Minus Tide Minus Tide

Álbumes

Lemonade LemonadeMinus Tide

7.6 / 10

Merryweather Post Pavillion de Animal Collective, Young Hunger de Chad Valley o Pale Fire de El Perro Del Mar son algunos de los infinitos discos de espíritu veraniego que han acabado saliendo al mercado en meses de frío. Se entiende que en la industria musical se manejan unos plazos que no siempre permiten que un álbum aparezca cuando merecería aparecer, pero esa falta de "concordancia temporal", por llamarlo de alguna manera, puede acabar jugando en contra de la experiencia de la escucha. Con Minus Tide de Lemonade sucede justo lo contrario. Mientras escribo estas líneas disfruto de los últimos coletazos del verano, un principio de septiembre más cálido que de costumbre. Y el cuerpo pide música como la que ofrece el trío de San Francisco, ubicado desde hace tiempo en Brooklyn. Porque si algo ha caracterizado siempre a las composiciones de Lemonade es su vibración luminosa, una energía que no cuesta identificar con un carácter estival que se mueve entre la placidez jubilosa y lo extático.

Escuchar sus canciones es como tomarse una limonada casera capaz de refrescarte el alma. Como andar descalzo por la playa pisando arena caliente. O como tumbarse en un hamaca a releer tu libro favorito después de haberte puesto a bailar solo en mitad de la calle. Ese humor se acentuó claramente en su segundo disco, Diver, en el que dieron un salto claro hacia sonidos más pop después de aquella descarga de punk-funk y tropicalismo rave que fue Lemonade (2008). Con una mirada evidentemente hedonista y con el vocalista, Callan Clendenin, como director de la función, el trío dio un salto maestro hacia sonoridades más accesibles en unas canciones de texturas abrillantada que daban muestras de un alma más sensible, aún sin perder nunca de vista la pista de baile.

Con Minus Tide ocurre tres cuartos de lo mismo. Lemonade se han dedicado a darle ligeros retoques a su fórmula, a maquillarla para que sea más resultona aún, a crecer hacia los lados. Esto se traduce en unas texturas sonoras que se pueden tocar con los dedos, que te acarician la piel como hormigas subiendo por las piernas. Clendenin se ha crecido como vocalista, gastándose unos aires de divo negro (o casi) que le van como anillo al dedo a las canciones que aquí presentan. En algunos momentos recuerda a Chaz Bundick de Toro Y Moi, aunque en versión menos estridente y más firme (también tiene sus momentos en los que se muestra más vulnerable y sedoso). Con él también comparten una vocación por ofrecer una mirada abierta y panorámica hacia todo tipo de géneros con un cierto acento bailable. Hay synth-pop, R&B, bases house, dream-pop, balearic pop… todo bien agitado y mezclado para servirse en un cóctel refrescante, tropical y altamente adictivo. Justo lo que apetece a estas alturas del verano.

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