Mind Raft Mind Raft

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Deradoorian DeradoorianMind Raft

6 / 10

LOVEPUMP UNITED

Se comentaba en estas mismas páginas hace un par de semanas que lo de ver a los más recientes Dirty Projectors en directo, si les cazas con buen pie y en un buen día, puede ser toda una experiencia para recordar. Y buena parte de su empaque, además de en su excentricidad natural, en su gusto por las armonías inusuales y esas guitarras con sabor a blues malinés cubista, reside en el asalto vocal del sector femenino del grupo. Por eso, ya venía siendo hora de que parte de ese frente femenino se lanzara a lucir garganta al margen de Dave Longstreth.

Tras varios años dedicados a macerar ideas propias entre discos y giras de la banda, a garabatear canciones entre paseos, tazas de te y migas de tofu, la primera en atreverse a cortar el cordón umbilical para probar a flotar sola -aunque sin perder nunca de vista la nave nodriza de Dirty Projectors- ha sido la menuda Angel Deradoorian. Este “Mind Raft”, un disco de medio formato en el que caben cinco canciones de rasgos físicos bien diferenciados, supone su puesta de largo "en solitario". En solitario aquí quiere decir con ayuda de Longstreth, de Brian McComber (batería de Dirty Proyectors), del guitarrista Robby Moncrieff (que también echa una mano con la producción del disco), de su hermano Aram y un par de amigos dedicados al golpear de tambores.

Vale que la experiencia ganada en las filas de los Projectors cuenta, que haber crecido en el seno de una familia dotada para la música -sus dos progenitores se dedicaron a tocar jazz cuando eran jóvenes- seguro que ayuda, pero para tratarse del debut de una joven de apenas 22 años, de las primeras canciones grabadas nunca de forma seria por su propia cuenta y riesgo, el disco suena sorprendentemente maduro. Maduro en el buen sentido, en el de alguien que saber esperar, que demuestra contención y oído fino para los matices, que deja que las canciones respiren despacio y hondo, otorgándole el debido valor y espacio a silencios y a sonidos. A pesar de su tendencia a los ambientes oscuros, la música de Deradoorian se las apaña para sonar persuasiva, serena. Exhibe un sello musical suficientemente propio que por momentos parece fundado en estéticas lejanas y atípicas, distintas de las que cabría esperar encontrarse en la libreta de anotaciones de una joven postadolescente inmersa en los ritmos propios de ese hervidero de agitación hipster y militancia lo-fi que es Brooklyn en el tiempo presente.

Angel salta entre estéticas y generos con naturalidad, modestia y pericia. “Weed Jam” desprende un extraño aire atávico, combinando rítmicas perezosas y cadentes a la manera del viejo trip-hop de Bristol con unas intenciones vocales que parecen remitir a las tradiciones folclóricas del este de Europa. Cuesta no pensar en aquel “Misterio de las voces búlgaras” que en la segunda mitad de los ochenta llegó a oídos del mundo pop independiente anglosajón gracias a la determinación de Ivo Watts-Russel y su sello 4AD. “You Carry The Deed” sorprende por su desnudez (tan sólo una guitarra enchufada pero límpida, y voces, esponjadas por algún ocasional ataque de vientos calmos) y sus aires soulful (piensa en un número r&b folk, un punto sobre la línea que une a India Arie y Shuggie Otis), mientras “High Road”, sostenida por cajas de ritmos secas y goteos sintéticos, podría interpretarse como un reflejo lejano y de cuerpo sedado de la canadiense Feist, o incluso como tibia respuesta americana, orgánica y lo-fi a la Fever Ray que más se mira en el espejo de los ochenta. “ Moon” despide esta modesta sucesión de hits emocionales bañando un ciclo repetitivo de guitarra acústica en reverb. Ese es el casi único acompañamiento de un velo de voces que parecen querer volar hacia el Oriente Medio, como si la voz de la Kristin Hersh de "Hips and Makers" se mezclara con la llamada al rezo, el 'Al-Adhan', de un muecín, justo antes de que la canción mute, se electrifique y se tiña de blues, como recordando los sueños mojados de unos Sharkboy convertidos a la fe de la repetición tensa de los primeros Le Fly Pan Am.

Quién quiera fogosidad y ardor adolescente, invenciones o efectismos propios de trendsetter, que mire hacia otra parte. Aquí todo lo domina la intoxicante voz de Deradoorian, invitando a la calma densa. El conjunto del disco puede sonar por momentos pendiente de un último pulido, falto de algún tipo de arrebato, de más turbidez o músculo. Ya habrá tiempo de ir enmendando flaquezas. Esto es sólo el principio de una historia que nos deparará seguro mayores sorpresas en el futuro próximo. Debut más que prometedor.

Luis M. Rguez

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