Mexican Hotbox Mexican Hotbox

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Danuel Tate Danuel TateMexican Hotbox

7.5 / 10

Danuel Tate Mexican Hotbox WAGON REPAIR

Techno + jazz + funk = groove. Techno + jazz + tupé engominado = Danuel Tate. Ser miembro de Cobblestone Jazz (y The Modern Deep Left Quartet) te da un superpoder especial, como si te picara una araña radioactiva y pudieras trepar por las paredes como un mono tití, como si una detonación de rayos gamma te convirtiera en un guisante vigoréxico capaz de masticar camiones y hacer globos con ellos. El don de Danuel Tate es una intuición alienígena para encontrar el groove. Los efluvios radioactivos de Cobblestonelandia han transformado su napia en un radar biológico de precisión rusa a la hora de dar con el pianillo, con el bajo, con la guitarrilla, con el beat más groovy. Cual tocino entrenado en busca de trufas. Snif, snif, ¡ahí! “Mexican Hotbox” no engaña: a este tipo le va el coolness cosa fina.

Con un par de EPs en Wagon Repair en el bolsillo de atrás, el habilidoso teclista, nacido en la Columbia Británica y afincado en el frío berlinés, ha decidido dar un puñetazo en la mesa y proclamar a los cuatro vientos que sabe hacer música como el que más, que no es un simple comparsa en la jerarquía cobblestoniana. Y es que aquí podemos estudiar, sin medias tintas, desde dentro y en todo su esplendor, la maquinaria musical de Tate, engranaje a engranaje, sin nada que nos impida descifrar sus códigos. Unos códigos rápidamente detectables (y disfrutables): ajusta sus carnes a la suave lycra del techno-house más elegante –ahí está la base de casi todos sus cortes– y, cual lluvia de purpurina negroide, espolvorea la tela con ecos latinos, percusiones marismeñas, arrebatos de funk, pedorretas minimalistas, voces robóticas estilo “I Just Call To Say I Love You” y, sobre todo, ensoñaciones jazzísticas de primerísima magnitud.

El corte de apertura, “Mexican Hotbox”, es un tratado de cinco minutos de cosmología techno-funk en el que podemos vislumbrar las claves de su plan maestro: sintetizadores a pleno rendimiento, voz filtrada con vocoder, nervio pistero, apliques de jazz, vientos latinos y elegancia llevada al paroxismo en la ejecución. Es el sello que encontramos en todo el songlist, los elementos con los que juega Tate para dibujar un trayecto bastante ecléctico que aporta una nueva visión a los postulados que hasta ahora habíamos leído en el Nuevo Testamento de la iglesia Cobblestone Jazz. Sus dedos se mueven más rápido que los de una adolescente tecleando un SMS para sus amigas en la Blackberry. Y se nota: los pianos, teclados futuristas y sintetizadores ambientales son requisitos imprescindibles en el grueso del cancionero. El Rhodes se convierte en un arma de destrucción masiva en sus zarpas. El ejemplo más claro de su virtuosismo digital son los caracoleos pianísticos de “O.K. Then”, un tema saltarín que podríamos calificar como latin jazz marciano. Hace lo mismo en “Californa Can Can”, pero esta vez sobre una base indiscutiblemente minimal, surcada por una improvisación a los teclados y enriquecida con unos bongos.

En los momentos más lounge es donde quizás se entrega con menor mesura a sus pulsiones jazzísticas –el breakbeat relajado de “Shoothingblanks” es perfecto para que los keyboards asuman todo el protagonismo–. Pero donde hay que posar el ojo es en los pasajes que no le pierden la cara al dancefloor, pues parece ser ahí donde experimenta con mayor gusto y contención: “Ill Be Your Whatever” nos depara una sesión de psicodelia funk que comienza en clave de house lisérgico y termina en una fiesta de latin drum’n’bass para los amantes del groove. En “Careful Mind” consigue un blend perfectamente equilibrado entre jazz –se oye un saxo por ahí–, house de etiqueta –bombo, platillo y brillantina– y disco ochentas –el vocoder una vez más–. En “Populatio” se recrea en una sobredosis de sintetizadores estilo Lemmings y ajusta sus probaturas a un esqueleto de techno-funk salsero que haría bailar al zombie de Celia Cruz. Hay elegancia, hay variedad, hay clase y, contra lo que pueda uno deducir del título, gracias a Dios no hay mariachis. Chinga tu madre.

Óscar Broc

Danuel Tate- Mexican Hotbox

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