Monolith Monolith

Álbumes

Bong-Ra Bong-RaMonolith

7.2 / 10

Si tu hija escupe clavos y tiene un aliento de pescado podrido, Bong-Ra. Si tu hija habla en hebreo con la voz de Carmen de Mairena y se repasa los bajos con una cruz de madera, Bong- Ra. Si tu hija se retuerce de dolor cuando le pones “El Pájaro Espino” y responde “somos legión” cuando le preguntas quién hay ahí… ya lo sabes, ¿no? Bong-Ra. ¿Acaso no tiene derecho Satanás, El Lucero del Alba, El Portador de Luz, a elegir los grupos que más le gustan para el hilo musical de los ascensores del Averno?

En activo desde mediados de los 90s, el holandés Jason Köhnen se ha forjado una reputación de adamantium en los pantanos del breakcore y los sonidos extremos. Con cinco álbumes en un brillante currículum escrito con pus y orina sanguinolenta, se le considera uno de los pioneros del movimiento junto a Venetian Snares, Kid 606 o Shitmat. De hecho, a pesar de su sonido costroso, hasta el bueno de John Peel se declaró fan de su estrepitoso mundo. Y el paso de los años no ha adocenado al pitbull; de hecho, en pleno 2012 los espumarajos siguen ahí, asomándose entre los caninos, salpicando la portada luciferina (sensacional por cierto) de un CD que huele a azufre, keta y sudor heavy.

“Monoltih” es hibridación caníbal pura y dura; no es una mezcla amable, fluida y placentera. Jason Köhnen no fue elegido por las Fuerzas del Mal para plantar margaritas en el jardín de la fea de Ella Baila Sola. Lo que encierra este cuarto oscuro es un bulldozer blindado con toda suerte de pinchos venenosos, verbigracia: drum’n’bass psicótico, hip hop cavernícola, dubstep de polígono rumano, gabba sucísimo, rock casposo y un amplio catálogo de derivaciones del heavy metal que dejará sumamente satisfechos a los amantes de la distorsión eléctrica, los riffs escandinavos, los trols noruegos y los cuencos llenos de sangre.

El disco tiene truco. Una parte formada por cuatro tracks que se titula “Alpha” es la más cercana a las estructuras del rap –siempre con el filo cortante del hacha de leñador que caracteriza a Bong-Ra–. Para esta sección, Köhnen se acompaña del MC de Anticon, Sole, que clava sus rimas apocalípticas como estacas en la pezonera de un vampiro. Graves aplastantes y atmósferas de peli gore ( “Inspiration”), programaciones siderúrgicas desbocadas que meten miedo ( “Pandora’s Box”), dubstep inflado con nandrolona, speed y proclamas a lo Nitzer Ebb ( “Trillion Nemesi”), guitarrazos chunguísimos. En la encía y con rintintín.

En la segunda parte del álbum, llamada “Omega”, es donde todo se desboca. Sin raps que aprieten las costuras, Köhnen sirve cuatro desarrollos atronadores marca de la casa; el heavy metal cobra pleno protagonismo en un incendio de electrónica desquiciada que te deja los tímpanos como granos de uva mustia a base de riffs depredadores. “Dawn of The Megalomaniacs” es puro Slayer. “Artificial Flesh” parece la mutación resultante de una cópula antinatura entre Pantera y Skrillex. “Fallen Sons” hace que Goldie parezca un compositor de música para anuncios de suavizante, joder; “Crawlers” haría llorar a los miembros de Napalm Death como plañideras octogenarias. Sí, vale, todos tenemos un lado oscuro… pero algunos más que otros.

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