Moderat Moderat

Álbumes

Moderat ModeratModerat

7.5 / 10

Moderat  Moderat BPITCH CONTROL / DECODER

Con Moderat sucede lo que con muchos proyectos que aúnan a músicos de bandas distintas: que se tiene la sensación de que, en realidad, cada uno de los implicados se ha escrito unos cuantos temas por su cuenta y luego se ha limitado a poner en común las coplillas con sus compinches. Esto, que pasa en todos los géneros, es particularmente habitual en la música electrónica, que siempre ha estado más predispuesta a la guasa, la remezcla y la colaboración efímera. Y mucho más a estas alturas, cuando ya no es necesario que los productores compartan horas de estudio: basta con que cada uno elabore las pistas por separado y después se las mande a su socio vía internet, en un ping pong en el que siempre habrá algún matiz reconocible como de tal o de cual; en el que siempre será posible captar algún detalle de estilo que sea marca de cada casa, aunque ese giro forzado deje a la vista quién es el auténtico responsable del tema con más claridad todavía.

En el caso de Moderat, proyecto que une bajo un mismo paraguas a los dos freaks de Modeselektor y al bueno de Apparat, esta circunstancia se produce. Y a uno se le antoja que es particularmente grave porque los tipos le han sacado a Ellen Allien manteca suficiente como para grabar “Moderat”, su disco de debut, en los míticos Hansa Studios. Los mismos en los que Bowie, Iggy Pop y Lou Reed grabaron discos aún más míticos, en sus respectivas “épocas berlinesas”. La gracia del estudio es que conserva todos los equipos analógicos de hace cuarenta años: esas mesas de mezclas con válvulas que hay que calentar varias horas antes de intentar mover un potenciómetro, esos sintetizadores del jurásico que uno no se atreve a quitar de la pared por miedo a que se hunda el edificio, esos efectos mohosos, capaces de insuflar vida hasta a un disco de Soraya. Sobre el papel, es decir, este debería ser un disco concebido, grabado y pulido a seis manos, con todo el lujo del mundo; un disco que, viniendo de quien viene, debería ser la leche en bote. Y aunque tampoco hay que protestar con demasiada acritud (el disco se gana el notable sin demasiados problemas, vamos a decirlo ya), sí que habría que dar un pequeño tirón de orejas a semejante trío calavera.

Y es que basta poner a rodar el disco para encontrarse con un ejemplo de esta complacencia que comentábamos más arriba: “A New Error”, con ese principio tan Boards Of Canada, con esos ritmos pesados y a cámara lenta, huele a Apparat por los cuatro costados. Igual que “Seamonkey”, que podría ser un descarte de la época del “Duplex”, de no ser por un cierto retortijón ácido que se revuelve allá por su mitad. En cambio, “Slow Match”, sustentada sobre un narcótico fraseo de Paul St. Hilaire, exuda rave y golferío en cada uno de sus minutos: se nota vástago de Modeselektor, a pesar del toque ventoso y analógico que se adivina en el plano de fondo. Y algo parecido sucede con “Sick With”, una especie de techno-rock-para-poner-los-cuernos-en-alto, que apenas se suaviza con los cálidos sintes que bullen en la retaguardia. Así las cosas, sólo se intuye una colaboración completa en los momentos más raros del disco (en concreto, “Porc#1” y “Porc#2”, que no suenan a nada reconocible) y en ese par de singles inapelables que son “Rusty Nails” (raro es que Ellen Allien no lo haya reclamado para su Orchestra Of Bubbles) y “Out Of Sight”, que cierra el disco con un nada disimulado toque a Burial. No es casual que esos sean los mejores momentos de un disco que, repetimos, alcanza de manera sobrada el notable, pero no refleja todo el potencial que este trío puede llegar a desarrollar: habrá que confiar en que, con el roce de las actuaciones en directo, aprendan el noble arte de la compenetración. Lo estamos deseando.

Vidal Romero

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