Memphis Memphis

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Magic Kids Magic KidsMemphis

6.5 / 10

Magic Kids  Memphis TRUE PANTHER SOUNDS

“Si te pone triste, entonces es mala música”, declaraban Magic Kids recientemente a la revista de moda Nylon. Algunos les girarían la cara al momento por dicha mentira, pero como reclamo para llamar la atención hacia su música la frasecita no puede ser mejor. La propuesta juvenil y jubilosa que presentan en “Memphis” rebosa policromía y sonrisas, rayos de luz e instrumentación a raudales. Gracias a esta primera colección de canciones el grupo ha fichado por True Panther Sounds, casa actual de nombres titulares como son Delorean, Girls, Real Estate y Morning Benders. Sin embargo, aunque más inmediato y accesible en principio que los lanzamientos recientes de esas bandas, “Memphis” no juega en tales ligas: ni está tan bien escrito como el debut de Girls –algo realmente difícil de superar– ni roza la madurez mostrada por Morning Benders en ese ejemplar “Big Echo” que no para de crecer. Es de recibo reconocer que, como músicos, Magic Kids cuentan con esa genial capacidad de levantar las canciones a los cinco segundos de empezadas. Mas estamos ante un grupo que todavía tiene que hacerse mayor, pensar hacia dónde quiere ir y labrarse un camino para llegar hasta allí. “Memphis” es un disco infantil en el peor sentido de la palabra: le hace a uno pensar directamente en días mejores pero (¡ay!) también en discos mejores.

Surgido de dos bandas a rastrear como son The Barbaras y Girls Of The Gravitron, el lozano quinteto grabó este disco el pasado marzo. Enseguida, su tema “Summer”, uno de los mejores del disco, fue recibido en la red como futurible canción del verano. A velocidad supersónica pero corriendo a la par el riesgo de la combustión espontánea, “Summer” les convirtió en un pequeño hype conectado inevitablemente con el recuerdo de Brian Wilson que todo el mundo se ha encargado vagamente de sacar a relucir. Los tiros van por ahí pero no del todo. Aunque nos transporten más hacia las playas de la Costa Oeste tan de moda actualmente que hacia otro sitio –guardando las distancias, pero están en la onda de Best Coast, Surfer Blood, Wavves y todas esas bandas que consiguen que pensemos en el surf sin hacer música surf– lo suyo es, básicamente, una mezcla sencillota de las esencias del baroque, el twee y el power-pop más fáciles de asimilar. Producido por Shane Stonebevk (Sleigh Bells, Vampire Weekend, Britney Spears) y bautizado con el nombre de la capital del estado de Tennessee, “Memphis” pretende refrescar la imagen bluesyque todos tenemos de la ciudad y pretende también que nos olvidemos por un momento del recuerdo grabado a fuego en su historia musical. Ya saben: Sun Records y Stax, Elvis, Jerry Lee Lewis, etcétera, etcétera.

Lo que ocurre es que su carácter luminoso no oculta del todo su coyuntura de pasatiempo pop. Asimismo, “Memphis” no muestra para nada a unos músicos de primer grado capaces de rozar ni siquiera a tan ilustres antepasados. Más bien, el recuerdo que viene a la cabeza es el de unos primerizos Of Montreal, en el sentido de banda novata rebosante de curiosidad pero deudora de carencias por rellenar. Además de recordar en filigrana al grupo de Kevin Barnes por la manera en que cocinan algunas especias Elephant 6, parecen hacerles un llamamiento directo en temas puntuales como “Superball” y “Skateland”, dos canciones que descansan en detalles que no hubieran desentonado en el inminente “False Priest”. Sección “recursos de catálogo que saltan a la vista”: la inicial “Phone” suena descaradamente al “I’m Into Something Good” de Herman’s Hermits, se tropieza con zancadillas indies tipo Teenage Fanclub en varios puntos del recorrido, y los coros de la bonica bonica “Hey Boy” tiran del recuerdo imborrable de The Langley Schools Music Project. En conjunto, “Memphis” hace gala de una coqueta visión melódica al tiempo que deja al descubierto huecos por rellenar en la mayoría de sus pliegues (falta pegamento). Está plagado de preciosistas cenefas melódicas y de corcheas en libertad, pero le faltan canciones rotundas de mayor calado que se guarden en la memoria al instante y se queden para siempre. Por eso las comparaciones que les han llovido con dioses de la talla de Beach Boys, la ELO, The Beatles y The Zombies deberán esperar: de momento a Magic Kids sólo cabe meterlos en el mismo saco que a grupos resultones y superfluos del calado de Bishop Allen.

Cristian Rodríguez

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