Moment Again Elsewhere Moment Again Elsewhere

Álbumes

Morgan Packard Morgan PackardMoment Again Elsewhere

8.6 / 10

Morgan Packard Moment Again Elsewhere ANTICIPATE

Cuando apareció el primer disco de Morgan Packard (el primero en solitario: dos años antes había publicado el estupendo “Early Morning Migration” junto a Ezekiel Honig), una de las cosas que más me sorprendió es que diera tanta importancia a que utilizaba un software diseñado por él mismo para ensamblar todas las piezas de su discurso. Un discurso intrigante y absorbente, que en una primera escucha se podía etiquetar como ambient con microsonidos (o clicks'n'cuts, si el lector gasta ya una edad), pero que en el fondo escapaba de los clichés habituales del género, buscaba vías propias por las que transitar. Y es que “Airships Fills The Sky” (Anticipate, 07), que así se llamaba la criatura, era un disco en el que flotaban partículas orgánicas (cuerdas, saxofones, acordeones) sobre un fondo de texturas difusas, de contornos indeterminados. Un fondo que permanecía estático y ronroneante hasta que, de repente, alguna melodía escurridiza emergía de la nada, alterando todo el espacio físico, provocando oleadas que repercutían de manera salvaje (es un decir) en toda la estructura melódica y rítmica del tema.

Me llamó la atención que Packard fabricara su propio software, pero al pensarlo mejor comenzó a parecerme algo lógico, sobre todo porque le permitía trasvasar información hacia otro de sus socios, el videoartista Joshue Ott, que a partir de aquella música pulsátil dibujaba en tiempo real patrones de geometría caprichosa, cuya luminosidad y coloración iba mutando con violentas sacudidas, al calor que imponía el ritmo de cada canción. Aquel era un experimento de una belleza hipnótica y serena (cuyos resultados podían apreciarse en el DVD “Unsimulatable”, que acompañaba a la primera edición de “Airships Fills The Sky”), pero sobre todo funcionaba como demostración de que se podía hacer música partiendo de cero, sin atenerse a los convencionalismos que lastran a muchos productores en la actualidad. Una filosofía que Packard ha confirmado en una entrevista reciente, al señalar que “e n teoría, puedes hacer lo que quieras con Ableton Live, pero la realidad es que te empuja hacia un cierto tipo de sonido; está empujando toda la música en general hacia un cierto tipo de sonido. Y lo más interesante acerca de los ordenadores es que hacen desaparecer las limitaciones externas. Se trata de herramientas que expanden el pensamiento, que te habilitan para crear tu propio universo”.

Packard, en fin, escribe su propio software porque está interesado en elaborar un sonido propio. Construye herramientas que le sirven para tallar sus ideas, para desarrollar un particular acercamiento a la música, que en el caso de “Moment Again Elsewhere” es fundamentalmente rítmico: en cada uno de sus temas hay multitud de elementos minúsculos que interaccionan entre sí, partículas sonoras reducidas a una versión esquelética que, al juntarse unos con otros, van produciendo complicados patrones de ritmo, puzzles de sonido en los que tiene tanta importancia la cadencia con la que se dejan caer las muestras (cadencias complicadas y no lineales, que provocan extraños efectos Doppler en el oyente) como la variedad de timbres que se amontona. Es una estrategia, la de acumular un substrato rítmico de naturaleza cinética, que se extiende a casi todos los temas del disco: a Packard le basta con reducir o aumentar la velocidad, con variar el número y tipo de capas que están en juego, para obtener resultados diametralmente opuestos: más obtusos y experimentales en “Moment” o “Insist”, más ambientales en el caso de “Elsewhere” o “Window”, cercanos al funk en “Although”. Sólo un cierto latido dub, debido antes al eco que producen tantas repeticiones cruzadas que a una voluntad de sonar jamaicano, parece hilvanar un disco al que la auténtica personalidad se la dan los instrumentos acústicos: los ya habituales saxofones y acordeones, que aquí y allá cuelan melodías entre las rendijas de la tupida malla rítmica, que incluso dan un aire a jazz nocturno a “Moment”, y sobre todo los pianos que aparecen por todas partes. Unos pianos de aire neoclásico y vocación minimalista (las sombras de Steve Reich y Philip Glass cobijan muchos de los temas), que alternan acordes expresionistas con mágicas floraciones melódicas, dando al disco un aire entre misterioso y clásico, entre cálido y sesudo; que sitúan a “Moment Again Elsewhere” en algún lugar, indeterminado y fascinante, entre el ambient, el minimalismo y la música neoclásica. ¿Ambient de cámara? No es mala definición.

Vidal Romero

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