Master Of My Make-Believe Master Of My Make-Believe

Álbumes

Santigold Santigold Master Of My Make-Believe

6.5 / 10

Cosas que desconocíamos hace cuatro años: Spotify, Lady Gaga, Fátima Báñez, PlayGround, el escenario Llevant del Primavera Sound, el “Waka Waka”, Lana Del Rey; que M.I.A podría parecer una pija en un vídeo de Madonna; que el R&B sería fagocitado por David Guetta. En tal tesitura histórica se publicó el celebrado debut de Santi White, “Santogold”. El tiempo que le ha llevado reunir las once canciones que conforman su continuación ha servido para resolver el enredo de su nombre artístico –seguro generador de fastidiosas erratas por parte de futuros catalogadores– y para cortar el cordón umbilical que le unía artísticamente a John Hill: su nombre aparece en los créditos de sólo tres canciones del álbum.

El inicio de “Master Of My Make-Believe” no puede resultar más prometedor. La urgencia del beat de “GO!”, la primera aparición en la composición de Nick Zinner de Yeah Yeah Yeahs y de Switch en la producción, acompaña una declaración de principios que tiene más de autoafirmación que de justificación: tomarse las cosas con calma para lograr permanecer. “Do you forget my basis / Want to go long, to go long / You must go slow”, recita. La excitación se mantiene con el single de adelanto, “Disparate Youth”, una gema pop en la que White vuelve a destapar el talento melódico que deslumbró en “L.E.S. Artistes” o “Lights Out”.

Tal estado energético no volverá a repetirse a lo largo del disco, en el que la multiestilística personalidad de Santigold se diluye entre apañados números tribales ( “Freak Like Me”), reggae-pop ( “Pirate In The Water”), buenos estribillos bubblegum ( “The Keepers”, grabada junto al ubicuo Greg Kurstin) y decepcionantes muestras de fiereza como la de “Look At These Hoes”: si algo no necesitábamos saber es que Santigold no llega a la suela del zapato a Nicki Minaj en ciertos registros. Más memorables son sus momentos más calmados, donde se da rienda suelta a uno de sus grandes puntos fuertes: la balada pop con un twist. “God From The Machine”, “This Isn’t Our Parade” y, especialmente, “The Riot’s Gone” son buenos argumentos para seguir confiando en que Santigold acabará encontrando el sitio que reclama en la esquizofrénica y desestructurada escena pop actual.

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