Many Faces LP Many Faces LP

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Machinedrum MachinedrumMany Faces LP

8.6 / 10

Many Faces LP Machinedrum LUCKY MELa música que incluye “Many Faces LP” –que en realidad no es ningún LP, sino un EP de extensión pantagruélica con seis tracks originales y una remezcla– se supone que está dirigida a conseguir una reacción física con la piel como primera puerta de entrada, pero lo primero que hace el disco es obligar a pensar. Se salta el cuerpo y va directamente al cerebelo. Despierta recuerdos y reflexiones, dispara las endorfinas, se sitúa en un plano abstracto en el que, por ejemplo, uno cae en la cuenta de que se está echando de menos desde hace bastante tiempo una IDM capaz de hacerte levantar de la silla y querer a ir invadir Polonia. Es esa IDM tan meticulosa en el detalle y tan bruta en el guión que, salvo excepciones, se produce poco porque hace falta gente con agallas para meterse en estos terrenos espinosos: Clark, FaltyDL y no muchos más. A Travis Stewart, un secreto bien guardado en NY, le favorece su currículum: Machinedrum fue uno de aquellos primeros artistas en llamar la atención del sello M3rck, de los primeros en enlazar la IDM europea de la escuela Rephlex / Warp con una idealización compleja del hip hop de los peores barrios. A él le ocurrió que los laureles se los colocamos a Prefuse 73 y su cohorte, pero desde 1999 Travis ha venido probando combinaciones raras y sacando de las tripas de su equipo un sonido que tiene alma, resplandor y grasa. Un sueño húmedo para cualquier adicto al braindance.Antes de que “Many Faces LP” dirigiera la atención sobre Machinedrum, el sello de Scuba, Hotflush publicó el debut de Sepalcure , “Love Pressure EP”, en el que Stewart y su amigo Praveen –otro actor secundario de la escena IDM internacional con hambre de demostrar su talento– se apuntaban al modelo de future garage sugerido por Joy Orbison: un estreno consistente, pasional, que destacaba en la precisión y la manía detallista de la producción. Geek adicto al dubstep, Machinedrum tenía que acabar desembocando aquí: el disco que nos traemos entre manos es un recuento de varias sub escenas del underground, la mayoría conectadas con el gueto o la escena urban, sobre las que él aplica su dominio científico de la producción con la precisión de un oftalmólogo operando con láser. Abundan los samples de voz acelerados a la manera de Kanye West en “Sakatak” y “Mean Mean”, pero además de hip hop soulful la baraja de influencias llega hasta el nuevo juke house de Chicago, al ghetto-bass de Detroit, al dubstep radioactivo de sellos como Night Slugs –al final de todo, Bok Bok remezcla “Carry The Weight”– y varias antigüedades de las ruinas que todavía se deben encontrar por los pastos de Europa de cuando la locura rave estaba efervescente y desmadrada: hay eurobeat, hay truculentos riffs de hardcore como los que conseguían que la cabeza se convirtiera en una enorme central eléctrica desenchufada; hay, en definitiva, una orgía de detalles –fuego cruzado de basslines, de breaks, de voces, de ruidos, de notas primorosas– que, volviendo al principio de todo, consiguen asombrar más al pensamiento que a los pies. Porque es una orgía piramidal, bien dirigida, lógica de principio a fin. No cualquiera puede conseguir estas cosas.No se puede comparar lo primero de Machinedrum, cuando era el hombre de futuro de M3rck –y aún así, siempre tuvo más fama Proem, quizá porque Proem supo ser más ortodoxo que Travis–, con lo que hace ahora que le ha captado para su causa el sello de Glasgow Lucky Me, pero esta evolución actual significa un asombroso paso adelante en su proyecto sonoro. Todo lo que lleva él dentro de su cabeza es ahora, a sus 28 años, cuando ha acabado ocupando un lugar ordenado en el desbarajuste de sus neuronas: los dos bloques de influencias –la macarra y callejera a un lado; la pulida y burguesa en el otro– dialogan por fin sin ningún tipo de barrera física entre ellas. “Sakatak” podría ser una buena base para M.O.P. si en vez de chillar como gorilas intentaran rapear con flow –digamos, por tanto, que sería la base que entregaría Just Blaze para un proyecto en Warp–, mientras que “It’s That Bass” rinde homenaje a todos los excesos de la bass music británica –precisando aún más, la parte más rave de la comunidad post-dubstep– que debe estar llegando a su disco duro vía download de promos: se relame en el wobblestep, escupe grumos de acid, abruma con obesidad rítmica y mórbida. Todo eso continúa en parámetros muy similares con ese DJ Assault meets Aphex Twin que es “Lemme F*ck It” –con voz de MC orondo al que sólo le falta decir frases-cliché del tipo “player haters in this house”, “let me see your pussy” o “move that ass”– y mucho homenaje a sellos como Dancemania, Cajual y otros punto de actividad frenética del viejo house de Chicago. Este disco de Machinedrum, en conclusión, es un maravilloso resultado del diálogo transatlántico entre Estados Unidos y UK, allí donde el futuro del wonky beat (Lucky Me) se encuentra felizmente con el hijo pródigo de la IDM bailable. Javier Blánquez

Machinedrum - Sakatak

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