Mejor Seguir Al Silencio Mejor Seguir Al Silencio

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Úrsula ÚrsulaMejor Seguir Al Silencio

7.6 / 10

Úrsula  Mejor Seguir Al Silencio FOEHN

El primer disco de Úrsula es de los que deberían vender con una cuchilla de afeitar de regalo: se titulaba “La Banda Sonora De Mi Funeral” (Foehn, 2001), era una especie de post-rock muy cenizo con algún sonido electrónico de adorno y mucho desarrollo instrumental slowcore, con letras deprimentes que más valía no escuchar con frecuencia por si se pegaba algo malo. Para tirarse de un puente abajo. Úrsula por aquel entonces se escribía todavía Ursula, sin tilde, ya fuera por dejadez tipográfica o para que los extranjeros no lo leyeran raro, pero en todo caso distinto a como exije la buena ortografía que se practica en Sevilla, que es donde reside David Cordero, jefe de todo esto. Y en todo este tiempo han pasado cosas: primera, que Úrsula ha recuperado la tilde, castellanizando el nombre a la vez que se internacionalizaba su sonido, cada vez más instrumental y contemporáneo, y segundo que David Cordero ha madurado por la vía de productor electrónico –un pasatiempo secundario en sus inicios– mientras se le apagaba la llama como letrista o compositor de canciones con estructura rock. En conjunto, ha salido ganando.

“Mejor Seguir Al Silencio” es disco que llega tras muchos otros en los que Úrsula por fin ha abandonado sus influencias del siglo XX para ajustarse a las del XXI. En el origen, eran Slint, Red House Painters, Codeine y otros insignes cortavenas los que más o menos daban forma a la identidad de un Cordero todavía con las migas de la adolescencia en la solapa, desorientado en el mundo y muy agradecido a sus héroes, tanto que aún era incapaz de separarse de su sombra. Pero han ido pasando por sus manos los temas de “Todo Vuelve A Ser Lo Que No Era” (2002), o los de “Autoayuda Emocional” (2005), y aunque la depresión de caballo se mascaba, o se contagiaba, era ya más por sugerencia que por obligación. Lo dicho antes: Úrsula empezaba a pasar a ser un proyecto de texturas y ambientes que no de letras lapidarias y nudos en la garganta. Antes, donde se escuchaba a Piano Magic –por ejemplo; sus referentes eran variados–, ahora se localiza más la influencia de Loscil o The Sight Below. Ya no se oye su voz dolida y mansa, que se toma su tiempo para pronunciar una sílaba. Ahora flotan aguas electrónicas calmadas en las que flota la tristeza, pero en las que ya no se observan signos de dolor incurable. Seguro que su salud ha mejorado.

Éste es un disco que, junto a los de Balago –compañero de sello, no en vano–, advierte que el post-rock patrio se ha puesto al día. No tienen nada que envidiar a material que llega de fuera, y cada uno a su manera trabajan una música autobiográfica e impresionista en la que caben vanguardia y mensaje emocional. Los discursos de Balago y Cordero no son comparables –incluso parten de fuentes ligeramente distintas–, pero han obrado la misma transición, que va de mimetizar influencias a poder dialogar tranquilamente, con la serenidad que da la experiencia, con ellas. A este “Mejor Seguir Al Silencio”, además, hay que reconocerle el sobrado trabajo de masterización –que permite que la parte electrónica reluzca más y mejor– del sueco Andreas Tilliander (Mokira), que es como el mozo que te limpia los zapatos en la terraza de un café: pule para que el sol dé mejor y el material brille más. Este disco, por tanto, no habría que venderlo con una cuchilla de afeitar. Estaría mejor que con él regalaran una almohada de plumas de oca, bien mullida, para acomodar los dulces sueños.

Alberto Lista

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