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Deerhunter DeerhunterMonomania

8.4 / 10

Pocas bandas tan inteligentes e interesantes como Deerhunter. Pocas capaces de reinventarse y mantenerse fieles a sí mismas, de huir del encasillamiento y buscar la mutación sin dejar de ser reconocibles al instante. El camino recorrido desde el primigenio “Turn It Up Faggot” (2005) ha visto al grupo de Atlanta estilizarse progresivamente, clarificando su sonido poco a poco hasta alcanzar “Halcyon Digest” (2010), una cima creativa pero también un callejón sin salida por lo que se refería a sus aspiraciones de perfección estética. A la hora de encarar su quinto largo, la solución parece haber pasado por revisitar sus orígenes; no tanto para recrearlos sino para reencontrarse en ellos con la esencia del grupo.

Ese parece ser el principal cometido de un disco que vuelve a hacer suya aquella frase de Genet que siempre ha presidido el MySpace del grupo: “to achieve harmony in bad taste is the height of elegance”. “Monomania” no es tanto un paso adelante como atrás, aunque eso no deba verse como descalabro sino más bien entenderse como reacción. Sin querer sonar tan borroso como “Cryptograms”, ni tan perfecto como “Microcastle”, ni tan presumido como “Halcyon Digest”, comienza fuera de tono, disonante y caótico, con “Neon Junkyard” y “Leather Jacket II” plagadas de roña. Desde las primeras escuchas parece faltarle un hilo claro que le dote del empaque de sus antecesores, recordando por ello a “Weird Era Count.”, título editado en su momento como cara B del flamante “Microcastle” y que, como este, mostraba a unos Deerhunter despreocupados, divertidos.

“Monomania” no obliga a Deerhunter a demostrar nada nuevo, aunque tampoco eso signifique que hayan dejado de lado la autoexigencia. Además, hay que tener en cuenta que los “temas menores” en ellos, como ocurre con Spoon o The New Pornographers, son siempre superiores a la media. Escogidas entre más de doscientas demos, estas doce canciones no tienen una directriz sonora marcada, prefiriendo caminar cada una por cuenta propia bajo ese aura de “garage nocturno” con que Bradford Cox las ha bautizado. Y precisamente por eso resulta tan fácil querer a “Monomania”: porque muestra a qué suenan Deerhunter cuando no suenan a nada en especial. A qué suenan cuando dejan de lado noise, post-rock, shoegaze o la etiqueta que sea para facturar simple y llanamente pop-rock de calidad.

Mezcla perfecta entre su personalidad punk y sus derivas estética, “Monomania” tiene algo más de regresivo y es que les coloca cerca de leyendas del pasado antes que de colegas contemporáneos. Escuchando su magnífica batería de temas, resulta más fácil pensar en Pavement o R.E.M. que, por ejemplo, en Animal Collective. Desde “The Missing”, cantada por Lockett Pundt y muy en sintonía con el tono de Lotus Plaza, hasta el hitazo “Back to Middle”, ningún corte destaca por encima del resto, al contrario de lo que venía sucediendo en sus últimos trabajos donde siempre sobresalía un hit progresivo tipo “Nothing Ever Happened” o “Desire Lines”. Aquí todos rayan a un mismo nivel, dibujando un mismo relieve. Parecerá que la tierna instrumentación de “T.H.M.”, el trote honky-tonk de “Pensacola” o el silencio curvado de “Nitebike” no tienen nada que ver, pero funcionan a la perfección dentro de este monomaníaco catálogo diseñado por Cox y cía. Un engranaje al que la única idea que parece obsesionarle es conseguir sonar sólo a ellos mismos.

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