Michael Michael

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Michael Jackson Michael JacksonMichael

6.8 / 10

Michael Jackson Michael EPIC-SONYBMG

Gorro ladeado. Tiritas en la punta de los dedos. Camisa abierta. Morros alzados. Camiseta imperio blanca marcando costillar. Berrido histérico con ventisca: ¡Aaaaaaaaah! Giro de 360º. Calcetines nucleares dejando una estela en el aire. Mocasines negros moviéndose a la velocidad de un colibrí. Simple y llanamente Dios. No hace falta tener mucha nariz, perdón por el chiste fácil, para husmear la genialidad cuando la tienes delante del jeto. Michael Jackson pudo ser lo que queráis, pero con sólo verle uno ya sabía que se trataba de una puta estrella. Estaba en otra liga, una línea de competición en la que nadie ha conseguido jugar nunca. Me río de los Beatles. Me río de U2. Me río de Lady Gaga. Me río de Abba. Me río en su cara. Jacko fue mucho más grande que todos ellos, mucho más grande que Jesucristo –John Lennon, te equivocaste, socio–, un agujero de gusano en el continuo espacio-tiempo del pop que nunca se repetirá y que volvió del revés a fans, industria, músicos, cantantes y toda criatura racional que se cruzara en la línea imaginaria de su moonwalking.

Dicho esto, la pregunta es muy sencilla: ¿Es necesario resucitar antiguas grabaciones para exprimir el mito? Respuesta fácil: me la suda. Es del todo justo y respetable que sus herederos se lucren cuanto puedan con su legado, faltaría más. Y si no, que le pregunten a Priscilla Presley. O a la familia de Tupac. A estas alturas, aferrarse al lamentable argumento de la mercadotecnia y el hambre pecuniaria sería untar el churro en un topicazo progre que apesta cosa mala. Por mucho que salgan discos oportunistas de MJ y se cuenten los fajos sobre su tumba, el tipo no dejará ser el Rey del Pop, el negro que todos los blancos quisieron ser o el blanco en el que todos los negros quisieron convertirse. De hecho, me parece mucho más escandaloso e inaceptable el maltrato psicológico y la mofa de la que fue objeto en sus últimos años de vida que esto, coño, que nos escandalizamos por nada y luego somos los primeros en sufrir de priapismo cuando vemos montones de billetes –aunque estén manchados de sangre–. Además, por si fuera poco, lo mejor de todo el tinglado es que estas diez canciones post-mortem tampoco son el insulto que muchos habían vaticinado. De hecho, todos los cortes suenan perfectamente acabados y cincelados en el estudio y, aunque se acercan más a los postulados del Jacko más actual (y menos inspirado), tienen autonomía propia y conforman perfectamente lo que podríamos denominar un disco legítimo del maestro, si éste siguiera vivo. Hay cosas interesantes en “Michael”, hay más respeto en este disco por el hombre del que hubo por parte de los mamones que decidieron crucificarle por su piel lechosa, su nariz menguante y sus dudosas filias. Y eso es decir mucho.

“Hollywood Tonight” tiene el nervio disco-funk de su etapa post-melanina: uptempo, cuerdas y vientos a porrillo, coros tamizados de fondo, beatboxing marca de la casa –achukipuk achikupuk– y MJ metiéndole caña a los versos con su inconfundible estilo rapaz. La producción de Teddy Riley y Neff-U es pulida, reluciente, huele a ambientador caro de sala VIP y ejemplifica perfectamente el tono del LP. “Keep Your Head Up” es la clásica balada jacksonesca destinada a poner la piel de gallina a los blancos y la piel blanca a los negros. “Monster” es un gran corte, ofrece pasajes que evocan los mejores momentos de “Smooth Criminal” –adoro el sonido de cristales rotos– y sólo tiene una pega: el rapeado absurdo y sobrante de un 50 Cent que no pinta nada en este berenjenal pop. “Breaking News”, otro track brillante, sigue la misma línea de excelencia R&B, y encima MJ se queda a gusto rajando de los que rajaron: “Todos quieren un pedazo de Michael Jackson”, nos dice con los dientes apretados. En esta tesitura, el dúo que se antoja más grotesco –con Lenny Kravitz, ni más ni menos– termina convirtiéndose en una decentísima ducha de soft-rock melódico, ideal para anuncios de coche. Tampoco decepciona el single con Akon, “Hold My Hand”: clásico tema melifluo con violines y pianos à la Clayderman; un torpedo perfecto para dinamitar las listas navideñas.

Sin embargo, resulta curioso y revelador que la mejor pieza sea la que MJ se guisa y come solito. Sin ayuda. Sin raps. Sin dúos casposos. “Behind The Mask” es un delicioso caos de funk robótico, con toques de electrónica psicodélica, una magnífica melodía y un saxo deliciosamente kitsch que huele a la misma laca de que usaban Kenny G y Michael Bolton. Es la prueba de que, cuando quería, Jacko era capaz de recuperar ni que fuera una partícula de la llama que hizo que todos soñáramos con un guante de lentejuelas y el mejor juego de pies de la historia de la música. ¡Dah!

Óscar Broc

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