Memoirs Memoirs

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Rox RoxMemoirs

6 / 10

Rox  Memoirs ROUGH TRADE / POPSTOCK!

La sombra de Amy Winehouse, al igual que su tabique nasal y su catálogo de escándalos, es alargadísima. Aunque es evidente que la londinense lo único que ha inventado es el moño-piñata, su recuperación (y ligera actualización) del soul-pop más retro ha permitido que otras dentaduras femeninas con sarro sesentero pudieran asomar también el hocico en el show business y no limitaran su radio de acción al Singstar o las fiestas de cumpleaños de la prima Pepita. Y ya tenemos a varias mozas en el tapete musical viviendo sus minutos de fama mientras exprimen como pueden una tendencia sonora que, hasta nueva noticia, sólo suena legítima y auténtica en boca de Winehouse, Adele Adkins y la pánfila –aunque deliciosa– Duffy. Todo lo que se mueve por debajo de la pechera de este trío de reinas parece flotar en un mar de medias tintas que nos lleva a decir lo de siempre: “Bueno, pffffff, pues no está mal. Comme si comme ça”.

La jovencísima Roxanne Tataei es la última en alistarse a este barco de melodías sepia, una más en el camarote de las Hermanas Marx, lo que pasa es que viene con credenciales muy respetables que, de primeras, te invitan a creer en el milagro. De hecho, esta belleza londinense de sangre medio jamaicana medio iraní goza de la bendición de peces gordos como Mark Ronson o Paul Weller, y llega amparada por el título de next big thing en la siempre flamígera prensa musical británica. El buzz es tan ensordecedor como las desesperantes vuvuzelas sudafricanas, pero el ruido sobrepasa las expectativas. No es que el disco no tenga hits inapelables y bien paridos. De hecho los momentos más northern soul –más winehousescos, para entendernos– son, sin duda, las cumbres melódicas de este irregular viaje. “No Going Back” apesta a charts, tiene nervio, buen despliegue vocal, estribillo gospeliano y alegría en cada minuto: un corte redondo para ponerlo en el coche mientras te diriges a la playa a mirar tetas.

Hay pasajes que destacan también por su aura negroide, con destellos a lo Lauryn Hill –la presencia de Comissioner Gordon en los créditos de producción seguramente tiene mucho que ver–. Definitivamente, “Page Unfolds” o “Breakfast In Bed” le deben mucho a la ex Fugees tanto en la música como en las inflexiones vocales. “Do As I Say” es una deliciosa balada soul para escuchar estas vacaciones antes de la siesta; en el otro extremo del espectro emocional, encontramos “I Don’t Believe”, canción optimista a rabiar que recupera el fervor Motwon y se sitúa a medio camino entre la excelencia de las Supremes y el catch ultracomercial de Alesha Dixon. Y coronando la parte más aprovechable del LP, “My Baby Left Me”. La melodía ingenua del estribillo, con unas cuerdas de sonrisita y cara de tonto, se come la discografía enterita de The Cardigans, y lo hace atendiendo a un libro estilo muy Duffy: son los mejores tres minutos del disco.

El problema llega cuando Rox intenta ponerse trascendente y crepuscular. Es entonces cuando te enfrentas a deficientes baladas acústicas como “Heart Ran Dry” –que me corten las pelotas si no suena como los Extreme más lacrimógenos–, “Oh My” –si sale en un disco de Céline Dion no desentona– o “Sad Eyes” –parece una canción de amor teenager, por Dios–. Es una pena que la chica haya hundido la pezuña en estos manglares emocionales de tres al cuarto y que haya decidido que el reggae también mola (atención a “Rocksteady”, un horror repleto de tópicos jamaicanos que da hasta cierta vergüenza ajena). En esta tesitura, resulta difícil decir si el disco es aceptable o se acerca a malo: está ahí, ahí. A mi modo de ver, con Amy Winehouse desaparecida en combate y Duffy desaparecida en el estudio, “Memoirs” es como esas revistas que encontramos en la sala de espera del médico: las hojeas, miras las fotos, pasas el rato, pero no lees un solo artículo.

Óscar Broc

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