No Mercy No Mercy

Álbumes

T.I. T.I.No Mercy

5.8 / 10

T.I. No Mercy ATLANTIC-GRAND HUSTLE

Con la interminable lista de sucesos que han jalonado la vida de T.I. en los dos últimos años uno esperaba encontrar en “No Mercy” uno de esos discos confesionales, íntimos, valientes y atrevidos en los que un artista sumido en el más absoluto caos existencial consigue obtener luz e inspiración creativa del desastre. No hace mucho lo pudimos comprobar con Kanye West y su “808s & Heartbreak”, con Eminem y su díptico “Relapse” / “Recovery” o Kid Cudi y el fallido “Man On The Moon II: The Legend Of Mr. Rager”. Obras que capturan un momento muy específico de sus autores, un descenso a los infiernos de la depresión, por motivos muy diversos, y que en cierto modo acaban convirtiéndose en reflejos –más o menos inspirados, qué importa– de un estado mental, emocional y creativo del que se puede extraer algo nuevo, interesante o reflexivo en el marco de sus respectivas carreras.

El problema de “No Mercy” es el carácter absolutamente anodino, frío y descuidado de las letras del MC. Es como si fuera un álbum más de su discografía, sin excepcionalidad ni particularidades. Ninguna implicación emocional, ningún atisbo de personalidad, ningún rasgo diferencial que pueda darle otra entidad o dimensión a un retorno del que precisamente se esperaba mucho a raíz de los hechos que le precedían. Las expectativas en ese sentido eran altas y exigentes. T.I. escribió este disco después de su primera visita a la cárcel, por entonces sentenciado por posesión ilícita de armas, de la difusión pública de sus problemas con la cocaína y las drogas, de su humillante periplo televisivo en el reality “T.I. Road To Redemption” –el pago de trabajos para la comunidad durante su encarcelamiento– y de un nuevo incidente que le podía llevar de vuelta a prisión, como así se confirmó hace un par de meses. Si uno escucha atentamente “No Mercy” será difícil que encuentre lazos de unión con todo este periplo existencial.

Tan solo el tema titular parece entrar de lleno en esta batalla, pero desde una actitud victimista que no aporta nada sustancial al caso. La sensación general es que al disco le falta verdad, implicación y profundidad, pues la tónica de casi todas las canciones es la misma de siempre: celebración de la vida, exaltación del dinero, apología del carpe diem y ataque por sistema a haters, webs cotillas, policías y jueces. Nula autocrítica, inexistente análisis, incapacidad manifiesta para la lírica confesional e imaginativa. Ocasión despreciada para demostrar que el rey del sur también puede serlo en los momentos complicados, “No Mercy” acaba sosteniéndose y evitando un naufragio de altura gracias a la labor de los productores, elegidos a dedo y con buen criterio por T.I., grandes salvadores de este retorno y principal motivo para echarle una escucha pese a la decepción. Kanye West, Lil’ C y The Neptunes abren fuego con tres hits incontestables que llevan a albergar más esperanzas de las debidas al oyente: “Welcome To The World”, “How Life Changed” –uno de los temas del año, eso sí; aunque con Scarface de invitado no es difícil– y “Get Back Up” son, con mucha diferencia, los mejores momentos de todo el lote, aquellos que nos recuerdan al gran T.I. de los inicios y que ayudan a subir unas décimas la nota final.

Por desgracia, el bagaje musical no logra mantenerse en ese punto alto de rendimiento. “No Mercy”, con The-Dream, “Poppin’ Bottles”, con Drake, y “That’s All She Wrote”, con Eminem, tenían todos los números para convertirse en tres duetos de impacto, pero la pésima elección en los beats los oscurecen y relegan a un segundo plano en el contenido del disco. No brillan, y tanto como Eminem como Drake no se bajan del autobús en sus respectivas estrofas. Tampoco funcionan los arrebatos R&B de “Strip”, con Trey Songz, ni, por supuesto, la horrible “Castle Walls”, con Christina Aguilera, un pastiche semi-AOR que despide la fiesta de la peor manera posible. Conclusión sintomática que resume y sintetiza con creces este decepcionante “No Mercy” al que le falta ambición, personalidad, cojones y empeño y le sobra indulgencia, frivolidad y mediocridad. Ni redención, ni regreso triunfal ni tan siquiera revancha bien argumentada. Al rey le crecen los enanos.

David Broc

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