A Million Horses A Million Horses

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Agnès presents Cavalier Agnès presents CavalierA Million Horses

7 / 10

Agnès presents Cavalier  A Million Horses DRUMPOET COMMUNITY

Hinca la oreja en los auriculares y deja que las profundidades del house de Agnès te envuelvan. El descenso es plácido, refrescante; ahí abajo no hay ni oscuridad, ni frío glacial, ni fauna bioluminiscente. Sólo veo atlantes cachondas a punto de lamerme la oreja y glamour submarino. Mucho glamour submarino.

Estamos ante un estajanovista del tech-house más abisal. Lleva las riendas del sello Sthlmaudio Recordings, pincha en todas partes, mantiene una presencia sostenida en el mercado gracias al uso de distintos alias –Modeste, Benelli o Ray Valioso– y ha encontrado cobijo en sellos como Plak, Perspectiv o Resopal. Con un solo nombre y una sola plataforma el tipo no tiene suficiente para desatar todo su caudal creativo, una fuente inagotable de house cósmico y dub techonide que escapa de su cerebelo en abundantes espumarajos de groove espacial.

Su tercer álbum, el primero como Cavalier (sobrenombre con el que ya había dejado dos EPs para el sello de Zurich Drumpoet Community), es otra inmersión en el mismo sonido que lleva años explotando y puliendo sin caer nunca en la reiteración. Pocos pueden permitírselo, pero Agnès tiene un don especial para encontrar el punto G de los amantes del deep house y del techno-dub cada vez que pisa el estudio. Sus producciones están repletas de detalles, cada elemento sale de la mesa de mezclas con una limpieza prodigiosa, se detecta siempre una ambición que va más allá del simple baile intuitivo; hay en sus tracks devaneos paisajísitcos y atmósferas que invitan a la ensoñación del clubber. La elegancia y la sensibilidad son fundamentales cuando te mueves en esta horquilla de frecuencias profundas, y Cavalier va sobrado de ambas cosas.

Así pues, sin ánimos de cambiar las reglas del juego y sin la más mínima pretensión de intelectualizar una voz eminentemente dance, Agnès articula con suma belleza un discurso de orfebrería bailable para lectores adultos. Los sintetizadores hipnóticos, las cuerdas disco narcotizadas y las cajas de ritmos metálicas de cortes como “Kabardin” o “Brumpy (Low Pembina)” –de lo mejor del LP– demuestran el exquisito gusto de nuestro hombre. El candor jazzístico y los bajos brumosos de “Einsiedler” nos hablan de un esteta de tomo y lomo. Y los momentos más alejados del house, y más cercanos al tam-tam de mayor pegada – “Frederiksborg (What If)”, “Palomino”– derivan hacia un techno-dub esponjoso, burbujeante, lleno de vida a pesar de hallarse en las profundidades más hostiles del lecho electróceanico. Por si fuera poco, el tratamiento de los graves es sencillamente perfecto: ondulan, se desparraman en tu cerebro y te lanzan ligeras descargas de placer a las zonas erógenas. Y es que “A Million Horses” es un motor con muchísimos caballos que suena con una suavidad casi erótica. Necesario apagar las luces, aguantar la marihuana en los pulmones y poner el bass al máximo: aquí lo importante es el viaje, nunca el destino.

Óscar Broc

“Uzunlayla (Hallucinatory Narcosis)”

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