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DJ Empty DJ EmptyMeaningless

7.3 / 10

Si consultas la página web de Accidental, la información disponible acerca de DJ Empty es escasa: se limitan a asegurar que se trata de un productor japonés, Hiroki Mamoru, de 27 años y estudiante de arquitectura en Nagasaki que hace años se puso en contacto con Matthew Herbert y le sorprendió con una remesa de tracks que deconstruían el house minimalista en una masa informe de ruido y ritmo. El tema es que nadie ha visto ni conoce a este Horiki Mamoru de Nagasaki, jamás ha aparecido en ningún festival o club y su sonido es tan parecido al del propio Herbert –al Herbert de “Wishmountain Is Dead, Long Live Radio Boy” y “Plat Du Jour”, concretamente– que lo más prudente es trabajar sobre la tesis de que es otro alias, estrenado en 2007 con un EP furtivo y sin información, “Meaningless EP” (que, en su día, para más inri, se atribuyó también a Surgeon), que ahora reaparece expandido hasta alcanzar diez cortes de tormentoso bombeo de beats y frecuencias rasposas.

Es fácil imaginar que Herbert está en un periodo de rabiosa actividad, y en un arrebato clubber le ha dado por echar mano a este alias suyo, perdido y todavía no desarrollado, para volver a la música de baile tras muchos años de experimentos al margen del dancefloor. A su trilogía de 2010-2011 –compuesta por “One One”, “One Pig” y, signficativamente, “One Club”–, Herbert ahora suma dos títulos más, el regreso de su viejo proyecto Wishmountain, que declaró muerto en 1997, con un disco-denuncia contra la cadena de supermercados inglesa Tesco, y la reactivación de DJ Empty, que suena a house motorik, a una especie de deformación con saña del sonido primitivo del sello Kompakt. Como no hay mayor información sobre “Meaningless”, hay que suponer que es –tomando el título del disco como única referencia– un divertimento de Herbert sin mayor sentido ni intención que hacer beats de baile, pero que no se puedan bailar ni pinchar por su evidente complejidad, sobrecarga de errores y textura cancerosa. No hay indicación de las fuentes de los samples –que pueden estar hechos a partir del golpeo de un tenedor contra una placa de mármol, o con la fregona hundiéndose en el cubo del agua; puede ser cualquier cosa–, pero sí resulta relevante el sonido obtenido: violento, protuberante, irregular, una vomitona de house arrugado como un calcetín sucio, deformado hasta extremos cubistas. Muy Herbert, sin duda: material que puede sonar en una sesión de DJ, pero sólo si la pincha él. Otros tendrían problemas para cuadrar esa asimetría rítmica, esta sinfonía de equivocaciones. Cualquier dancefloor se espantaría ante este trabajo de carnicero. Es al microhouse lo que Team Doyobi al funk digital: una excentricidad.

La interpretación optimista que se puede extraer de todo esto –y sumando también “Tesco”, que se ha editado en la misma fecha que “Meaningless”– es que Herbert vuelve a pensar de una manera muy parecida a como lo hacía en su mejor época, a finales de los noventa. No es aquel Herbert que estilizaba el deep house en “Around The House” o en los vinilos de la serie “Parts” en Phono, pero tampoco el Herbert plomizo de sus bandas sonoras o el de “Scale”. Sigue siendo experimental a rabiar, pero con la perspectiva lúdica que le había faltado otras veces –hay que fijarse, por ejemplo, en “Meaningless Seven”: hoy house, hay hardcore, hay psicodelia electrónica y computer music lírica–. Y sigue siendo un extraño caso de productor electrónico con discurso de denuncia política y social. Pero ha comprendido, o eso creemos, que también tiene que haber momentos para relajarse, para olvidarse del mundo. La idea que tiene Herbert de la diversión no es que sea muy ortodoxa –“Meaningless” también te puede provocar una migraña–, pero es fácil imaginárselo con los ojos brillantes mientras grababa estos tracks, con una sonrisa maliciosa en la cara, pensados para ensayar el baile del cojo.

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