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Michael Mayer Michael MayerMantasy

6.7 / 10

Lo de la Mayer es muy fuerta. Se pasa ocho años sin publicar un álbum y le da por titular al nuevo “Mantasy”, una elección que parece tomada con sorna por lo manta que es como productor. Bromas aparte, es justo fruncir el ceño ante un nuevo lanzamiento de Michael Mayer, por lo poco que se ha prodigado en ese plano. Si hacemos un balance rápido a su cosecha comprobamos que es bastante pobre si dejamos al margen proyectos paralelos más o menos conocidos como Supermayer (junto a Superpitcher, con quien llegó a lanzar un más que digno álbum y algunas remezclas para el recuerdo) y Forever Sweet (cuya “Bleed” tantas noches ha hecho llorar a servidor de emoción y por el que se dejó la piel para conseguir el vinilo planchado por la subsidiaria de Kompakt Forever Sweet). Por su cuenta podemos rescatar un par de maxis, “Pensum” y “Speaker”, y ese Speicher que es su verdadero y único himno, “Love Is Stronger Than Pride”. Ya más tarde, en 2004, llegó su estreno en largo, el insatisfactorio “Touch” (reconocido hasta por él), un LP que más bien podría considerarse como una colección de singles más alguna pieza inédita que un álbum propiamente dicho. Vamos, una manera más de aprovechar su tirón como DJ, más enlatado que en clubs, con joyas como el “Fabric 13” o el primer “Immer”. Desde entonces, poco o nada. Por eso este “Mantasy” se puede interpretar de un modo parecido al debut. Ahora que la discográfica de Colonia vive horas bajas, alejada de los focos de la electrónica de baile contemporánea después de años de un reinado casi tiránico, su capo intenta volver a subirse al carro del éxito para ver si el destino le tiene deparada una segunda oportunidad como músico.

Desde la nota de prensa de este lanzamiento queda claro lo que se había señalado más arriba, que “Touch” se hizo en unas pocas semanas, lo que en palabras de su autor, “se puede oír”. Así, para “Mantasy” decidió ser más metódico, tomarse su tiempo (en total, unos siete meses) y no andarse con prisas, algo que apunta que no fue nada fácil teniendo en cuenta su apretada agenda como DJ y capo de uno de los sellos más activos del panorama electrónico. El título de este nuevo álbum se refiere al “escapismo de un viaje cinematográfico hacia lo desconocido” y en particular, una suerte de homenaje a Fernando de Magallanes. Pero, ¿emprende este LP tal viaje? La respuesta es sí y no. Se puede establecer una división clara entre los dos vinilos que conforman el disco. El primero es mucho más estimulante y hasta cierto punto arriesgado que el segundo, que ofrece una serie de sonidos ya demasiado conocidos.

“Mantasy” abre formidable con “Sully”, una estupenda pieza de ambient planeador que a buen seguro responde a esa influencia por la música de bandas sonoras que se dice haber nutrido este trabajo. Un hecho que también se palpa en “Voigt Kampff Test”, cuyo título los más cinéfilos pillarán al vuelo pues, en efecto, es un homenaje a “Blade Runner”, aunque recuerde más a las BSO de las películas de John Carpenter. El tema es de los más flojos porque evoca en demasía a esos trallazos techno con salpicaduras trance que se marcaba Reinhard Voigt hace diez años en la serie Speicher, con ese zumbido/sonido de serrucho tan característico. “Lamusetwa”, con unas melodías dulces y de fantasía (como si quisiesen emular esos paisajes oníricos y bucólicos que dibujan en su música Boards Of Canada y otros genios de la IDM), sonidos robóticos y beats rotos cae del lado bueno del LP. Como todo buen álbum de productor de electrónica, no podían faltar los instrumentos orgánicos, y estos hacen acto de presencia en “Wrong Lap” en la forma de un resultón bajo funkoide. Son estas tres primeras canciones una manera idónea para crear ambiente, entran muy bien una detrás de otra y hay una coherencia narrativa en la secuenciación que se aplaude. Pero lo serían mucho más si estas buenas vibraciones no se interrumpiesen con el tema titular, un número de disco cósmico con aquellos sintetizadores trance tan marca de la casa y que algunos ya aborrecimos hace unos años. El asunto se salva porque, de nuevo, Mayer demuestra que de crear melodías envolventes sabe un rato y, qué demonios, seguro que el track reventará la pista en sus sesiones, camiseta imperio mediante. En el ecuador de “Mantasy” se encuentra la graciosa, estrambótica y fantasmagórica “Roses”, una acertada relectura del emotechno de gente como Lawrence o Tobias Thomas.

De hecho, el segundo vinilo no empieza nada mal, con una “Baumhaus” embellecida a base de cuerdas y cantos de pájaros que la acercan a ese territorio de bailes-con-lágrimas-en-los-ojos que tan bien sabía manejar Richard Davis. Pero la recta final, además de “Voigt Kampff Test”, cuenta con ideas o bien manidas o pocos desarrolladas, como sería el caso de una “Rudi Was A Punk” con un buen sentido del ritmo, pero que parece que esté a medio cocer y dura el doble de lo necesario. “Mantasy” termina con “Neue Furche”, un homenaje a uno de los sellos preferidos de Michael Mayer, Nu Groove, que tiene más de BPitch Control circa 2003 que de otra cosa, y “Good Times”, un himno piano house hedonista con voz de Jeppe Kjellberg de Whomadewho que no cosecha tan buenos resultados como otras relecturas contemporáneas (John Talabot, por ejemplo).

Con total sinceridad, “Mantasy” es bastante más de lo que cabría esperar visto los antecedentes. Aunque es una verdadera pena que no haya aprovechado esos siete meses de trabajo para dar con mejores resultados. El álbum es diverso y a ratos ameno, pero todo lo que tiene de atrevido en la primera mitad, lo pierde en un tramo final algo anodino.

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