Megaflow Megaflow

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Za! Za!Megaflow

7.5 / 10

Za!  Megaflow ACUARELA

Primer ejercicio espiritual antes de abordar la escucha de un disco de Za!: no tener en cuenta nada de lo que hayas escuchado antes y, lo más importante de todo, olvidarse por completo de intentar encontrarle un sentido a lo que hacen Spazzfrica Ehd y Papa duPau. El caos de referencias, estilos y sinsentidos en el que agitan sus composiciones, como si fueran una túrmix a punto de hacer un batido de frutas y vegetales, está hecho así para despistar, incluso para joder, aunque una vez dentro de su disco todo parece tener un sentido muy extraño. “Megaflow” no es un disco para tu placer, sino una alucinación en tu cabeza para tu desconfort. No es hardcore ni post-rock, no es improvisación ni una gran broma cósmica: es una nube de cosas a punto de descargar como una tormenta caprichosa. No lo escuches con cascos; escúchalo con un tranquilizante y un vaso de agua.

Segundo ejercicio espiritual antes de abordar la escucha de un disco de Za!: este “Megaflow” incluye referencias tan privadas que no vale la pena comprender, a menos que ellos te las expliquen [nota del editor: consúltense algunas explicaciones en esta lista que nos facilitaron los propios miembros del grupo]. Es música en clave para un disco que, por supuesto, también es indescifrable, y que cuando se descifra –si es que lo conseguimos– no tiene ningún sentido más allá de la aventura. Por tanto, el segundo ejercicio espiritual consiste en volver al primero otra vez y lanzarse a la escucha sin prejuicios.

Tercer ejercicio espiritual, este para abordar durante la escucha de “Megaflow”: sin sentido del humor es imposible continuar adelante. Pero el sentido que no se necesita en absoluto es el del ridículo: más que surrealista, lo de Za! es dadá –no están solos, es una línea de trabajo que comparten, en otra onda, los también barceloneses Internet 2 en esta guerra del nonsense rock–, y es más divertido sorprenderse en diferentes partes del viaje, como en la psicodelia meets noise meets buen rollito de “Nanavividedeñaña (Marronero Style Cover)”, que preocuparse por el cariz que toman los acontecimientos. Porque el disco se pone raro, feo, original y tostón en un proceso imparable que puede agotar tu paciencia. Pero entonces se ponen tribales, o cañeros, o silenciosos, o muy chistosos, y sigues adelantes. Los títulos hacen gracia y pican la curiosidad, que también ayuda ( “PachaMadreTierraWah! #1”, “Mesoflow”, “Calonge Terrassa, Kalon-Jah! Tewra-ssah!”, etc.).

Cuarto ejercicio espiritual para concluir la escucha del nuevo disco de Za!: piensa que el que resiste gana. Piensa que es todo un patchwork infinito y que el formato en el que se mueven es el math-rock sin pies ni cabeza –lo opuesto al rollo ultra-técnico de los americanos Battles–, y que eso tiene un coste sólo para valientes. Y, sobre todo, ten en cuenta que donde de verdad te diviertes escuchando (soportando) a Za! es en los directos, porque ellos están como cabras, hay alcohol en la barra y no tienes ninguna prisa en ir a ninguna parte.

Conclusión: no les entiendo, nadie les entiende, pero me gustan.

Mario G. Sinde

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