Monsters Of Folk Monsters Of Folk

Álbumes

Monsters Of Folk Monsters Of FolkMonsters Of Folk

7.8 / 10

Monsters Of Folk Monsters Of Folk ROUGH TRADE

Podrían pasar por la versión posmoderna de los Traveling Wilburys (celebérrima reunión de monstruos que tuvo lugar a finales de los 80 y que permitió firmar dos discos a la suma de, nada más y nada menos que, Roy Orbison, Bob Dylan, Tom Petty, Jeff Lynne y el beatle George Harrison) pero sus carreras, prolíficas, sí, pero tortuosas también, no tienen la consistencia de las de aquellos. Porque no es lo mismo hablar de Orbison que de Jim James ( My Morning Jacket), de Dylan que de M. Ward, ni de Conor Oberst ( Bright Eyes) que de Harrison. Y no, digamos que Mike Mogis (también en Bright Eyes) no es Tom Petty. Y aunque tengan un aire desgarbado e impresentable a lo Crosby, Stills, Nash & Young tampoco su debut a este lado del rato de juerga tiene el calado (cuanto menos, histórico) de cualquier álbum de tan legendarios vaqueros de la americana que parió al grunge.

Pero será mejor que empecemos por el principio. Monsters of Folk es lo que pasó cuando Ward, Oberst, James y Mogis se dieron cuenta de que podían triturar y convertir en material recopilable todo aquello que surgía en sus ratos muertos. La cosa arrancó en 2004 cuando empezaron a coincidir entre bastidores y, a juzgar por el resultado, el proceso de concepción y creación del material fue obra de un monstruo de cuatro cabezas que permanecieron frías en todo momento, es decir, aunque cada tema sea, en cierto sentido, un complejo entramado de lo mejor de cada una de ellas, es inevitable establecer una suerte de ránking o combate de boxeo a cuatro esquinas. Y siendo así, Ward se llevaría a casa el guante de oro.

Porque sí, porque “Slow Down Jo” es el momento cumbre del álbum. Simplemente perfecta. Como el resto de aportaciones del californiano: porque el músculo blues del que presume “Say please” debería haber abierto el álbum (el arranque, el trip-hop insalubre sospechosamente James de “Dear God”, es el tema más desubicado del disco; le siguen “Magic Marker” y “Ahead Of The Curve”, lo mejor del universo James); porque “Baby Boomer” es pura camioneta al galope made in Ward, levantando polvo por una carretera secundaria, porque “Good Way” haría derretir al villano más ruin y porque “The Sandman, The Brakeman & Me” es una obra maestra en tres minutos veinte. Pero, ¿qué hay del lado Oberst del álbum? En la línea del más reciente Oberst & The Mystic Valley Band, abandonado para siempre su otro yo de ojos claros: Jayhawks más Wilco más, por qué no, Ryan Adams. Tierno altcountry desbocado ( “Man Named Truth”, “Right Place”) que roza la perfección en “Whole Lotta Losin’”, tema que captura el espíritu reunión del invento. Invento de proporciones épicas que se queda a las puertas del must have por los pelos.

Laura Fernández

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