resistencia al G-funk de brocha gorda post- “The Chronic”. Su condición de pioneros, y también una primera etapa absolutamente inolvidable, que además de su puesta de largo incluiría la creación del colectivo Hieroglyphics –de cuyo horno saldrían dos de los álbumes más infravalorados de los 90, “Fear Itself”, de Casual, y “Like It Should Be”, de Extra Prolific, dos asociados del colectivo que nunca consiguieron volver a brillar como en esa añada, el 94, cómo no–, fue determinante para sellarles el pasaporte para todas las crónicas del género, un arma de doble filo que les ha mantenido en cuarentena mediática y popular desde entonces.

Y es que en estos quince años, tanto Souls Of Mischief como sus ramificaciones vía Hieroglyphics, han seguido entregando producciones valiosas, algunas menos inspiradas y otras injustamente olvidadas, pero siempre fieles a un criterio esencialista que no han abandonado jamás. Pero han sido otros tiempos, esta década se ha mostrado bastante cruel con todo aquello que sonara vintage y que no procediera de una nueva sensación surgida del underground, de ahí su asumido tercer o cuarto plano en la escena hip hop y su vida relajada en las trincheras. Sus integrantes han editado sus correspondientes proyectos en solitario, pero el ruido se ha ido desvaneciendo sin que nadie pudiera evitarlo. Hasta hoy. Porque el cuarteto regresa a punto de liquidar la década con “Montezuma’s Revenge”, su grabación más consistente desde “No Man’s Land”, del 95. Y lo que es mejor: nadie esperaba o confiaba que así fuera.

Podrá parecer un recurso romántico para enternecer a los nostálgicos, pero la idea fundacional de este disco ya excita por sí sola: A-Plus, Opio, Phesto y Tajai decidieron recuperar el modus operandi de los 80 y parte de los 90, es decir, encerrarse en un estudio durante muchos días con el productor central del disco y no salir de ahí hasta que tuvieran lista una roca con cara y ojos. Si a esa predisposición revivalista le sumamos el hecho, vital y definitivo, de que ese beatmaker elegido para canalizar el sonido del álbum fue Prince Paul, entonces es cuando entran en liza dos conceptos apasionantes. El sonido de fábrica de Paul no tiene la frescura ni la capacidad de sorpresa e impacto de los 80 y los 90, nadie lo discute, ha perdido fuelle y relevancia, pero aun así sigue conservando dos rasgos distintivos que en “Montezuma’s Revenge” acentúa con creces: en primer lugar, su talento innato para dotar a un mismo álbum de una coherencia y una línea narrativa con los beats que sólo unos cuantos referentes de la historia han sabido repetir. Aquí el grupo suena más unido, sólido y cohesionado que en sus últimos catorce años de trayectoria, y es cierto que algunas canciones retumban menos en nuestra epidermis y que el balance global no es excelente, pero en todo momento hay una idea clara y visible de cómo han de manifestarse las canciones. No sé, incluso los momentos de bajón creativo tienen energía y alma, no parecen descartes o temas de relleno.

El segundo rasgo es la capacidad de Paul para inyectarle pasión al grupo que está produciendo. No es que “Montezuma’s Revenge” supere o iguale las prestaciones de “93 ‘Till Infinity” o “No Man’s Land”, porque entre otras cosas se nota con claridad la diferencia de años y el envejecimiento de este tipo de sonido en el contexto actual, pero sí anda a la par la motivación, la ilusión y la entrega de la banda. Es como si el hecho de trabajar codo con codo con Prince Paul ya hubiera supuesto un chute de adrenalina y excitación para los californianos, y eso se nota con mucha suficiencia a lo largo y ancho del recorrido, que les ayuda a ensalzar y revalorizar sus grandes virtudes: la magnífica interacción, llena de automatismos y actos reflejos perfectos, entre los fraseados de los miembros, que les posibilita rapear en las canciones sin estorbarse o entorpecer el ritmo, y en este disco la explotan a conciencia; la versatilidad rítmica y emocional de sus flows, que les permite adaptarse por igual a los momentos más festivos y a los más combativos; y, sobre todo, la capacidad para reivindicar el concepto de grupo de hip hop a la vieja usanza, una idea a la baja en la actualidad, en el que la compenetración, las sinergias, el buen rollo y la complementación de personalidades y aptitudes son elementos indispensables para alcanzar aquello de lo que tanto hablaron Guru y DJ Premier en su carrera: la longevidad.

Con la ayuda puntual de Domino, otro productor de la vieja guardia felizmente aquí recuperado, y con nota, además, Souls Of Mischief y Prince Paul, que recibe el premio a su fuerte implicación apareciendo en portada como si fuera miembro de la banda, apelan a la nostalgia y al recuerdo permanente de los 90. Existe un público ahí fuera que así lo pedía y ellos se han vaciado por completo para complacerle. Y sí, desprende mucho perfume retro, choca frontalmente contra las estridencias de la modernidad, es un pequeño islote de maneras clásicas y gestos conservadores y se aferra con toda la fuerza posible a la eterna idea de que en el hip hop cualquier tiempo pasado fue mejor, pero su gran mérito, como hace Clint Eastwood en sus películas, es que consiguen convertir todos esos peros en indiscutibles virtudes.

David Broc

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