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Graciela Maria Graciela MariaMany Places

7 / 10

Graciela Maria  Many Places PROJECT:MOONCIRCLE

Seis de la mañana. Te aflojas la corbata. Miras al infinito y sonríes. Un camión de limpieza riega las aceras. Manos en los bolsillos. Sonrisa que dice “lo aposté todo al rojo y salió negro, pero diablos ha valido la pena ¿no?”. Buscas el iPod mientras apuras el pitillo y con la otra mano te subes el cuello de la americana. Es el momento de poner Graciela Maria, es el momento de los suspiros y de que empiece a llover. Esa voz, esos violines, esos arreglos otoñales, ahhhhh…

Aunque sus vínculos con la electrónica se sitúan en la asociación con el beatmaker cósmico Robot Koch –compartieron tracks en algunos de los discos del berlinés y alguna que otra gira–, la cantante mejicana se distancia en su debut en solitario de las maquinitas y los bleeps, aportando al tablero de juego un sonido mucho más orgánico y accesible a paladares de toda índole: beat freaks dillaístas, indietrónicos sensibleros, publicistas amantes del nu-soul, modernos de última generación, nostálgicos de Portishead “Little White Shoes” es pura halitosis bristoliana– e incluso seguidores de Duffy y similares se sentirán comodísimos en este colchón nebuloso de música retro-futurista.

La historia tiene un argumento muy sencillo: Graciela quiere forjar su propio sonido –aunque sea de nuevo con la ayuda de su mecenas Robot Koch, que le produce el álbum junto a Sneaky (del grupo de culto Fingathing)– y decide ubicar sus gorgoritos de soul lloroso en un contexto de instrumentación terrenal. Así pues, la chica abriga su embriagadora voz y sus relatos viajeros –supongo que de ahí el título– con una sinfonía nocturna de chelo, violín, doble bajo, batería y otros apliques artesanales.

Los bordados electrónicos resultan anecdóticos, aunque apreciables en mayor intensidad en tracks concretos. “Nothing Safe” –con frecuencias de jazz estilo Flying Lotus–, “Through The Night” –dubstep paquidérmico– y la maravillosa “Underwater” son las aproximaciones más claras al futurismo digital kochiano. El resto del álbum discurre a media luz, con desarrollos de future jazz y modern soul que se ajustan cual jersey de cashmere a las curvas vocales que Graciela dibuja con labia perezosa y mucho candor: cortante en “Magic Bus”, profundamente conmovedora en “Many Places”. Qué queréis que os diga, si no os derretís con los versos en castellano de “Sirius” es que tenéis sangre vulcaniana en vuestras frías venas. Como diría Robert Smith, si hoy es viernes estoy enamorado.

Óscar Broc

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