Marnie Stern Marnie Stern

Álbumes

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8.5 / 10

Marnie Stern KILL ROCK STARS

Aislada en el ya de por sí aislado progresivo actual, la neoyorquina Marnie Stern alza su voz desde una esquina, un rincón de pronunciados ángulos al que ha llegado poco a poco, con la calma, siguiendo otros biorritmos diferentes a los habituales. Sin saber apenas nada de música, comenzó a ensayar con la guitarra en plan burro pasado el instituto, primero practicando una o dos horas al día y luego hasta cinco y seis seguidas. Marnie no quería aprender imitando a nadie sino explorando por sí misma, sin descanso, cómo trenzar esas seis endiabladas cuerdas de la manera más enrevesada posible. Obstinada y mostrenca como es, no paró hasta definir un sonido propio y enseguida empezó a mandar demos a Kill Rock Stars, también sin respiro, un año tras otro, hasta que los del cuartel indie la ficharon. Para empezar, ya se observa en estos comienzos algo decisivo: que el método Stern no es el de la sofisticada aprendiz de guante blanco de “Marnie, La Ladrona”, sino más bien el de una especie de “Yo Soy La Marnie” dirigida por Bigas Luna, guarrota e imparable hasta que no consiga ponerse el mundo por montera y comérselo a bocados.

Una burrada así, un arrojo semejante, sólo podía desembocar en algo que podría tacharse de indie-metal. A los treinta, como una bienvenida veterana, Marnie comenzó a plasmar ese estilo en discos de agresiva ejecución como “In Advance Of The Broken Arm” (2007) o su breakthrough, el torrencial “This Is It And I Am It And You Are It And So Is That And He Is It And She Is It And It Is It And That Is That”, una bomba incandescente superior en fiereza a los otros dos noticiones rock de aquel 2008: “Nouns” de No Age y “Dear Science” de TV On The Radio. La rubia tardó sus años en conseguir todo eso pero aún hoy queda la sensación de que no se ha hablado de Marnie todo lo que se merece, de que no se le ha recompensado todo su esfuerzo. Insoportable para muchos, imprescindible para otros, se le cataloga desde entonces como un animal en vías de extinción, la más afilada punta de lanza femenina que alza la voz en territorio progresivo. Muy por encima de ejemplos como Screaming Females –a su lado, unas inofensivas alumnas de The Strokes– o Andrea Zollo –al frente de los demasiado kitsch Pretty Girls Make Graves–, la de Marnie es una personalidad atronadora, de mujerona enfrentada trágicamente a su guitarra; una figura que escasea desde que Sleater-Kinney decidieran jubilarse con “The Woods” –por cierto, saltan chispas suyas en “Building A Body”– y PJ Harvey echarse la siesta de la madurez –busquen a la antigua Polly en “Transparence Is The New Mystery” y la encontrarán–.

Más nombres propios a su lado. Matthew Flegel, también en Women, es su bajista y su novio. La mezcla correosa a cargo de Lars Stalfors ( Mars Volta), y Zach Hill, de Hella, uno de los baterías más poderosos del momento, le secundan como escuderos. Junto a ellos, nuestra protagonista vendría a ser la incómoda pero necesaria conexión, la bisagra, entre grupos como los citados Hella o los mismísimos Lighting Bolt, y ejemplos de enfoque más “pop” tipo Deerhoof o Ponytail. Desde ahí, y sabiendo que es la mala de la película, la loba se puede permitir hasta defenestrar a la princesa del pueblo indie, Bethany Cosentino. Marnie saca a relucir sin miedo todas sus armas, siendo la más importante una guitarra que hace las veces de clítoris bien erizado como en los tíos –dicen– ese instrumento cumple el papel de falo.

Impresionista e impresionante, “Marnie Stern” es lo más cachondo que le ha pasado al rock clásico recientemente. No sólo uno de los mejores discos de guitarras que escucharemos este año junto al “Expo 86” de Wolf Parade, sino también su trabajo mejor equilibrado y el que potencia más claramente sus habilidades compositivas. Menos cubista e igual de psicótico que “This Is It...”, en él ruedan obuses rock en forma de grandes bolas de fuego, a lomos de guitarras totales y picantes baterías. Marnie ya tenía la técnica y ahora, además, se resarce aireando todo lo que lleva dentro al rojo vivo. Hay atajos inesperados, un mayor contraste en el tono y un virtuosismo más brillante en tanto que más contenido. En realidad, sólo basta con un vistazo al disco por encima para darse cuenta: el título homónimo lo dice todo, la apertura con “For Ash” es majestuosamente dolorosa, la portada con su habitación a base de pinceladas salvajes: como Van Gogh, aunque con mejor oreja, Marnie se desvive por su arte y continúa aprehendiéndolo, ensayándolo, desarrollándolo justo enfrente de nosotros, primitiva siempre. Ahora sólo queda que la parroquia indie no salga por patas: cuando estamos ante un temperamento así lo mejor es correr con todos los riesgos.

Cristian Rodríguez

Marnie Stern - For Ash

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