Merriweather Post Pavilion Merriweather Post Pavilion

Álbumes

Animal Collective Animal CollectiveMerriweather Post Pavilion

9.5 / 10

Animal Collective Merriweather Post Pavilion

DOMINO / PIAS

Animal Collective dominan el código. Saben en qué momento viven, y por eso este “Merryweather Post Pavillion”, que llega sin que aún nos hayamos repuesto del todo del impacto que ha dejado “Strawberry Jam” (Domino, 2007) incluso pasado un año largo de su publicación, se constata como un escalón más que el cuarteto –ahora mismo trío, tras la retirada sabática, y sin fecha de regreso fijada por ahora, de Deakin– sube en su paciente carrera de los márgenes de la psicodelia folk impenetrable al pop experimental de alcance global. Es una obra maestra este nuevo disco de Animal Collective, y nos llega a traición, por sorpresa, con el año recién abierto, sin poder haberlo previsto. ¿O sí? Los dos signos que teníamos para intuir algo así sólo podían venir de sí mismos: el “Person Pitch” (2007) de Panda Bear acentuaba el minucioso trabajo electrónico, y el anterior “Strawberry Jam”, con todo el equipo al completo, iba anunciando quizá una mayor concisión de las formas que los de Baltimore estaban poniendo en práctica. Del amasijo freeform de sonido a la canción con voces empíreas y melodías para tararear al amanecer. Hay un tercer signo, que es el secretismo con el que Animal Collective han preservado este álbum de los oídos indiscretos tanto de periodistas como de leechers. Quizá sabiendo lo que tenían entre manos. Pero también porque conocen el código.

El código es el de una década que ellos han contribuido a definir con su música, con el corazón dividido todavía en dos, un parte lanzándose abiertamente a los nuevos usos democráticos (y creativamente innovadores) de la tecnología y la otra todavía añorante de las viejas formas de consumo y aprecio de las cosas, con más pausa y humanismo. “Merryweather Post Pavillion” ha jugado con las emociones primero creando una expectación propia de un secreto de gran estudio de cine, evitando celosamente que el disco se filtrara a la red hasta pocos días antes de la salida a la venta del CD –y sólo a partir de uno de los pocos vinilos de promoción que se han repartido entre la prensa americana–, y segundo con unas canciones que tienen forma humana y vestimentas de rey. Estamos ante un disco ambicioso y meticuloso, que está definiendo una nueva manera de hacer canciones, con un sonido nuevo y una producción que no es ni dance, ni R&B, ni experimental, ni exclusivamente psicodélica, pero que tiene un poco de todo eso: fulgor de éxtasis, swing y carácter urbano, rareza en las texturas y ambición de viaje al fondo de la mente y al otro extremo del universo.

Con el inicio de “In The Flowers”, y con la continuación de “My Girls” –una canción que tiene pompa y riesgo, emoción descarnada y un trabajo clínico en la búsqueda de sonidos inéditos en el indie-rock contemporáneo, como maquinaria analógica y pedales de efectos en ebullición–, “Merryweather Post Pavillion” es la otra cara del sonido neón: sin impostura, sin vacuidad, es un disco que suena joven, optimista y profundo, que no se basa en el hedonismo de una noche sino en el amor y los lazos de una vida. Animal Collective aluden en las letras a la unión amistosa de sus componentes, a cómo este viaje de diez años lo han llevado juntos y cómo la adversidad ha reforzado al grupo en lugar de debilitarlo durante los años de incertidumbre. No hace mucho que Geologist, Avey Tare y Panda Bear eran los más raros de la escena free-folk y ahora son los reyes del indie: en el proceso, todo pudo haber saltado por los aires. Pero han resistido, han progresado, y aquí están, con el trip psicodélico más absorbente que se recuerda desde… ¿cuándo?

Feliz coincidencia: entre “The Soft Bulletin” (Warner, 1999), de The Flaming Lips, y este paso adelante de Animal Collective hay una década completa de por medio. Es una bonita imagen la que sugiere: la de los de Oklahoma abriéndole las puertas a una década nueva y pasando el testigo por la apertura para que alguien lo tomara e hiciera lo mismo diez años después. “Merryweather” extiende otra posibilidad para que, en 2019, alguien vuelva a demostrarnos que la música original no tiene fin, que las ideas no se agotan, que siempre hay alguien que le sabe tomar la temperatura a su tiempo para transformarlo. Cualquier comparación con vestigios del pasado, como Mercury Rev –tanto los de “Boces” (1993( como los de “Deserter’s Songs” (1998)–, como con las del presente –todo el downtown neoyorquino aficionado a salpicar su indie-pop de sonidos insólitos y estructuras rítmicas y armónicas maleables–, palidece ante un disco que a los pocos días de pisar la calle ya está decidiendo el destino. ¿Puntos débiles? Los tiene, pero cogidos con pinzas: su uso de la electrónica es bueno sólo en un contexto pop, y pueril si se mide con el trabajo de ciertas células de resistencia del underground dance –pero está claro que no intentan jugar en esa liga–. Otro defecto, quizá, es el desequilibrio entre encanto y excentricidad en algunos pasajes, donde los viejos Animal Collective del caos dejan su tarjeta de visita. Pero al margen de eso, éste es un trabajo que se merece todos los halagos. Lo que han hecho es demasiado importante para ser verdad.

Juan Pablo Forner

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