Margins Music: Redux Margins Music: Redux

Álbumes

Dusk + Blackdown vs. Grievous Angel Dusk + Blackdown vs. Grievous AngelMargins Music: Redux

8.3 / 10

Dusk + Blackdown vs. Grievous Angel  Margins Music: Redux KEYSOUND RECORDINGS

Si no hubiera sido porque el dubstep, como sonido y como escena, había ya empezado su transformación hacia “otra cosa” con el “Untrue” (2007) de Burial, el polícromo “Margins Music” de Dusk + Blackdown tendría que haber significado la cima creativa y, sobre todo, ética del estilo. Partiendo de la premisa que tantos adalides y rimadores con ganas de gresca sueltan cada dos por tres – “it’s a London ting”; es decir, esto es un asunto londinense hasta las cachas–, el esfuerzo conjunto del periodista, bloguero y vigilante del gremio Martin Clark (Blackdown) y el productor Dan Frampton (Dusk) iba en la dirección de londresizar todo el dubstep, construir un disco que fuera una postal, un mapa o un ensayo antropológico de la ciudad a partir de una de sus más dichosas creaciones sonoras. Y eso implicaba no quedarse en los adolescentes de pelo corto y hoodie de raza blanca, ni en los chicos malos con alpargata en la boca de piel negra, sino en resumir en un solo álbum todas las etnias de Londres y que hacen de las orillas del Támesis y lo que hay más allá una ciudad única, caldo de cultivo inmejorable para la música, así como de todas las influencias que han ayudado a dar forma al episodio más sonado del contínuo rave en esta década. Por tanto: no sólo rappers negros, sino también paquistaníes y orientales, y no sólo dub grueso y electrónica metalizada, sino también elementos exóticos de India y citas al techno de Detroit. Aquel “Margins Music” –la música de la periferia, que es el Londres completo y superpiesto– no se acabó de entender del todo bien y no es el clásico que merecería ser. Quizá porque explicado se entiende mejor que cuando suena sin una nota al pie de página. Pero lo mismo ocurre con “La Divina Comedia”, así que no hay excusa.

Lo único que le podía faltar a aquel disco era concreción: como Londres, era extenso y cambiante, un viaje por barrios y paisajes en los que la única unidad de concepto era la idea de la ciudad y su influencia. Pero, en lo sonoro, era un cambio dinámico que iba del grime del Indostán ( “Kuri Pataka”) al techno de Portobello ( “Focus”). “Margins Music: Redux” lo que busca, en cierto modo, es darle una cohesión de ritmo y textura al álbum, para que sea el mismo pero diferente, más duro, más de club y menos de ensayo de cultural studies para una universidad de ideología progresista. Martin Clark, que se conoce los entresijos de la escena dubstep del mismo modo en que Jesús Mariñas se conoce los del famoseo, ha pensado que el hombre idóneo sería Grievous Angel, uno de los últimos especímenes puros del dubstep en esta época de transformación –bajo gordo, cajas chasqueantes, minimalismo rítmico y en la decoración, tenue capa de bruma, como se hacía en 2005– pero a la vez lo suficientemente imaginativo como para decorar las bases secas con una suave sensación psicodélica a base de voces, notas de koto y otros samples exóticos y algo fantasmales.

El sigiloso productor de Sheffield, pues, del mismo modo en que Mad Professor hiciera en 1995 con el “Protection” de Massive Attack, remezcla de cabo a rabo un “Margins Music” al que él le aporta la distancia –Londres es el sur y el multicultural; Sheffield es el norte e industrial– y la aplastante uniformidad como para convertir la experiencia en tóxica en lugar de turística. Y no sólo remezcla pieza por pieza, sino que reordena, reconstruye la secuencia para que el nuevo sonido cobre una lógica diferente. El final ya no es el viaje techno de “Focus”, sino “Keysound Rain” –más una coda de melancolía futurista distópica, al estilo de “Blade Runner”– que sugiere una moraleja distinta a la del álbum original. Si aquel, después de hacer la ronda por la periferia de Londres, sugería que justo después había que salir fuera y expandirse al mundo, o al cosmos entero, este “Redux” reafirma la condición local de Londres, refuerza sus constantes, se siente orgulloso de ellas, e indica que sólo en lo particular se puede aspirar a la universalidad. Sea como fuere, es un esfuerzo encomiable saldado en un audio sobrio, solemne, que golpea el corazón y sume en un tenso letargo: si decíamos que Joy Orbison es Burial con brillo, Grievous Angel es Shackleton con la luz de las farolas a medianoche. Si lo que conocimos como dubstep no fuera hoy la explosión de variantes que tenemos ahora, su presente podría ser perfectamente algo así.

Javier Blánquez

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