Milk Famous Milk Famous

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White Rabbits White RabbitsMilk Famous

6.2 / 10

Si eres músico y tienes que enfrentarte a ese momento, siempre crítico, del tercer disco –que es esa hora de la verdad en la que está en juego tu futuro–, es cuando resulta obligatorio cambiar de estrategia y hacerte el interesante, y más si resides en Brooklyn. La eterna pregunta del renovarse o morir ha estado en las cabezas de White Rabbits. Desde que emergieran en 2007 con aquel tratado honky tonk calypso titulado “For Nightly” (Say Hey Records, 2007), la banda siempre ha figurado en la letra pequeña de los festivales y en el corazón de los exploradores del indie-rock underground. Con su segundo trabajo, “It’s Frightening” (TBD Records, 2009), intentaron imitar con éxito relativo a sus adorados Spoon (por algo fue que Britt Daniel les produjo el disco). Y en este “Milk Famous” no sólo quieren seguir dejando claro que tienen a los autores de “The Way We Get By” como referentes ineludibles –quizá con un punto de copia obscena–, sino que además se quieren alejar, consciente y vertiginosamente, del camino de crecimiento internacional que les había llevado hasta aquí.

Como ya ocurría en “It’s Frightening”, vuelven a oscurecer y a ralentizar su sonido para alcanzar, aunque sea de manera ilusoria, un punto de madurez. White Rabbits pretenden luchar en desigualdad de condiciones en la liga de Radiohead (si no fuera por su estribillo, “Hold It To The Fire” podría haber colado en algún disco de los de Thom Yorke). Nos parece muy bien que lo intenten, pero el asunto huele mal cuando tras la escucha de estas once nuevas canciones, más allá de ese intento de hit titulado “Temporary” o la guitarra cabreada de Alexander Even en la apertura de “Heavy Metal”, el disco acaba bordeando lo anodino, aportando pocas novedades a su discografía.

En definitiva, les falta garra, mala leche, melodías memorables y ganas de empatizar (y emocionar) con su público. Lo tienen muy difícil para salir victoriosos con su próximo disco, siendo éste un título tan irregular. Fastidia comprobar que tienen talento para sacar un rendimiento mayor y mejor, pero que no acaban de potenciar sus virtudes. Porque otra cosa no, pero con dos bestias pardas de la batería como Matthew Clark y Jamie Levinson podrían comerse el mundo si asentaran su cabeza y no quisieran sonar a un digest de bandas más que conocidas y asimiladas.

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