Missing Deadlines. Selected Remixes Missing Deadlines. Selected Remixes

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Ulrich Schnauss Ulrich SchnaussMissing Deadlines. Selected Remixes

8.1 / 10

Ulrich Schnauss  Missing Deadlines. Selected Remixes ROCKET GIRL / POPSTOCK!

Pocos artistas hay más transparentes que Ulrich Schnauss. A este alemán se le ve venir de lejos, y desde hace tiempo, desde que publicó aquel primer álbum – “Far Away Trains Passing By” (City Centre Offices, 2001)– que en el fondo parecía, y en realidad era, un homenaje al rock shoegazer, la manifestación de una pasión irremediable que daba la impresión de que le obsesionaba, le consumía en su fuego. Schnauss focalizaba todos sus esfuerzos en la nitidez de la guitarra, el brillo del sintetizador, la concisión de la batería, y sobre todo en conseguir que todos los elementos sonoros conjuntados llevaran a quien los oía, como un Flautista de Hamelín, a un arrebatamiento estético desgarrador. En conclusión, le podía la música de sellos como 4AD y de grupos como Chapterhouse o Slowdive, sólo que él lo decoraba todo con algo más de producción digital. Al fin y al cabo, el alemán quería ser un actualizador del shoegaze, no un romántico revivalista con intención de disecar el sonido.

Y mientras construía sus discos –del ya legendario “A Strangely Isolated Place” (City Centre Offices, 2003) al falto de ideas “Goodbye” (Independiente, 2007)–, el hombre del peinado en catarata accedía a entregar remixes para quien se los pidiera. En cierto modo, y por su afición a la melodía y a la textura agradable a la piel, se convirtió en una elección fácil –y además barata, con la garantía de buenos resultados– para bandas pequeñas con un cierto perfil pro-texturas y un seguimiento reducido en pequeños segmentos del mundillo indie. Entre 2000 y 2008, Ulrich Schnauss ha trabajado a destajo, completando más de veinte remixes –dos o tres por año, lo que no está nada mal y más teniendo en cuenta su sonido, su área de trabajo y su repugnancia a todo lo que signifique “pista de baile”–, y catorce de ellos están incluidos en este “Missing Deadlines. Selected Remixes” tan significativo. “Selected”, dice el título, porque ni están los que hizo para Depeche Mode ( “Little 15”) ni para Coldplay ( “Talk”), reflejos de un momento en que Ulrich Schnauss pudo haber aspirado a otro estatus, pero sí todos los que dibujan una línea de coherencia en su carrera.

Salvando sus expediciones al mainstream, lo que excluye la recopilación son sus trabajos primerizos –el remix que le dio a Johannes Schmoelling, ex Tangerine Dream– o sus flirteos con la escena lateral al dance, como aquel que le pidió Justin Robertson para “Love Movement” o la solicitud de Pete Lawrence a engrosar la familia de Big Chill. Lo que queda, por tanto, es una larga nómina de leyendas del indie, o grupos debutantes, con inclinación hacia el twee-pop, el shoegaze, el folk aéreo o el paisajismo post-rock, para los que el tratamiento balsámico, soleado de Ulrich Schnauss les quedaba como anillo al dedo. Veamos, por ejemplo, el “Setting Sun” para Howling Bells, con el que se abre la recopilación: guitarras cristalinas, tan propias de grupos como Lush como de los dedos de The Edge, y unos teclados que quieren simular el color cobre del atardecer al que alude el título. O si no, tomemos por caso el “Ghost In The Graveyard” de A Sunny Day In Glasgow, último remix documentado hasta ahora de Schnauss: una batería trepadora, musculosa, en la que cada golpe deja un reguero de oro en polvo. O la línea de sintetizador que articula el “Faithful Friend” de Katharina Franck, muy en la línea de los Kraftwerk de “Autobahn”, y por tanto romántica, a la vez que cruda y tierna. Todos los remixes comparten ese tono intimista y de euforia controlada, hambre de belleza que se esparce descontroladamente por todos lados.

El resto del material sigue el mismo cauce, lo que por una parte habla bien de las habilidades y la constancia de Schnauss, y por otro evidencia su punto flaco, que ya se apreció en “Goodbye”: tanta nostalgia shoegaze es una limitación estética que acaba por encerrarse en sí misma, incomprensible para el resto del mundo, como un chiste privado. Las piezas para Dragons ( “Remembrance”), Lunz ( “Lunz”) o los franceses Madrid ( “Out To Sea”) son anécdotas en un volumen de producción que sobresale en las remezclas para Mahogany ( “Supervitesse”, que Ulrich transforma en una especie de réplica a The Knife) y I’m Not A Gun (casi house en “Make Sense And Loose”) y que se vuelve absolutamente reverencial, consciente de que es su cuadratura del círculo, cuando se enfrenta a canciones de dos de sus ídolos, el ex Ride Mark Gardener ( “Story Of The Eye”) y el ex Slowdive Neil Halstead ( Mojave 3, los diez minutos de “Bluebird Of Happiness”). Pero si por algo se caracteriza Schnauss es por no haber mentido nunca, por haber sido coherente con sus gustos y su universo, por buscar la belleza reptante de las guitarras de luz y la electrónica de cristal a muerte, caiga quien caiga, y sin pedir permiso a nadie. Si eres de los que levitan un palmo cuando suena algo así, no lo dudes: el alemán tiene otro regalo a tu nombre.

Juan Pablo Forner

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