Micah P. Hinson & The Pioneer Saboteur Micah P. Hinson & The Pioneer Saboteur

Álbumes

Micah P. Hinson Micah P. HinsonMicah P. Hinson & The Pioneer Saboteur

8.1 / 10

Micah P. Hinson  Micah P. Hinson & The Pioneer Saboteur FULL TIME HOBBY / HOUSTON PARTY

A los 19 años salía de la cárcel y a los 23 tenía en la calle su primer disco, un sincero y oscuro puñado de murder ballads titulado “Micah P. Hinson & The Gospel Progress”. Seis años después, y a punto de cumplir los 29, Micah sigue cantándole al abismo pero el abismo ha dejado de echarle el humo a la cara. Remitió su terrible dolor de espalda (¿acaso puede acabar una pelea entre amigos en una lesión lumbar francamente seria, tan seria que hasta obliga a pasar al afectado por el quirófano? Tratándose de Micah, todo parece posible, incluso que los justamente olvidados The Earlies te salven el culo), remitió su mala suerte con la chicas (el cantautor está felizmente casado desde 2007 y no precisamente con la viuda negra que casi se lo lleva a la tumba) y remitió su afición a los tranquilizantes. Y no sólo eso, sino que Micah escribió una novela (titulada “You Can Dress Me Up But You Can’t Me Take Me Out”, que se publicará el próximo mes de noviembre en la pequeña editorial Alpha Decay en exclusiva mundial) y hasta firmó un disco de versiones de sus canciones favoritas (antológica fue su revisión country noir del “My Way” de Sinatra), “All Dress Up And Smelling of Strangers”, que hasta ahora figuraba como última referencia de su catálogo. Pero fiel a su cita (el chico publica nuevo álbum cada dos años desde que debutara en 2004), Micah acaba de lanzar su cuarto largo: “Micah P. Hinson & The Pioneer Saboteurs”, repitiendo fórmula (lo de rodearse de colegas, reunirse en cualquier estudio, hasta en su propia casa, y luego bautizar a la banda mutante con el nombre que le parezca más oportuno, el segundo fue The Opera Circuit y el tercero The Red Empire Orchestra y ahora, The Pioneer Saboteurs) y volviendo a pisotear su corazón para servírnoslo en un cuenco de madera (¿Soy yo o “A Call To Arms” es una de las canciones más bonitas y emocionantes que ha escrito el de Texas? ¿Soy yo o el cierre del álbum es, simplemente, espectacular? Casi 12 minutos instrumentales que resumen la vida del chaval: nació en el ruido más sucio y se aleja hacia el valle encantado).

“Eso es lo que hago. Esa es mi lucha. Hacer algo partiendo de la nada, apartar los fantasmas del cielo y forzarles a que me cuenten sus historias, es desesperante en ocasiones, y terrorífico, pero también es una de las cosas que hacen que la vida valga la pena”. Es el propio Micah quien habla. Dice que es feliz porque su mujer le deja ser exactamente “lo que soy y cómo soy”, a la vez que le mantiene en el buen camino. La chica, por cierto, se llama Ashley y trabaja en un hospital psiquiátrico. Viven en una pequeña casa cerca del zoo (de Abilene, Texas) y tienen un par de chihuahuas. Y digamos que si su último trabajo suena esperanzado (en la mística “2s And 3s”, por ejemplo) es porque él lo está, aunque cuando es cuestión de servir pedazos de su maltratada alma, echa un vistazo al retrovisor y construye artefactos tan complejos y dolorosos como “The Striking Before The Storm” o “The Cross That Stole This Heart Away” (corte llorón de casi ocho minutos, cuatro de los cuales los dedica a introducirnos en una habitación de una única ventana, por la que respira la melodía, a base de un lúgubre violoncello y un sampler apisonadora).

Es decir, Micah sigue atorméntandose, pero no porque su novia (mayor y viuda y adicta al valium) le esté puteando (y esto incluye pedirle que salga a por pasta para más de lo que sea, sin pensar en cómo pueda conseguirla), ni porque su padre, el predicador, le haya echado de casa (eso fue lo que hizo el tipo cuando se enteró de lo que su hijo estaba haciendo con la viuda yonqui), ni porque las noches en la cárcel son demasiado tristes y los clientes al teléfono suenan demasiado estúpidos (mientras vagabundeaba pidiendo alojamiento en casa de amigos, justo después de que su padre le pusiera de patitas en la calle, Micah trabajó vendiendo cosas por teléfono), se atormenta porque todo eso pasó, pero la tranquilidad, la seguridad que le da sentirse a salvo de todo aquello, convierte su tormento en arte, sin más, Arte en mayúsculas, tormento triturado y transformado en algo más que una canción triste (a vueltas con el espléndido arranque: “ A Call To Arms” es, sencillamente, superior), una canción que no busca culpables, sólo recuerda, la canción nostálgica ( “My God, My God”), la canción poema ( “Dear Ashley” o la mejor de las formas en que puedes agradecerle a la mujer de tu vida que se haya cruzado en tu camino), la canción plegaria ( “Stuck On The Job” suena a partida y sùplica a la vez) y así hasta completar los doce temas de un álbum sosegado, decididamente bello y, más que nunca, cuerdo y profundamente agradecido.

Micah estuvo en el infierno y regresó con vida (y en ese sentido, “The returning”, el corte que cierra al álbum, no puede ser más demoledor: alt-country noise, siete atronadores minutos que desembocan en un mar de calma orquestado, en sintonía con el resto del álbum, a todas luces el más sinfónico de su carrera), pero ahí están todos esos recuerdos, y aunque se les apunte con la pistola (la portada del disco es, como siempre, puro misterio) no piensan irse a ningún sitio. A menos que nos los llevemos todos nosotros. Sí, Micah P. Hinson tiene una dura competencia. Hay otros tipos tristes en el mundo. Tipos tristes que escriben tres canciones al día (como Will Oldham) y otros, como su amigo Eric Bachmann (ex Archers Of Loaf ) que están abandonando una prometedora carrera en solitario por falta de malos ratos, y los hay, como Damien Jurado, que nunca se casarán con nadie (y si lo hacen, acabarán tirando su anillo al río y dedicándole una canción dolorosamente triste), pero pocos tienen tras ellos una historia verdaderamente sórdida. Porque… ¿qué no daría Nick Cave por haber salido de la cárcel a los 19? Ese es el principal activo de Micah. Y él lo sabe. Por eso se toma dos años entre disco y disco. Cada dos años, Micah hace borrón y cuenta nueva. Reconstruye una y otra y otra vez su mundo tambaleante y nos sirve un pedazo. Disfrutemos de él, chicos.

Laura Fernández

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