Mid Air Mid Air

Álbumes

Paul Buchanan Paul BuchananMid Air

7.8 / 10

Meses después de la publicación de “High”, el último disco de The Blue Nile, Paul Buchanan realizó una serie de conciertos en solitario que hacían presagiar un futuro aún más incierto para un grupo cuyo porvenir siempre había estado en la cuerda floja. Cuatro álbumes en veinte años, un promedio de álbum por lustro, casi nada, es una pista más que indicativa sobre la fragilidad de un proyecto que en todo momento ha vivido sujeto a las ganas, la inspiración y la motivación de su líder, uno de los cantantes más emotivos que ha dado Escocia pero también uno de los más esquivos, huraños y perezosos. La aparición de “Mid Air”, ocho años después, y firmado con su propio nombre, en cierto modo echa por tierra cualquier posibilidad de retorno del grupo, sobre todo después de que el propio cantante confesara hace un tiempo que ha perdido todo contacto con el teclista de la banda, Paul Joseph Moore. Como consecuencia de todo ello, y con el añadido de la muerte de uno de sus mejores amigos, factor importante para entender el tono de este regreso, Buchanan decidió cortar de raíz y grabar un disco con el único acompañamiento de un piano y de puntuales y muy esporádicos arreglos de cuerda.

“Mid Air” enlaza estrechamente con discos como “Closing Time”, de Tom Waits, o el debut homónimo de Mark Hollis. Música de madrugada, triste y nostálgica, que aprovecha el silencio como un elemento más de su engranaje, formalmente austera y de máximo refinamiento estético. Son canciones breves, la mayoría por debajo de los tres minutos, en las que Buchanan incide en lo que mejor sabe hacer: sugerir imágenes de relaciones rotas, noches en vela, recuerdos tormentosos, pérdidas emocionales y transeúntes perdidos en la inmensidad de una gran ciudad. Pero esta vez, a diferencia de “High”, por ejemplo, que remitía a un sonido más ochentero y a una dinámica de banda algo más apolillada, la manera de materializar sus historias de melancolía nocturna es atemporal, ajena por completo a cualquier contexto o connotación estética, el tipo de álbum que podrás escuchar de aquí diez años y no habrá perdido un ápice de su vigencia. Es clasicismo en la mejor tradición posible de los cantautores con piano, y con la voz del escocés como reconocible y todavía hoy fascinante leitmotiv de sus canciones.

Desprovisto de guitarras, bajos, baterías o esos sintetizadores marca de la casa que durante años patentaron el sonido de su banda, la propuesta de Buchanan, pura e íntima, suena aún más conmovedora, como si tuviera más fuerza que nunca. Ya no sólo es por culpa de esa voz siempre a punto de quebrarse, sino por la sutileza con la que el piano acompaña sus fragmentos de vida, memoria y desamor y por la utilización de los silencios y los tiempos muertos, que le da un tono más insomne al contenido. “Half The World”, “Cars In The Garden”, “Wedding Party” o el tema titular son las perlas que esconde un disco sigiloso que apenas hará ruido este año pero que está destinado a convertirse en la banda sonora de esas madrugadas en las que cuesta conciliar el sueño pensando en todo lo que pudo haber sido y nunca fue.

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