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Liars LiarsMess

8.1 / 10

El año pasado Liars fueron una de las pocas bandas que tocaron a la vez en Primavera Sound y Sónar. Esto ocurre con muy poca asiduidad y menos con grupos no vinculados estrechamente a la electrónica. Pero lo contamos para ejemplificar el cambio que ha dado el trío neoyorquino en los últimos años. Su música siempre había tenido un componente bailable, de hecho, se les etiquetó, entre otras cosas, como dance-punk, una etiqueta con la que no se sienten excesivamente a gusto. Su disco de hace menos de dos años, Wixiw, fue toda una revelación. Más electrónicos que nunca, pero aún así sonando puramente a Liars, era lógico que los dos festivales se fijasen en ellos y compitiesen por tenerlos en su cartel. Fue posiblemente su mejor álbum hasta la fecha. Se trataba de una declaración de intenciones de algún modo frágil y difícil de interpretar, como si estuviesen dando un giro definitivo hacia la electrónica más salvaje, un adjetivo que siempre les ha acompañado, y que se acentuó en “Brats”, un corte brutal que anticipaba lo que estaba por venir. Y no es más que su séptimo disco ya, “Mess”, una absoluta locura en la que estos tres terroristas se han desmelenado del todo y han dejado suelta toda su energía más descarnada y descarada.

Digámoslo claro, “Mess” es un disco con muy mala hostia. Ya lo explica bien su líder, Angus Andrew. “Somos reaccionarios, o quizá una palabra mejor sería banda esquizofrénica. Vamos de un extremo al otro. Trabajar en el último disco estuvo lleno de dudas y paranoias, y eso está bien, pero eso sólo significa que cuando empezamos a trabajar en éste fue completamente opuesto al anterior. Fue bastante más instintivo, divertido y estábamos más seguros de nosotros mismos”. Todo esto queda claro desde la primera canción, “Mask Marker”, donde una profunda voz da una serie de comandos: “Take my pants off, use my socks, smell my socks, eat my face off, eat my face off, take my face, give me your face, give me your face”. Es como un violento retorno a esos 80 de Nitzer Ebb y compañía. Se nota que este disco lo publica Mute y cuenta con la mezcla de Timothy “Q” Wiles, quien produjo recientemente a VCMG, el aclamado proyecto de Vince Clarke y Martin Gore en su vuelta al techno más descarnado.

“Vox Tuned D.E.D.” es bilis pura con ese beat contundente e implacable y un Angus Andrew con un registro de lo más grave. Desde luego, impone mucho más que en “Wixiw”, es más fiero y estamos deseando ver cómo se las maneja con sus afamadas artes de frontman en los próximos conciertos. Incluso cuando le da por tirar de falsete como en “I’m No Gold” tiene un aire desconcertante. “Pro Anti Anti” es un pelotazo de cojones que empieza como un tema de Underworld pero con una potencia inusitada. Es de esos cortes que va a hacer mucha pupita en directo. De esta primera mitad que se completa con la ya conocida “Mess On A Mission”, que cada vez es más pelotazo, sólo “Can’t Hear Well” baja un poco el listón y la intensidad. Luego “Mess” entra en una suerte de dimensión desconocida y oscura con cortes menos amables. La instrumental “Darkslide” es un batido de coco importante y “Boyzone” da un mal rollo de cojones, como si estuvieses entrando en una mazmorra de sadomaso. Pero lo más arduo aún está por llegar. Hasta la mitad de “Dress Walker”, casi fúnebre ella, no se le pilla el rollo y luego ya bajamos al inframundo con “Perpetual Village” una bestia colosal y ligeramente hedonista de nueve minutos que quizá se hace un poco larga, pero sólo por ese sonido que introducen pasado el minuto seis tras la ruptura merece la pena la espera. Y la gris y triste “Left Speaker Blown”, es el corte perfecto para cerrar este tipo de disco. Sirve además para corroborar dos cosas. Una, que Liars saben acabar los discos como Dios manda y otra, que el trío puede explorar en el futuro caminos aún más experimentales y esquizofrénicos. Esto sólo es el principio.

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