Meet Me At The Muster Station Meet Me At The Muster Station

Álbumes

PS I Love You PS I Love YouMeet Me At The Muster Station

7.9 / 10

PS I Love You Meet Me At The Muster Station PAPER BAG

La inmensa mayoría de bandas que Canadá nos ha dado a lo largo de los últimos años se definen por su temperamento, por la feroz manera que tienen de airear su desasosiego. Ya sea decantándose por la vena multi-instrumental o por la filiación más estrictamente ochentas del indie estadounidense, la fuerza de la que hace gala la facción coronada por Arcade Fire y Broken Social Scene ha convertido al país en toda una mina de talentos. Lo demuestra el Polaris Music Prize, galardón que premia a la mejor música de allí y en cuyas candidaturas encontramos cada año a varios de los discos del momento (aunque a los ganadores de 2010, Karkwa, nadie parezca conocerles todavía). En PS I Love You tenemos a la nueva pepita de oro que extraer de territorio canadiense. Llegan desde Kingston y son dos incandescentes músicos con ganas de hacer ruido y hacerlo bien. El vocalista Paul Saulnier y el batería Benjamin Nelson también nos sirven como ejemplo a la hora de revalidar otra constante en el rock reciente: la de los dúos que se bastan y se sobran para sonar como cinco personas; y en eso, uno de los primeros nombres que vienen a la cabeza es el de unos compatriotas, los igualmente demoledores Japandroids.

PS I Love You se bautizan con el título de dos canciones históricas, una de Johnny Mercer y otra de Paul McCartney, aunque su indie-grunge al borde de un ataque de nervios no tenga nada que ver ni con el genio compositivo de Georgia ni con la abuelita embalsamada del pop británico. Basta con fijarse en el envoltorio de su debut largo para empezar a hacerse una idea de lo que nos espera dentro: la portada codificada por la nieve advierte de la ventisca que se avecina, y el título, algo así como “quedamos en el punto de encuentro en caso de emergencia” –por cierto, un verso de los igualmente pirados por lo psych Super Furry Animals–, anuncia urgencia y necesidad de ponerse a salvo. Todo cuadra dentro de esos órdenes una vez que “Meet Me At The Muster Station” empieza a sonar. Bilis amarga servida con una desbocada expresividad a base de ladridos e insultos. Una expresividad que, con todo, no es capaz de ocultar lo que el grupo ha enterrado en lo más profundo de sus canciones: romanticismo. Lo deja claro la poética sanguinolenta de “Facelove”, el tema que les dio sus quince minutos de fama en la galaxia blogger desde aquel split editado junto a la otra sorpresa canadiense del momento, Diamond Rings. Puede este ser el mejor tema del álbum y desde luego que es el mejor ejemplo de la terapia de choque que proponen PS I Love You. Atracción fatal de efectos inmediatos.

A base de riffs metaleros y explotando sin descanso la particular concepción de la épica canadiense –catastrofista en “2012”, más celebrativa en “Get Over”–, la música de PS I Love You quema como el fuego. Saulnier se deja la garganta escupiendo letras por lo general inspiradas en personajes reales y anécdotas de amigos. Nelson le disputa el protagonismo desde la retaguardia, haciendo que la guitarra y la batería suenen continuamente como disputando un sprint final. No hay tiempo para tonterías en este disco peligroso y asesino. Son apenas treinta minutos, pero insaciables, furiosos, faltos de ibuprofeno. El grupo funciona como una bomba de relojería, a pesar de una producción un tanto presurosa. Dispuestos a sortear cualquier obstáculo, los trucos los han aprendido de bandas ágiles y listas como Pixies o Built To Spill, y el resultado, un rock agrio y bien atado, conecta por igual con las ideas que maneja el expresionismo inflado de contemporáneos como Frog Eyes y Wolf Parade. Sin embargo, el carácter más desvergonzado de PS I Love You rebaja la pesada carga a digerir por el oído. Su gran destreza a la hora de manejar conceptos como los de urgencia y velocidad sirve para que la escucha de “Muster” no se convierta en un suplicio, como ocurre a veces, por ejemplo, en Frog Eyes. Por todo eso uno vibra con su arrojo y se queda deseandito de ver qué harán en su próximo álbum. Que seguro que será más alto, más fuerte y mejor.

Cristian Rodríguez

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