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Secret Cinema Secret CinemaMinerals

6.5 / 10

Secret Cinema  Minerals GEM RECORDS

Holanda huele a marihuana tibetana, a tulipanes frescos y a techno. En los dos primeros aromas, Jeroen Verheij no tiene absolutamente nada que ver. Pero los efluvios technoides que se respiran en la patria de Louis Van Gaal se deben en gran parte a la labor de este veterano que, ya en los años 90, marcaba el paso de los fiesteros autóctonos y europeos. Conocido también por los seudónimos Grooveyard y Meng Syndicate, este experimentado DJ y productor se ha cobijado en su alias más respetado, Secret Cinema, para culminar un largo trayecto en forma de 12”s, EPs y remezclas varias que le ha llevado a toda suerte de festivales, clubs y afters ibicencos desde el 94 hasta ahora.

Y en “Minerals”, primer larga duración para su sello Gem, el tipo ha puesto el costillar entero en el asador, eso es indudable. No deja de resultar curioso el formato del álbum, un recurso tan 90s que enternece y todo. Verheij nos ofrece un CD de techno con temas propios en formato sesión –y trote del duro en su segunda mitad– y luego nos regala otro CD de ambient tántrico para bajar el ciego y dormir la papa con la sonrisa de un bebé. Alguien tendría que explicarle que los pajareos actuales ya no son así, y que la gente va a casa a meterse más farlopa, no a fliparlo a base de canutos y new age. Pero eso ya es otra historia.

Lo que nos interesa, más allá de tópicos de los años 90, es el steak tartar crudísimo de bombos, sintetizadores y progresiones que encierra el disco más movido. Ahí nadie puede soltar una sola broma a costa de Secret Cinema, pues la carrocería del bulldozer está pulida al extremo. Si algo bueno atesora este productor es que tiene medio cerebro puesto en la pista y sus tracks bailables van a piñón fijo, directos al cerebro reptiliano del clubber, sin media tintas ni maquillaje innecesario. El bombazo que supuso el maxi “Shake Ur Tech-Ass” para Coccon en el 2009 le avala con creces.

House caluroso y metálico ( “Smooth Talc”), tech-house para festivales playeros ( “Topaz”), techno de la vieja escuela ( “Smoky Quartz”), Detroit con anabolizantes ( “Calcite Night”), ruido blanco ( “Interlude-Passage”): a pesar de su coraza pistera, no hay rugosidades o callos. La piel del sonido Secret Cinema es gruesa y está gastada, sin duda, pero no hay pústulas hardcore ni ronchas de sudor trucheras. Todo muy clásico, conservador y con los galones de un veterano que tiene el culo pelado en cuestiones de dancefloor. Otra historia es el extraño artefacto que nos depara en el segundo CD: una colaboración paisajística con Mental Youth (Dirk-Jan Hanegraaff y Robert Kroos) de ambient abstracto y planeador; new age, en resumidas cuentas, cuajado, dicen, a partir de los sonidos del disco de techno. Admito que con un Valium y un buen canuto te pasas media hora de tu vida creyéndote que eres el mismísimo Sargent Pepper: algo es algo.

Óscar Broc

''Calcite Night''

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