A Matter of Scale A Matter of Scale

Álbumes

Secondo SecondoA Matter of Scale

8 / 10

SOUL JAZZ

Recordemos que era en 2003 y 2004 cuando el personal andaba muy revuelto porque The Rapture habían grabado un disco que sonaba a The Cure con un beat funk y en los clubes más molones los DJs pre-posturitas ponían a LCD Soundsystem. Recordemos que todo fenómeno cultural tiene unos orígenes, y también unos outsiders. En los días en los que se comenzaba a hablar de mutant disco, también estaba ahí el suizo Radovan Scasascia dándole caña a su propio sello Dreck y aportanto su propia visión, alambicada y transformadora, del clásico groove disco. Por supuesto, y como dijo en su día Alfredo Di Stefano, la suerte va por barrios, y a los neoyorquinos de DFA y alrededores les tocó el premio gordo y al resto, o bien la pedrea o, en el mayor de los casos, una puta mierda. A Secondo, ya lo sabemos, no le tocó nada, pero eso no significa que su material no merezca más: los primeros maxis publicados en Dreck eran de un saltón y un picante de lo más atractivo, temas de baile estropeados por un uso terrorista del cut-up, del glitch y de demás deformaciones de la textura y la estructura. Secondo era a la música disco como Herbert en su día lo era al house, un inconformista que prefería retorcerle las tuercas, estéticamente, al género de su elección. Ojo: también hacía lo mismo con el ambient bajo su otro alias AM/PM. Y así lo estuvo haciendo hasta 2006, año en que la saga Secondo se detiene y resurge ahora con un álbum completo, el primero, en el que no ha cambiado ni un milímetro su aproximación al groove: patizambo, jorobado, con un ojo mirando a Cuenca y a la virulé y renovado con nuevas especias como las gruesas basslines –que pueden venir del dubstep o del minimal techno hipergrueso de gente como Dubfire, da lo mismo– y una deconstrucción del groove no precisamente derridiana. Mandando la linealidad a hacer gárgaras, Secondo descuajaringa y filtra, parchea y se mantiene en un número de bpms por debajo de 125 –Ewan Pearson estará orgulloso–, e igual que The Soft Pink Truth o los canallas del sello Hand On The Plow, hace de la electrónica de baile –en este caso de orientación disco y vagamente house– un ejercicio cubista con todos los trazos en su sitio pero al revés, como la cara de Rossy de Palma. Bueno no: buenisisisisisisimo.

Javier Blánquez

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